Opinión

El gobierno sigue complicando una salida democrática, institucional y pacífica a la crisis de Venezuela. Sigue con su obsesión de mantenerse en el poder a como dé lugar. Juega al desgaste de la oposición y al debilitamiento de la capacidad de lucha de los venezolanos. Solucionar el deterioro del país no está en su agenda y por el contrario, hacer a los ciudadanos más dependientes del control y la dadiva del Estado es un objetivo.

Le dieron una patada a la mesa de negociación en República Dominicana, que es lo mismo a darle una bofetada a los garantes y facilitadores. Convocar a elecciones fuera del contexto de la negociación, además por los mismos quienes han sido los interlocutores del gobierno en esa mesa, no es más que una ofensa. Razón tuvo el canciller de México de retirar a su país del diálogo, es una burla a las expectativas que se generaron y al esfuerzo que habían realizado durante el proceso negociador. El gobierno una vez más demuestra su estirpe y arrogancia. Señalan que la convocatoria extemporánea y sin garantizar equilibrio en el proceso electoral es una reacción a las sanciones europeas a algunos funcionarios. Ante un hecho como ese, deberían más bien darle respuestas al pueblo venezolano, pues es una afrenta que quienes dirigen el país sean señalados por otras naciones por sus delitos y corruptelas. Seguro que no les importa un viaje más o menos a Europa, Estados Unidos o Canadá. Los dineros ilícitos, obtenidos de las arcas públicas en ejercicio del poder, deben estar bien resguardados, repartidos entre familiares y testaferros.

Es insólito que ningún funcionario señalado haga un esfuerzo por la dignidad de sus hijos, esposas, padres o ante la historia de defenderse y demostrar que no han incurrido en hechos de corrupción o violación de derechos humanos. Pero así estamos en el país. Comienza la oposición a deshojar la margarita: ir o no ir a esta convocatoria.

La comunidad internacional con razón afirma que no hay condiciones, los aspirantes a candidatos piensan que siempre hay una rendija por donde colarse y darle el golpe mortal a este régimen por la vía electoral. Ambas posturas son ciertas y válidas. Desde este escritorio tengo sentimientos cruzados por los momentos. Mi única certeza es que este país noble, de naturaleza excepcional y de gente buena, no se merece seguir secuestrado por la avaricia de unos pocos que aprendieron la fórmula de sobrevivir en el poder sin dar nada importante a cambio. Venezuela está inmersa en tamaña crisis. Qué pena y vergüenza.