Entretenimiento

En Los Ángeles se exhibirán películas del cine venezolano de vanguardia

 

Ismo Ismo Ismo: cine experimental en América Latina es el nombre del evento que tiene como objetivo mostrar las propuestas más vanguardistas de la región. Diego Rísquez y Rolando Peña fueron convocados por su obra

Cine

Cortesía : Oscar Lucién

 Diego Rísquez asegura que siempre quiso hacer un cine con un lenguaje particular, muy visual

Por HUMBERTO SÁNCHEZ AMAYA | HSANCHEZ@EL-NACIONAL.COM | @HumbertoSanchez

Diego Rísquez y Rolando Peña fueron invitados a la exhibición Ismo Ismo Ismo: cine experimental en América Latina en Los Ángeles, Estados Unidos, un espacio amplio que abarca una serie de exposiciones y programas públicos sobre el arte latinoamericano.

Rísquez fue invitado por sus filmes Bolívar, sinfonía tropikalOrinoko, nuevo mundo y Amérika, terra incógnita. Peña fue convidado por el filme Diálogo con el Che, en el que actuó.

Rísquez asistirá al encuentro el 20 de noviembre, cuando se mostrará su trilogía memorable donde explora la historia y la mitología de la región. “Es una exposición que va a viajar durante un año; irá a varios museos de Estados Unidos”, dice jocosamente el realizador, que agradece a la Cinemateca Nacional por facilitar los filmes y al CNAC por el servicio de transporte.

Bolívar, sinfonía tropikal tiene especial importancia para el autor, pues fue filmado en formato súper 8 y en 1981 formó parte de la Quincena de los Realizadores del Festival de Cine de Cannes, donde un año después se presentó la versión en 35mm. En esa misma sección se proyectaron Orinoko, nuevo mundo, en 1984, y Amérika, terra incógnita, en 1988. “Me abrieron las puertas del mundo cinematográfico internacional. Siempre quise crear un lenguaje particular, que fuera universal, pero a la vez personal. Es lo que me interesa del cine, toda una excusa para hablar sobre mi país. Con esta trilogía quise mostrar lo que significa el siglo XIX en nuestra cultura. Muchos piensan que nuestra historia comienza con Simón Bolívar, pero antes hubo tres siglos. Orinoko, nuevo mundo quiso llenar ese vacío. Luego en Amérika, terra incógnita mostré cuál fue la interpretación que hicieron los europeos de este continente”.

El cineasta recuerda a Theodor de Bry, “el gran ilustrador de la conquista”, autor de las imágenes relacionadas con la época, y que influyó entonces en lo que quería conseguir en sus películas.

En la propuesta del director siempre hay una aproximación a las artes plásticas. Por ejemplo, con Bolívar, sinfonía tropikal quiso tocar el inconsciente colectivo venezolano a través de figuras icónicas de la historia pictórica nacional. De hecho, cuando se le pregunta por cineastas locales con los que siente especial afinidad, nombra a Mariana Rondón, la directora de Pelo malo y Postales de Leningrado.“Tiene que ver con las artes plásticas, mi formación, además del cine. Es una mujer de la cultura visual”, expresa.

Si bien esta trilogía fue un impulso para el realizador, reconoce que no tuvo mucha repercusión en el público venezolano. “Este es un público bastante difícil. Además, son trabajos con un lenguaje poco común, en el que los actores no hablan, son obras muy visuales, no cuentan una historia convencional. Recordemos que acá la gente es muy televisiva, y especialmente en los años setenta y ochenta que fue cuando se estrenaron las películas”.

Las proyecciones se realizarán en el centro cultural Redcat de Los Ángeles.

Proyecto pospuesto

 Por estos días, junto con Robert Gómez, Rísquez prepara un guion cuya trama tendrá como contexto a la Venezuela actual. “Es una historia de amor entre dos actores que se rodará en París, Florencia y Venezuela. Quiero reflejar la realidad de los años recientes”.

El cineasta también tenía en curso la producción de un filme sobre Guaicaipuro, que protagonizaría Jesús “Chyno” Miranda, pero tuvo que posponerla. Rísquez fue operado hace más de un año de un tumor en el cerebro y todavía recibe sesiones de quimioterapia. “Estoy bien, pero no me siento en las condiciones para asumir un proyecto de tanta envergadura, que necesita mucha energía física”.

Rísquez tiene prisa en contar lo que atraviesa actualmente la sociedad venezolana. “Es muy fuerte. Existen imágenes que forman parte de nuestro inconsciente colectivo, como la del muchacho que se subió desnudo a una tanqueta durante las protestas. Quiero reflejar el mundo que yo vivo. Pero también quiero hablar sobre lo que ocurre a nivel internacional, esos atentados que uno no entiende”. El objetivo es empezar a filmar en 2018 y todavía no ha concretado a ningún actor para integrar el elenco. También tiene previsto conseguir aliados internacionales para costear el rodaje.

Cuando en 2015 estrenó El malquerido, inspirada en la vida de Felipe Pirela, el director aseguró que con ese proyecto quiso dejar de poner el acento en las elites. “Fue la primera vez que tuve la oportunidad de hablar sobre mi país desde otro punto de vista. No se trataba de los héroes históricos. También allí pude acercarme a la región zuliana, tan particular, a la cultura del patacón y la Chinita”, asevera el realizador, autor también de filmes como Manuela Sáenz (2000), Francisco de Miranda (2006) y Reverón (2011).

De lo innovador a lo desconocido

La exhibición Ismo Ismo Ismo: cine experimental en América Latina tiene entre sus impulsores a Los Ángeles Filmforum, Getty Foundation y la Fundación Andy Warhol para las Artes Visuales. Comenzó en septiembre y continuará hasta enero de 2018.

Entre las figuras que participarán este año, además de Diego Rísquez y Rolando Peña, están David Lamelas, Claudio Caldini, Jesse Lerner, Rubens Machado Jr., Ángela López Ruiz, Tarek Elhaik, Willie Varela, Antoni Pinent y Marta Lucía Vélez, entre otros.

La exposición se define como el primer programa y catálogo estadounidense cinematográfico que busca abarcar, en buena parte, la producción experimental de cine latinoamericano que incluye “desde las innovadoras creaciones del artista brasileño Hélio Oiticica y del fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo hasta la impresionante, pero prácticamente desconocida obra del extraño cineasta ecuatoriano Eduardo Solá Franco”, indica la muestra en su página web.