Opinión

El viacrucis del pictheo vinotinto

“Nunca guardes un pitcher para el día siguiente. Mañana puede llover”.

La célebre frase ha retumbado en los pasillos beisboleros durante décadas, aunque tenga poco sentido hoy. Aquello era cierto en los años 50, cuando la meteorología no era tan exacta. Y puede que aún aplique en el Caribe, donde los cambios de temperatura causan drásticos procesos climáticos.

La ciencia ha avanzado tanto, que en los países con cuatro estaciones es perfectamente posible predecir cuándo lloverá, cuánto y durante cuánto tiempo. Hemos visto cómo en las Grandes Ligas se detiene un juego apenas minutos antes de la hora exacta en que caerá la precipitación, para desplegar la lona y recogerla justo al escampar, para evitar daños en el terreno.

En plena Serie Mundial de 2016, los managers Joe Maddon y Terry Francona sabían ya la hora aproximada en que volverían al campo, al comenzar el aguacero.

Hoy es más fácil predecir imponderables, salvo que se trate de un terremoto o un apagón. Lo demás, corresponde al cálculo que pueden y deben hacer los managers y coaches, al administrar los brazos.

El Clásico Mundial obliga más que ningún otro torneo a tener un ojo sobre la lomita y otro en la cuenta de pitcheos y juegos lanzados.

Hensley Meulens, piloto de Holanda, se llevó a Shairon Martis en pleno turno, con la cuenta en 2-2, en el séptimo inning del choque contra Japón, pues había llegado a 49 lanzamientos. Si hacía uno más, no podría contar con él en los próximos cuatro días, descanso obligatorio para todo serpentinero con una actuación de 50 envíos.

Meulens forzó la regla a su favor. Consciente de la necesidad de no perder a uno de sus tiradores más experimentados por más de un día, que es el reposo obligatorio para trabajos entre 30 y 49 pitcheos, lo sacó justo a tiempo, para usarlo nuevamente en esta ronda.

Félix Hernández hizo 51 lanzamientos, el viernes. El plan era llevarlo lejos. Se fue porque se descontroló, pero el problema real había sido la defensiva. Sacó los primeros dos innings ante Puerto Rico casi sin pestañear. Es factible que, en caso de haber tomado el rebote en la pared Carlos González, y de no haber perdido aquel rolling Martín Prado, habría sacado el cero y el duelo hubiera llegado sin carreras al sexto tramo, con otro guión. Quizás sí, quizás no, pero es debatible.

Jhoulys Chacín le relevó. Vizquel lo dejó hasta el séptimo, cuando tenía 56 envíos. La pizarra estaba en contra y no deseaba comprometer a otros monticulistas, pero perdió al zuliano para México y para el desempate.

Ya el piloto había dicho que apostaría todo a derrotar a los puertorriqueños, a quienes consideraba rivales clave. Por eso no guardó a Chacín para el tercer choque y fue con Yusmeiro Petit y Wilfredo Ledezma frente a los aztecas, que no son abridores de profesión.

Hubo lesiones inesperadas, ciertamente, con la mala fortuna de que la regla no permite sustituirlos hasta una siguiente fase. Para colmo, bomberos que fueron reservados el viernes tuvieron que ser usados sábado y domingo, perdiéndolos para el cotejo extra ante Italia.

Así llegó la Vinotinto al desempate. Con apenas cinco pitchers en el staff, incluyendo al abridor.

El Clásico Mundial tiene reglas que obligan a la creatividad, como bien demostró Meulens con Holanda, y ya sabíamos que Venezuela no empezaba como favorito por la falta de lanzadores clave, nada menos que Carlos Carrasco, Junior Guerra, Eduardo Rodríguez, Héctor Rondón y Jeanmar Gómez. Por eso, tantos sufrimientos.

@IgnacioSerrano

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