Opinión

¿Adónde vas Lilian?

Carlos E. Weil Di Miele

Lo que faltaba. En el Twitter de Trump una foto de Lilian, esa peregrina particular con la que cuenta la oposición y que se pasea desesperada por el mundo buscando, a diestra y siniestra, la posible liberación de su marido.

Nadie puede cuestionar su sufrimiento, ni lo difícil que seguramente será para ella y para su familia. Sin embargo no podemos cerrar los ojos ni blindar los teclados ante una imagen que, además de innecesaria, se convierte en una pintura de la ironía.

¿Luego de cruzar el mundo con el discurso de los derechos humanos como bandera, vas y te tomas una foto con uno de sus principales detractores? ¿Cuál es la necesidad? ¿Qué puede salir de aquella imagen?

No estamos hablando de un presidente cualquiera. Ese hombre que aparece al lado de Lilian con el pulgar arriba y con una sonrisa a medias habla de los derechos humanos como si se tratasen de detalles superficiales de los que se puede prescindir. Durante sus discursos de campaña fue un firme defensor de la tortura, de esa misma a la que someten a Lilian y a su suegra cada vez que pretenden visitar a Leopoldo en Ramo Verde.

Sin embargo, ahí estaba Lilian, al lado de Trump. Y al lado de ellos todos esos venezolanos que simplemente se arriman a todo lo que se enfrente al gobierno, sin importar de dónde venga.

El error de Tintori no es solo un tema político, es un tema moral. Esa imagen debilita el mensaje de Lilian, porque da a entender que no se trata de defender los derechos fundamentales de todos, sino los de ella y los de los suyos.

Con su falta de tacto terminó formando parte de un fotograma acompañada de un presidente que huele demasiado a tiranía, dándole discurso al chavismo y dejando bastante mal parada la lucha por la libertad del resto de los venezolanos.

Su accionar tiene una carga egocentrista preocupante, y la reacción de todos los que apoyaron aquella imagen deja mucho qué decir de lo que hemos y no hemos aprendido de este proceso político que ha destruido a nuestro país. A los que creemos en la democracia y queremos algo más que la liberación de Leopoldo nos queda recomendarle a Lilian que la próxima vez elija mejor su destino.