Opinión

La responsabilidad del manager en el Clásico Mundial

Todo manager es responsable del triunfo o la caída de su equipo. Así que es natural la reacción de muchos aficionados hacia Omar Vizquel, señalándolo como una de las razones de la eliminación.

Vizquel fue la segunda opción del alto mando, luego de descartar a Oswaldo Guillén. Entonces se asomaron los pros y los contras. Es dueño de una brillante trayectoria, instintiva inteligencia y contaba con el respeto de los peloteros y la afición. Pero no tenía experiencia en el cargo.

¿Pesó eso en el resultado? Vizquel y el gerente general Carlos Guillén aseguran que el equipo estuvo unido y enfocado alrededor de él. Lamentablemente, eso se vio en el terreno en muy contados momentos, lo cual pone peso sobre sus hombros y los de sus coaches, quienes son los obligados a levantar el ánimo y mantener el enfoque de las tropas, cuando algo de eso se pierde.

Algunos señalan que la falta de trayectoria del caraqueño como timonel sí pesó. Que se le vio siempre quieto, siempre serio en el dugout. Que intentó pocas jugadas, salvo por el squeeze play de Alcides Escobar, ciertamente brillante. Que dejó mucho tiempo a sus lanzadores en la primera fase.

También hay quien criticó sus lineups. A este columnista no le gustaron las alineaciones, pero no las estigmatiza. Ese orden es su prerrogativa y las derrotas no se debieron a eso. La única observación de este periodista es que hubiera sido coherente mantener una misma filosofía, bien sea por ubicar siempre a un bateador rápido y de alto OBP como noveno bate o por dejar para ese turno al toletero teóricamente más débil, en vez de alternar a unos con otros.

Es posible que la inexperiencia le haya jugado mal en la primera fase. Es una cita con reglas muy particulares, que obligan a trazar planes atípicos. Por sólo seis pitcheos de más perdió a Jhoulys Chacín hasta la semana siguiente. Las mismas condiciones del torneo le hicieron llegar al juego extra con apenas cuatro brazos en el bullpen.

¿Fue todo su responsabilidad? No necesariamente. Venezuela fue el único país en su grupo al que le tocaba jugar tres encuentros consecutivos, que al final fueron cuatro. A ninguna otra escuadra le pasó eso, y las reglas prohíben usar a los pitchers en más de dos días seguidos.

¿Había forma de programar mejor el trabajo de los relevistas? En el papel, sí. Porque las lesiones de Silvino Bracho y Robert Suárez sacaron dos brazos de la ecuación y la avalancha de batazos en Guadalajara obligó a mover más el staff.

Bueno, regular o malo, es muy posible que no hayamos visto al verdadero Vizquel manager. La Selección Nacional jugó abrumada por sus contrincantes, la mayor parte del tiempo, aunque trató algunas cosas, como apostar por Rougned Odor, incluso si era contradiciendo su parecer inicial, al ubicarlo en tercera base.

En una competencia tan corta, el destino se decide muy rápido. Un fallo se magnifica. Pero veamos este contraste. ¿Alguien vio a Jim Leyland haciendo fiesta, animando a sus peloteros, ordenando bateo y corrido, moviendo a su equipo?

Leyland hizo lo mismo que Vizquel. Pero su escuadra jugó bien. Contaba también con mejor balance entre bateo y pitcheo. Su bullpen fue de primera.

Es muy posible que Venezuela haya perdido porque sus adversarios eran mejores. Y que por eso los hayamos visto contra la pared. Este columnista advirtió en su presentación del campeonato que la Vinotinto no era favorita. Pero al final, es sólo un juego, y quien compite tiene que asumir que puede perder, tanto como quiere y puede ganar.

Del verdadero Vizquel sabremos más adelante, cuando conduzca algún proyecto de mediano o largo plazo. Entonces dará más pistas. Necesita forjarse en ese nuevo papel.

Veremos si también recaba la experiencia necesaria para pedir la responsabilidad de dirigir en otro Clásico Mundial. Ya se verá.

@IgnacioSerrano

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