Opinión

Alerta inequívoca y compacta

¿Cuánto puedo agregarle en este escrito a lo que ya el país palpó en la noche del domingo? Los números son elocuentes aunque no inesperados, la enormidad de la protesta ciudadana está ya consignada para hacerle ver a quienes nos gobiernan que Venezuela, a nivel de todas sus clases sociales y en la escala de toda su geografía, quiere un cambio. La Fuerza Armada del país tiene un mandato transparente y contundente de la ciudadanía en cuanto lo que los venezolanos aspiran a recibir de ellas. Hay ya un inequívoco rechazo del país hacia un experimento constituyente que es la más descarada propuesta del gobierno para su eternización en el poder.

Lo números son más que elocuentes. El análisis de su contundencia lo han hecho ya en las filas de la oposición, pero por igual, e independientemente de las descompuestas y falaces reacciones oficiales, también lo deben haber hecho exhaustivamente a nivel del alto gobierno, del partido de la revolución chavista y de sus detractores, de los militares y del liderazgo cubano.

La emoción se apoderó del país en sus cuatro puntos cardinales y el entusiasmo pudo más que las largas colas que muchos tuvieron que padecer para poder expresarse en la consulta. Fue meridiana la determinación de los venezolanos en el exterior a hacerle saber al país que aunque están por fuera de sus fronteras,  padecen su ausencia y aspiran, tanto como los que viven la desgracia en  el terruño, a un viraje radical.

Un gobierno orientado a satisfacer las necesidades y deseos del electorado debería tomar muy en cuenta el mensaje de los guarismos de ayer y actuar en consecuencia. Y debe interpretar igualmente el mensaje del gesto comprometido de los venezolanos que se expresó en la consulta. Con su manifestación expresada a través de un voto, la población venezolana dejó claro que no está dispuesta a seguir alargando la penuria y pasar por alto los derechos  ciudadanos que les corresponden; a tolerar el desgobierno y la masiva corrupción de los altos y medianos mandos; a ignorar el secuestro de sus instituciones; a hacerse de la vista gorda con el destrozo económico del país; a tolerar  la mano cubana en la dirección de los destinos de su patria.

Lo del domingo es una alerta temprana, inequívoca  y compacta que debe ser leída por el gobierno con toda seriedad por la trascendencia que ella envuelve.  Ella puede convertirse en un salvavidas para quienes puedan comprender, en las filas oficiales, que una nueva oportunidad de corregir el rumbo es lo que está sobre la mesa.

Para quienes, en esta encrucijada, lo que es relevante es mantener sus prebendas en el gobierno y hacer caso omiso del hartazgo nacional el precio es otro.  Millones de expresiones pacificas le mostraron a los gobernantes y al mundo el espíritu de desacato que sus gestos individuales involucran. A estos, más le vale no equivocarse en la interpretación del arrojo histórico que esta población descontenta, que este bravo pueblo, está dispuesto a asumir.