Opinión

¿Salón de la Fama de la LVBP? ¿O del beisbol venezolano?

Esta semana conocimos a los nuevos integrantes del Salón de la Fama del beisbol venezolano y participamos en una diatriba con un grupo de aficionados, a propósito de los resultados y luego de una columna que escribimos sobre el tema, que nos permitió realizar un fecundo intercambio con los lectores a través de nuestra cuenta en Twitter y nuestra página web El Emergente.

¿Merece Magglio Ordóñez un sitio entre los inmortales, dada su participación reciente en asuntos políticos y extra deportivos?, nos preguntaron. Y por otro lado, ¿por qué votar por peloteros que jugaron poco en la LVBP, si se trata del Salón de la Fama de la pelota criolla?

El ex patrullero falconiano no apareció ni siquiera en 40 por ciento de las planillas. Dijimos que eso era absurdo. Estamos ante alguien que, al retirarse, dejó números que permitían considerarlo el segundo o tercer mejor bateador criollo de todos los tiempos en la MLB. Merece mucho más apoyo.

Una parte de los lectores nos respondió que Ordóñez cumplió con creces en el terreno, pero no fuera de él. Resumiendo, que su papel en la política manchó, dicen, su excelente hoja de servicios, y que en el templo de Valencia deben estar no sólo grandes jugadores, sino buenos ciudadanos.

Los estatutos de nuestro Salón de la Fama, en efecto, nos piden considerar, además de números, si el candidato fue un ejemplo de deportividad. No es una norma azarosa. Nos permite, por ejemplo, tomar en cuenta si alguien hizo trampa, recurrió al dopaje o violó reglas, más allá de los jonrones o ponches.

Esos mismos estatutos nos exigen analizar no solamente lo hecho en la pelota profesional local. Ni siquiera podemos poner el foco principalmente allí. No es el Salón de la Fama de la LVBP, dice la letra, sino el Salón de la Fama del beisbol venezolano, por lo que los votantes debemos ponderar lo hecho aquí, en las Grandes Ligas, en cualquier otro circuito internacional e incluso en los diamantes aficionados.

Si no existiera esa orden, no podríamos haber exaltado a Luis Aparicio, a los Héroes del 41 o a la Selección Nacional de Chicago ‘59. El propio Oswaldo Guillén obtuvo sus mayores méritos en las Mayores, no en Venezuela.

Tampoco serían candidatos en el futuro José Altuve, Félix Hernández, Freddy García, Carlos González y ese grupo cada vez más importante de criollos que, por su estatus, ha visto poca o ninguna acción en la LVBP.

Por eso existe esa norma, que solían escribirnos en las papeletas que recibíamos los electores: debemos poner todas las actuaciones sobre la mesa y sopesar en contexto, al momento de evaluar cada caso. Es así, aunque no sea del dominio del gran público.

El otro punto es reflejo del país desgarrado que sufrimos. Quizás Ordóñez sea un mal político y un peor alcalde, eso lo podrán decir sus electores. Pero durante su carrera tuvo una conducta impecable, realizó actos de beneficencia acá y en el norte, no es un represor y no ha sido acusado de ningún delito.

Los aficionados tienen derecho a mostrar simpatía o antipatía por las ideas del ex jardinero y su proceder en la política. Pero los analistas estamos obligados a evaluar aquello que nos pide el Museo de Beisbol, sin distraernos con otras cosas. Aunque la objetividad absoluta no exista, estamos forzados a minimizar la subjetividad el máximo posible. Por eso nos dan el privilegio de votar y debemos responder en consecuencia, aplicando la norma y dejando de lado nuestras ideas políticas.

Los números de Ordóñez en la gran carpa sólo son superados claramente por Miguel Cabrera. En muchos renglones es el número dos de nuestra embajada nacional. Y por cierto, se retiró como líder de por vida en jonrones y otros departamentos con los Caribes, aunque con hecho en la MLB le baste y sobre para merecer su estatuilla de bronce. Porque, como ya aclaramos, es el Salón de la Fama del beisbol venezolano. No es el Salón de la Fama de la LVBP.

@IgnacioSerrano

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