Opinión

¿Es que acaso terminó la hora del Kid?

Francisco Rodríguez no oculta su decepción y ha admitido sentir vergüenza por lo que ha hecho como cerrador en las últimas seis semanas.

Que está en problemas, es un hecho. Tratemos ahora de precisar si las señales de alarma son irreversibles.

Comencemos con la velocidad. Es un punto de preocupación desde hace un par de años, porque todo lanzador sufre un descenso con la edad y el uso. El caraqueño no ha sido excepción. En 2016 promedió 89,2 millas por hora con la recta y en el Clásico Mundial de Beisbol, en marzo, bajó a 86 millas. Así que la crisis podría deberse a la falta de potencia, ¿verdad?

Sí, pero no. El sitio Fangraphs nos dice que la media de Rodríguez en 2017 ha sido 88,2 millas por hora. Pero Brooks Baseball nos permite ver los detalles de esa velocidad, que ha ido recuperándose, pasando de 88,4 millas en abril a 89,7 en mayo.

Ya el manager Brad Ausmus había advertido que su pupilo estaba recuperando la rapidez en su pitcheo base. La data disponible ratifica esa afirmación y sugiere que hoy, y sobre todo en sus dos fracasos ante los Atléticos, el fin de semana, el problema debería ser otro. Porque no podemos olvidar que el derecho viene de salvar 44 encuentros para los Tigres, con aceptables números periféricos, trabajando en la frontera de las 89.

Sigamos con el control. Su rata de bases por bolas era buena hasta la semana anterior, pero en Oakland no estuvo muy bien y quedó con 3,9 boletos por cada nueve innings. No es un buen registro, pero tampoco se diferencia mucho de sus históricos; recordemos que viene de entregar 3,6 pasaportes por cada nueve actos el año pasado y que en sus tiempos con los Mets y los Ángeles llegó a tener una media de 4,5 y hasta 5,0 pasajes.

En teoría, no deberían ser los boletos, entonces.

Ausmus cree que el problema está en un error de centimetraje al colocar sus envíos. No se trata de control, exactamente, sino de aquello que los monticulistas llaman “localización”, es decir, en qué parte exacta de la zona de strike caen los envíos. Es el arte de engañar a los bateadores. Como decía el legendario Greg Maddux, se trata de hacer que los lanzamientos malos parezcan buenos, y viceversa. Tirar strikes es riesgoso, si la bola no cae exactamente donde se anhela.

Esa puede ser la razón que explique los horrendos promedios que están consiguiendo los rivales ante él.

Le han masacrado el sinker, con .667 de average en contra, aunque ciertamente lo ha tirado muy poco. Le batean para .368 contra la recta de cuatro costuras y .308 ante el cambio, su principal arma. Ante la curva sólo le ligan para .200 y de hecho la está usando más que en el pasado reciente, sólo algo más que el sinker.

Todos los cuadrangulares que le han dado han sido ante rectas de cuatro costuras. Esto parece grave a priori. Esa arma tiene que funcionar para que sea dañiño variar las velocidades.

Se habla del movimiento de esa y otras herramientas. Ciertamente hay un contraste grande entre 2010 y 2017, pero es mucho menor entre el año pasado y este. Y recordemos, en 2016 fue exitoso. Debería haber algo drásticamente diferente que explique lo ocurrido, si se tratara de un declive.

A la ubicación de los pitcheos, expuesta por Ausmus, y la fragilidad de las rectas de cuatro y de dos costuras se unen, sí, un toque de mala suerte. Al Kid le batean para .352 en general, con .405 cuando las pelotas están en juego. Es un BAbip demasiado abultado. Prácticamente la mitad de lo que le conectan cae a tierra de nadie. Es una cifra que debería moderarse, ir hacia la baja, conforme sigan sumando innings y la muestra sea más grande.

Pero ojo, que le están levantando mucho más la pelota. Eso sí es delicado. En sus últimos 10 choques, de hecho, ha inducido 6 roletazos y 23 elevados. ¿Es porque la pelota no está cayendo exactamente donde él quiere? ¿Es porque sus pitcheos se están movimiento menos? ¿Mala suerte, como sugiere el BAbip? ¿Todo a la vez?

Aunque las estadísticas clamen al cielo, Rodríguez no parece ser un caso irremediable. Aunque quizás sea necesario una pausa de una o dos semanas, para encontrar la punta de la madeja y recuperar la confianza, el filo y el ritmo.

Lo único claro en medio de esta oscuridad es que tendrá esperanzas de superar el mal momento mientras la recta siga recuperando velocidad.

@IgnacioSerrano

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