Opinión

Año 2016 y el colapso de la salud en Venezuela

Desde hace tres años la debacle en el sector salud ha sido de manera progresiva y acelerada. A partir del año 2014, diferentes organizaciones reconocidas y de gran trayectoria en el área de salud junto con expertos en políticas sanitarias pronosticaban la situación catastrófica que se iba a presentar a corto y mediano plazo. En aquella oportunidad manifestaron de manera pública y responsable, además con argumentos de base, que estábamos en presencia de una crisis de salud muy alarmante, la cual adquiría la connotación de humanitaria. Ya estaban en riesgo la vida de los pacientes por inadecuada atención en los centros de salud con relación al desabastecimiento de materiales e insumos. La salud en 2014 entró en una fase de emergencia pasando de manera rápida a terapia intensiva; a finales de 2015 ya había un punto de quiebre en dicho sector y en este año 2016 pudiéramos afirmar que se inició el colapso de la salud pública con preocupación de extenderse al sector privado, el cual incluso ya se encuentra afectado. Cada año, el balance de salud, sobre todo en el sector público con respecto al año anterior, es más negativo y preocupante. ¿Cuáles fueron los aspectos más resaltantes que marcaron el año 2016?

En primer lugar, el desabastecimiento de medicamentos, materiales médico-quirúrgicos y métodos de diagnóstico se profundizó durante todo el año. El sector farmacéutico afirmo que el déficit de medicinas alcanzó 85% o quizás más. Esta escasez abarca medicamentos esenciales y de alto costo. Esto ha causado un gran impacto en la salud de todos los venezolanos, sin excepción, tanto en enfermedades agudas como crónicas. Ud. recorre la red de farmacias y prácticamente no encuentra la medicina indicada, la cual pudiera ser desde un simple analgésico, antibiótico o algún fármaco para el tratamiento de la hipertensión arterial o diabetes, por ejemplo, dos de las enfermedades más frecuentes sobre todo en la edad adulta. Este año, los pacientes crónicos alzaron su voz de manera desesperada y contundente, ya que prácticamente no consiguen el tratamiento que les pudiera garantizar su vida. Con relación a los insumos, el paciente tiene que llevar la mayoría de los materiales que requiere para ser atendido en los centros de salud públicos, si los consigue. La falla de reactivos para exámenes de laboratorio y la inoperatividad de los equipos de imágenes de diagnóstico también se acentuó durante el transcurso del año. Reiterando que, sin diagnostico no hay tratamiento.

La crisis hospitalaria se mantiene de manera permanente, también en este año se exacerbaron las condiciones precarias en los centros de atención pública. El deterioro progresivo en su infraestructura es muy alarmante y está en relación con la falta de mantenimiento preventivo y correctivo, lo que ha ocasionado el cierre de servicios en lo referente a la atención hospitalaria. El número de camas operativas en los hospitales, sobre todo los que dependen del Ministerio del Poder Popular para la Salud, disminuyó de manera alarmante. El cálculo aproximado es de solo 19.000 camas operativas o habilitadas para el uso las 24 horas del día, a escala nacional. Cada año que pasa este número disminuye con respecto al anterior.

No puedo dejar de mencionar el incremento de la tasa de mortalidad infantil, de 14,8 aumentó a 18,6 por cada 1.000 nacidos vivos (NV), 80% corresponde a muertes neonatales y la tasa de mortalidad materna de 70 pasó a 130 por cada 100.000 NV. Venezuela está muy lejos de reducir estas cifras. Estos dos aspectos están incluidos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas. Compromiso adquirido en 2015 por los países miembros, siendo nuestro país uno de ellos.

Otro aspecto que se suma a este balance está relacionado con la situación epidemiológica nacional. Dos enfermedades han demostrado el fracaso de las políticas sanitarias en Venezuela. La malaria, la cual ha colocado a nuestro país en una situación de vergüenza y atraso en materia de salud pública, en América Latina y en el ámbito mundial. Las proyecciones de expertos indican que este año culminará con un aproximado 250.000 casos, y la difteria, enfermedad que había sido erradicada, reaparece de manera alarmante. La Sociedad Venezolana de Salud Pública calcula una incidencia de 350 a 500 casos en 6 estados del país. Esta última refleja el gran fracaso en la cobertura vacunal, pilar fundamental para prevenir este tipo de enfermedad. No obstante, el silencio oficial remató este año al no publicar ningún boletín epidemiológico, lo que no hace desde julio del pasado año. El desconocimiento de esta crisis por el gobierno sumado a su ignorancia en las políticas de salud, indolencia y la obsesiva negación de aceptar ayuda humanitaria a través de mecanismos de cooperación internacional han desencadenado tristemente el colapso de la salud en Venezuela.