Opinión

Bajo la lupa de Jonathan Jakubowicz

Alicia Freilich

Venezolano, premiado en festivales mundiales como guionista, director de Secuestro Express (prohibida en su país) y Manos de Piedra, Jonathan Jakubowicz es el autor de la novela-thriller Las aventuras de Juan Planchard (Epicentral Studios, EE UU, noviembre 2016).

A principios del siglo XX la figura de Juan Bimba descalzo, con sombrerito de cogollo y escondido trozo de pan era símbolo del hambriento, triste, palúdico y mudo pueblo sometido a la tiranía gomecista. A un siglo de distancia, el narrador en primera persona, este Juan Planchard, elegante, tronado, parlanchín y feliz, repleto de cocaína en dólares y su polvo blanco de traficante, lavador y consumidor, es el ícono de la revolución chavista, casta de oligarcas y burguesías nuevas que gozan su trono. Mientras, la oposición oficialista pide otro seguro comicio fraudulento para negociar las gobernaciones de Zulia y Lara entre otros acuerdos que zapatean para su lado.

Y la chavecracia bien, gracias. Dueña de todas las minas, a punto de liquidar por fin a las clases medias profesionales, técnicas y de oficios, bajo cruel comando de un generalato cuya función central es enriquecerse y facilitar el retorno definitivo del esclavo Juan Bimba hoy en cola, cerro, comuna, ruinoso apartamento estadal, milicia, colectivo, guardia, organismo policial y carcelario, todos listos desde su infancia para fichas de un lento genocidio que los cría, utiliza y ejecuta. ¿Alguna diferencia actual entre altos mandos y bajos fondos?

Lo crucial en este relato tragicómico, de suspenso bien dosificado, radica en el modo como J. J. sigue la pauta de un libreto fílmico, no interviene ni critica al protagonista, lo suelta y desnuda con su cámara, permite que Juan se haga una total autofotografía incluida la compasión por sus decentes y modestos viejos, tan forjados en valores de las clases medias durante la breve democracia: el padre, profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela y la madre, tradicional ama de casa, antichavistas que alertan al hijo sobre su rojinegro futuro. Esa distinta breve pausa retrata por contraste cómo surge y crece el huevo de la serpiente totalitaria cotidiana a través de la venenosa ambición por disponer de una multimillonaria riqueza nacional inmediata, malhabida, facilita, no trabajada, ladrona y criminal en términos de amoralidad, fundadora de la nueva derecha milicivil perversa, fratricida, de jerga vulgar y hábitos procaces, claro, siempre en nombre de su presunta ideología zurda. Populismo neto explotado y exportado en traje militar, flux, a veces guayabera, mucho smoking, jets y yates privados, mansiones, casinos y prostíbulos finos, locales y foráneos sitios de lujo, pero siempre y por si acaso, en su ropa interior, una franelita con la sagrada imagen salvadora del asesino Che Guevara.

En contrario, una diáspora honesta, ya va por 2 millones y medio, huye como sea de cárcel, fosa común, cementerio, miseria y con sacrificio sobrevive las enormes dificultades del proceso migratorio.

Filmar en letra el crónico resentimiento revolucionario, patológico, insaciable, registra para la historia académica tramas que además pueden originar una exitosa serie televisiva de vasta proyección.

Así, la comunidad internacional, entretenida por el talento creativo de este experto cineasta, podrá conocer a fondo, en cuerpo y mente, al chavismo estatal, para nada bolivariano, del todo bolivarista.