Opinión

Ante el caos, más oposición

Pedro Luis Echeverría

La opinión de

Las delirantes peroratas, acompañadas por una sardónica sonrisa, que vocifera a diario Nicolás Maduro, una vez más hacen patente que en Venezuela se confrontan dos visiones de país: la primera, histórica e intelectualmente agotada; social y políticamente inviable y, especialmente, profundamente autoritaria, ineficiente, corrupta, injusta y excluyente. Esta visión pretende construir una sociedad totalmente controlada por el Estado sobre la premisa que limitar y adocenar el crecimiento individual es fundamental para alcanzar una utópica sociedad de iguales. En esa visión, al ser humano se le niegan los derechos a su libre albedrío, progreso y bienestar individual. 

La segunda se fundamenta en la construcción de una sociedad nueva, moderna, democrática, inclusiva y plural, orientada a superar la deuda social acumulada durante todos estos años; pero sobre todo busca darle preeminencia al impulso creador de cada venezolano y a su participación en la construcción de un país y un futuro mejor.

Sin lugar a duda esas dos concepciones acerca del país que queremos tener, colocan el debate político en una disyuntiva histórica sobre cuál es la más conveniente y deseable, puesto que el predominio de una de ellas marcará nuestro futuro y el de nuestra sociedad. Se trata entonces de dirimir, de una vez por todas y transitando distintas vertientes y estrategias, la controversia entre una visión comunista de modelo social o una que proyecte el emprendimiento individual y el bienestar colectivo como premisas fundamentales para alcanzar la modernidad y el crecimiento de nuestras perspectivas como país.

Los opositores, más allá de la MUD y de otras organizaciones disidentes, enfrascados en la discusión sobre las estrategias y acciones por seguir y adoptar, estamos fundamentalmente comprometidos a construir un país mejor: democrático, inclusivo, plural, tolerante y vigoroso. Hemos asumido un compromiso explícito de poner en práctica, en su oportunidad, aquellas políticas y acciones que potencien las competencias y capacidades de los individuos, y que permitan al ciudadano identificar sus oportunidades en cualquier ámbito, ocuparse de ellas y gestionar libremente diversos recursos con la finalidad de desarrollar soluciones factibles, perdurables y competitivas, en un marco ético de compromiso con el desarrollo y el bienestar colectivo.

Se busca la realización individual y social. Dentro de este paradigma la ejecución de los planes de vida individuales es un requisito o condición esencial para el desarrollo de la nación. En este paradigma procuramos que los individuos sean capaces de cumplir su propio destino, con la suficiente fortaleza moral para comprometerse con realizaciones que beneficien a nuestra sociedad como un todo.

Esa es la propuesta opositora, múltiple en sus orígenes y procederes, pero unicolor en su objetivo de salvar la República como un imperativo imposible de soslayar y por eso asocia, con la premisa de la unidad, tantas capacidades, talentos y conocimiento. Representa una alternativa sólida, confiable, racional y patriótica, concentrada en los temas centrales con vistas al futuro y para liberarnos de los desvaríos populistas y autoritarios que enriquecen a unos pocos y hunden en un pozo sin fondo a toda la nación. Es el rescate del mérito, la constancia, la decencia y el manejo pulcro de la cosa pública.

Nos estamos jugando el futuro y en eso no puede haber dudas; hay que luchar denodadamente, sin pedir ni dar cuartel, para erradicar de nuestra nación una forma de concebir y dirigir la sociedad que paulatinamente nos ha venido despojando de lo que fue nuestro presente e hipotecando el futuro. El desquiciado proyecto del socialismo del siglo XXI lo único que nos ha proporcionado son desequilibrios, miseria, dolor y desesperanza.

A pesar de la controversia creada por el fraudulento resultado de las elecciones regionales, la oposición responsable e inequívocamente sigue firme en su empeño y compromiso de poner fin al autoritarismo, a las arbitrariedades, a la corrupción monstruosa y a los desatinos de quienes, por ahora, mal conducen al país. La lucha por una Venezuela digna y con futuro, continúa.