Opinión

El Aissami: una papa radioactiva

Que el gobierno de Estados Unidos de América sustituya la voz “vicepresidente” por “narcotraficante” es grave, superlativamente grave. Tras años de investigación, seguimientos y pesquisas, he aquí un resultado más, que se suma a los ya conocidos, como lo son los sancionados del decreto Obama y el caso de los narcosobrinos.

Tareck El Aissami es ahora un hombre en circunstancias extraordinarias. Sus aliados políticos, de ahora en adelante, pueden confundirse con ser aliados en el narcotráfico, frente a la opinión pública y, peor, frente a la justicia internacional.

Los jerarcas de la Fuerza Armada Nacional han de medir muy bien eso de dar apoyos sin más a El Aissami. Mostrarse como aliados políticos les conllevaría a ser personas de interés para la justicia gringa e internacional. Estos no son juegos, si no que le pregunten al general Noriega.

El mentado testaferro de El Aissami, Samark López Bello, debería estar ya en suelo norteamericano colaborando con la justicia. Quedarse en Venezuela no pareciera una opción razonable, ya que debe saber demasiado y eso lo hace demasiado peligroso.

Nicolás Maduro es quien más complicado la tiene. ¿Qué hacer con este número? De mantenerlo como vicepresidente se produciría una complicidad por asociación, y hasta ahora Maduro no ha sido señalado de narcotráfico.

El caso El Aissami está en el ojo del huracán mundial. El Aissami es una papa caliente, una papa radioactiva.