Opinión

Los judíos en la independencia de Venezuela y su contribución

Desde el principio, América del Sur ha estado relacionada con Sefarad. Es sabido que el descubrimiento de América coincidió temporalmente con la expulsión de los judíos de España y que muchos de los conquistadores eran de origen hebreo, por lo general conversos.

El día 2 de agosto de 1492 (Tisha beAb), Cristóbal Colón debía partir del puerto de Palos de la Frontera. Pero no lo hizo, más bien se limitó a embarcar a sus 90 hombres. El almirante no partió sino hasta el día siguiente, media hora antes del Shabbat. Casualmente, el 3 de agosto era el último día que el Edicto de Expulsión había establecido para que los judíos eligieran entre su religión o abandonar el territorio español.

En su Diario del primer viaje, Colón escribió que pensaba conquistar la “Casa Sancta en Jerusalén”. Si bien existen varias hipótesis, lo cierto es que el proyecto de construir la Casa Sancta en Jerusalén pudo tratarse de la reconstrucción de la Beit HaMikdash. No lo sabemos con exactitud.

Durante la Colonia, muchos criptojudíos y marranos llegaron a la América Española. El cabrito en México y el pan andino en Venezuela son algunas de las presuntas manifestaciones de la influencia hebrea en la gastronomía hispanoamérica. En nuestras tierras, la Inquisición persiguió a muchos hombres e incluso los llevó a la hoguera. En México, el caso del gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva (1537-1591), descendiente de una familia de ascendendia hebrea en Medina, fue uno de los más emblemáticos en el período colonial. En Venezuela, todavía se discute si Francisco de Miranda era descendiente de judíos o no. Desde el año 2011, el libro “La identidad secreta de Francisco de Miranda” del abogado e historiador José Chocrón Cohén ha causado polémica a nivel regional.

Los sefardíes que se asentaron en Portugal y Holanda no olvidaron lo que significó la expulsión de España en 1492, y según las investigaciones de historiadores como Philip Wayne Powell, Yosef Kaplan, Yosef Hayim Yerushalmi y Jaime Contreras, los judíos sefardíes fueron también autores de la Leyenda Negra Española. Si bien los judíos también habían sido expulsados de otros países –casi mil expulsiones ha vivido el pueblo judío–, las críticas hacia España fueron más duras que las emitidas en contra de otras naciones. Una de las explicaciones a este fenómeno es que los judíos habían amado verdaderamente a España y esta expulsión fue la más traumática. En ningún lugar del mundo, los judíos se habían integrado tan bien. Otra hipótesis sugiere que, los judíos sefarditas encontraron en los Países Bajos a los aliados indicados para difundir propaganda anti-española. En esos tiempos, Holanda y España eran importantes rivales en términos geopolíticos. Hace unos siglos, la moneda de referencia mundial era el florín holandés y no el dólar estadounidense.

Estos judíos españoles, con el paso del tiempo, obtendrían la nacionalidad holandesa y se asentarían en Curazao, el principal núcleo de los hebreos en el Caribe en los tiempos de la Colonia. Según las investigaciones de los historiadores Manuel Vicente Magallanes y Eduardo Arcila Farías, los judíos tuvieron un rol muy activo en el contrabando de bienes. Una gran parte de los holandeses involucrados en el negocio del contrabando eran judíos, siendo así muy comunes los apellidos Álvarez, Correa, Miranda, Apeluis, Castro, Gomes, Belmonte, Cáceres, Senior (Señor), Henríquez, Sansón, Curiel, Abenatar (Benatar), Levy-Maduro, Delvalle, Chaves, Capriles, De Lima, Pinto, Dias, Bera, Del Monte, Falcón, Núñez, Correa, Penso, Esculpe, Pareste, Machado, Funda, De Rosas, Lindo, Cardozo, Coque, Chico, Sahagan, Ortoberte, Panadero, Marchena, Governador, Puntado, Bonito, Hebreo, De la Calle, etcétera. Por lo general, los nombres de pila que acompañaban esos apellidos eran: Abraham, Jacob, Samuel, Isaac, Andrés, David, Moisés, Benjamín, Gabriel y Aron.

Especialmente en el área del Caribe, los Hermanos de Nación, como se llamaban las comunidades hebreas en el Nuevo Mundo, confrontaban con su tráfico a grandes corporaciones peninsulares, entre ellas la compañía Guipuzcoana en Venezuela. Según Felix Becker en el año 1955, estos judíos que participaron en el contrabando siempre tuvieron plena conciencia de su “hispanidad desplazada”. El historiador Fernando Yurman comenta que: “En el sur de América, el contrabando había gestado, tanto en Buenos Aires como en Montevideo, muchas de las propuestas independentistas contra el monopolio. Tanto la costa venezolana como la rioplatense tienen una historia colonial ligada al contrabando, y de ambas derivan los ejércitos independentistas”.

No es un hecho aislado que el primer documento conocido sobre el mecanismo de la bolsa de valores se le atribuya al marrano Joseph Penso de la Vega -documento que data del año 1688-. No es una casualidad que Adam Smith haya incluido como modelo económico a Curazao en su célebre obra “La Riqueza de Las Naciones”. Este libro fue la justificación ideológica del intercambio que estas transacciones exigían. Adam Smith formalizó, en términos doctrinarios e ideológicos, el proceso de intercambio comercial transcontinental que realizaban estas comunidades y le dio contenido a los instrumentos abstractos. No es en vano que, el historiador Werner Sombart en su obra “The Jews and Modern Capitalism” considerara al judaísmo como una de las bases del sistema económico capitalista moderno, encontrando un origen todavía más remoto que Max Weber con el protestantismo.

Las recurrentes expulsiones de los judíos, pueblo que históricamente ha vivido una diáspora tras otra, permitieron que los hijos de Israel crearan, por lo menos hasta cierto punto, algunas de las bases del sistema financiero internacional que conocemos hoy en día. Werner Sombart: “Se ha afirmado, -y con razón-, que fue la dispersión de los judíos lo que les permitió convertirse en intermediarios. Tiene sentido, ¿pero fue también la diáspora la que hizo de ellos hábiles negociadores y asesores privados de príncipes? (…) Hemos admitido que la dispersión de los judíos fue responsable de gran parte de su éxito en el comercio y la industria crediticia internacional. ¿Pero esto no se debe también a que los judíos en todas partes se mantienen juntos? ¿Qué hubiera pasado si, como tantas otras razas dispersas, no hubieran mantenido sus lazos de unión?”

En la historia colonial de Venezuela, la rebelión de “Andresote” en Yaracuy fue uno de los períodos más fascinantes del siglo XVIII. El primer alzamiento que preocupó a la Corona Española y la hizo prohibir el tránsito por el río Yaracuy fue protagonizada por el zambo Andrés López del Rosario, mejor conocido como Andresote. López fue el precursor de la ola de movimientos de protesta y alzamiento en la Venezuela del siglo XVIII. Esta fue la primera protesta que se hizo en Venezuela en contra de la Compañía Guipuzcoana, y si bien no tuvo la misma organización de los movimientos independistas del siglo XIX, fue una temprana manifestación de la rebeldía y el anhelo de libertad de los pueblos hispanoamericanos. En la madrugada del 4 de enero de 1741 en Yaracuy se gritó: “abajo los vascos”.

Al zambo se le acusó de contrabandista de cacao, asesino, salteador, traidor y homicida. Nada más y nada menos que un zambo de la hacienda de un señor de apellido Silva, fue el protagonista de este alzamiento, hito en la Historia de Venezuela. Muy cerca de Yaracuy surgió años más tarde otra conspiración: la rebelión de San Felipe (1740–1741). Andrés López del Rosario había muerto, pero nadie lo olvidó. Los motivos para rebelarse eran prácticamente los mismos. Se presume que Juan Andrés López de Rosario murió en 1733, pero se desconocen los detalles.

Andresote fue el defensor de los intereses de los negros cimarrones, indígenas, y particularmente, de los comerciantes judíos-holandeses en Venezuela, quienes lograron persuadirlo. El prestigio del zambo, su habilidad guerrillera, el apoyo judío holandés y la simpatía de los mercaderes que controlaban el negocio del contrabando le permitieron formar una aguerrida facción de negros cimarrones, indios y negros libres, muchos fugados de Curazao. Cabe además agregar que, solamente entre los años 1680 y 1750, se reconocieron más de doscientos barcos en Curazao como sefardíes.

Como antecedente, los holandeses y los españoles se habían enfrentado varias veces. Previo a la rebelión de Andresote, un grupo de judíos provenientes de Curazao se había instalado en el cayo de Tucacas, donde erigieron la primera sinagoga de Hispanoamérica. En Tucacas, los judíos se establecieron con el fin de desarrollar en gran escala la trata de esclavos negros, así como también la extracción de cacao, tabaco y corambres. Manuel Alfredo Rodríguez, en el prólogo del libro Tucacas de Manuel Vicente Magallanes (2011), cuenta que: “La situación llegó a tal extremo que Caracas y Coro intervinieron. Las expediciones punitivas asolaban el caserío ribereño y entonces los vencidos se refugianan en el vecino cayo al amparo de buques artillados. En 1712 el gobernador Cañas y Meriño les forzó [a los judíos de Tucacas en Venezuela] a regresar a Curazao y piensa Magallanes que el despecho de la vasta clientela perjudicada, tanto o más que los conocidos excesos del mandatorio, fue decisivo para determina su salida de la gobernación. En breve [los judíos holandeses] regresaron, sobrevirieron a otros intentos de desalojo y en 1721 se metieron en el cayo de Paiclás para escapar al plomo y la candela que les llevaba el recio vascongado Pedro José de Olavarriaga”.

Desde principios del siglo XVII, Ias potencias Inglaterra, Francia y Dinamarca llegaron al extremo de expedir patentes de corso con el fin de fomentar la piratería. En vista de que España monopolizaba del modo más estricto el comercio de América, sus enemigos decidieron atacarla a través de la piratería y el contrabando. La desventaja naval española con respecto a las potencias enemigas no solo obstaculizaba las comunicaciones, sino que además le impedía actuar oportunamente frente a las continuas situaciones de desabastecimiento. Manuel Vicente Magallanes dijo que: “Era constante la relación entre los comerciantes curazoleños y los agricultores nuestros, asociados estos a los activos contrabandistas venezolanos. Una red interna penetraba el territorio a través de caños, sabanas, veredas y ríos, especialmente el Aroa y el Yaracuy, para comunicarse con la región de Barquisimeto, extendiéndose esta vía hasta los llanos occidentales y las ciudades andinas. Por aquí se descubrieron contactos, en convivencia muchas veces con las mismas autoridades, que alcanzaron hasta las planicies de Bogotá, en el Virreinato de Santa Fe.” Algunos historiadores consideran que, la rebelión del zambo yaracuyano Andresote, estuvo motivada por las ansias de venganza de estos judíos que fueron expulsados a fuerza de plomo y candela de Tucacas, pocos años atrás. Esta teoría tiene sentido, si consideramos que estos mercaderes hebreos controlaban el comercio clandestino de las rutas manejadas por Andresote.

En 1749, esta vez en Coro, tuvo lugar un levantamiento liderado por Juan Francisco de León, claramente vinculado con los comerciantes curazoleños, en su mayoría judíos. Décadas más tarde, otra vez en Coro, ocurrió la rebelión de José Leonardo Chirino. Casi cuarenta años antes del encuentro de Mordehay Ricardo con Simón Bolívar, la influencia ideológica curazoleña se registró en este otro importante antecedente de la independencia de Venezuela en el siglo XIX. La masonería, el sentimiento anti-hispano, el financiamiento de la gesta emancipadora y las ideas liberales tienen como elemento en común el contacto con los holandeses, en su mayoría descendientes de los judíos españoles expulsados de España. En Venezuela, Juan de Sola fue masón, judío y prócer de la independencia.

Fernando Yurman (Revista Maguen-Escudo): “El levantamiento liderado por Juan Francisco de León, en 1749, estaba claramente vinculado a los contrabandistas curazoleños y sus socios continentales. En el levantamiento, décadas mas tarde, de esclavos de Leonardo Chirinos de Coro suceso anticipatorio de la independencia en Venezuela, se registra la indirecta influencia ideológica de Curazao, casi cuarenta años antes del encuentro de Ricardo con Bolívar”

Sin embargo, estos movimientos pre-independentistas fueron, en general; dispersos, espontáneos y poco planificados. Las principales causas de estas tempranas rebeliones fueron la falta de libertades económicas y el monopolio de la Compaña Guipuzcoana, que incomodaba a pequeños y grandes grupos económicos, hacendados, esclavos, etcétera. Cabe además destacar que, estos líderes pre-independentistas no tuvieron la misma penetración ideológica liberal occidental de los próceres del siglo XIX, aunque el contacto con los mercaderes portugueses y holandeses abría tímidamente las puertas a la difusión ideológica. Evidentemente, existió una brecha cultural entre los siglos XVIII y XIX. Incluso la masonería tuvo el sello de Israel y es común ver símbolos masónicos en las lápidas del siglo XVIII en los cementerios judíos de Curazao y Coro.

Más que económico, el conflicto entre los contrabandistas judíos-holandeses y los amos peninsulares de la América Española era de carácter cultural. El ámbito económico fue, en este contexto, el espacio de expresión de la tradicional oposición del judío a lo español y la manifestación del conflicto que, desde la expulsión en 1492, seguía latente. El apoyo que las familias Ricardo, Naar, Meza, Castillo Montefiore, Curiel, Henríquez y Brión le dieron a la causa de Simón Bolívar está enmarcada en la lucha histórica de los hijos de Israel. Así como los judíos financieron la independencia norteamericana a través de Robert Morris, en Hispanoamérica lo mismo sucedió por medio de agentes como Mordehay Ricardo, Joshua Naar y los hermanos Meza.

En definitiva, es necesario que los venezolanos estudiemos nuestro proceso de independencia en el marco de la geopolítica internacional. Más allá de la epopeya romántica de Venezuela Heróica, lo que sucedió en Hispanoamérica tiene causas diplomáticas, económicas, históricas y políticas que son realmente complejas. En la década de los veinte del siglo XIX, el diplomático británico George Canning afirmó que: “La América española es libre y si no administramos mal nuestros negocios, ella será inglesa”. Luego de estos procesos independentistas, nuestros países quedaron devastados, y muchas de las promesas de nuestros próceres nunca fueron cumplidas. La guerra, el hambre y la miseria eran el pan de cada día. La economía quedó destruida y se creó la relación centro-periferia que hoy existe entre la América del Norte y la América del Sur. Antes del siglo XIX, la diferencia entre el PIB per cápita de la América del Sur y la América del Norte era marginal. La brecha tan grande ha tenido lugar desde el siglo XIX.

Los Tratados de Libre Comercio que firmaron las nuevas repúblicas hispanoamericanas fueron realmente desventajosos. Por mucho tiempo, nuestros países estuvieron endeudados y no tenían un buen margen de maniobra para negociar mejores condiciones. En el caso de Venezuela, debemos recordar que no fue sino hasta el año 1845 que España definitivamente reconoció nuestra independencia como país soberano. Hasta ese momento, habíamos sido un Estado ilegítimo. Para los ingleses, la independencia de Hispanoamérica fue una victoria en varios frentes: España como potencia perdió poder geopolítico, Inglaterra y sus aliados ampliaron su eje de influencia y las deudas contraídas por las nuevas repúblicas hispanoamericanas las sometieron a Gran Bretaña. Tan solo entre los años 1822 y 1825, el monto combinado de los préstamos que Gran Bretaña le dio a los países hispanoamericanos fue de 20.529.000 libras esterlinas. Es un hecho que los gobiernos de las nuevas naciones tuvieron que suspender el pago de los intereses de sus empréstitos y quedaron endeudados por la mayor parte del siglo. Conviene preguntarse, entonces: ¿Realmente Venezuela se independizó? ¿Hasta qué punto? Más que una victoria de los hispanoamericanos, nuestra indepencia fue la victoria de los británicos, los holandeses y el pueblo judío-sefardí, que desde el mismo período colonial había desafiado a la Corona Española.

¿Cuál fue realmente la trascendencia y la importancia de nuestra independencia, más allá de las epopeyas románticas?

El origen étnico de Francisco de Miranda

1. Miranda mandó a borrar muchos archivos sobre su vida a finales de 1810, según Chocrón Cohén. Se presume que la limpieza de los archivos tuvo que ver con el pasado étnico de su familia, pero en realidad pudieron también existir otros motivos.

2. La profesión del padre de Francisco de Miranda no era común entre los cristianos viejos, tampoco la de la madre. En los siglos XVIII y XIX, se consideraba que ser propietario de una tienda de lienzos era un oficio bajo e impropio de una persona blanca.

3. Matilde, la hermana de Sebastián Francisco de Miranda, estuvo casada con Diego Mateo Rodríguez de Núñez, quien desempeñaba el cargo de receptor del Santo Oficio de la Inquisición en Caracas. Francisco de Miranda fue perseguido por la Inquisición. ¿La relación de parentesco con Diego de Mateo Rodríguez de Núñez lo pudo ayudar? Un pequeño detalle que Don Chocrón Cohén perdió de vista en su excelente libro “La identidad secreta de Miranda”

4. En el Archivo General de Simancas, se ha comprobado que algunos mercaderes judíos en el Nuevo Mundo portaban el apellido Miranda (siglo XVIII). Gracias a los informes del corsario Pedro Garaycoechea se tiene esa información.

5. El lugar de nacimiento de Sebastián Francisco de Miranda sigue siendo objeto de discusiones. Nadie sabe con exactitud dónde nació Miranda.

6. Las leyes de la España borbónica no restringían el acceso de los hombres de humilde cuna a las órdenes militares. ¿Cuál era el verdadero problema con el padre de Francisco de Miranda? Probablemente era descendiente de judíos. Después de todo, el pueblo en el cual se originó el apellido era marrano casi en su totalidad.

7. Muchos Miranda fueron juzgados por el Santo Oficio de la Inquisición.

8. A lo largo de su vida, también existieron dudas con respecto a su edad. Francisco de Miranda se quitó la edad en algunas ocasiones. Su fecha de nacimiento ha sido también tema de discusión.

9. Miranda en Newport (Estados Unidos) tuvo importantes lazos con judíos que llevaron los mismos apellidos de su árbol genealógico y se piensa que pudieron estar emparentados. Entre ellos, Isaac Miranda y Jacob Rodríguez de Rivera. En los diarios de Miranda, este describe a Rodríguez Rivera como un judío de carácter y honradez. Rodríguez Rivera fue un importante empresario que introdujo en América la manufactura de la cera o aceite de esperma.

10. El documento original de la limpieza de sangre del padre de Miranda hace mucha énfasis en demostrar su condición de “cristiano viejo”, negando en todo momento ser “descendiente de judíos”. Llama la atención que ese detalle del documento original sea omitido en libros de Historia.

11. Miranda tuvo fuertes diferencias con el arzobispo Coll y Prat. El obispo Constantino Maradei Donato nos cuenta en una de sus obras: “Pese a todo el odio que se dice tenía Miranda al arzobispo Coll y Prat, este siempre pudo conseguir que a raíz de la independencia no fueran abolidos los conventos y que no entrara en la Constitución el artículo sobre la libertad de cultos”.

12. La esposa de Francisco de Miranda, la señora Sarah Andrews, era presuntamente de origen judío. Según William Spence Robertson de la Universidad de Chicago, nunca se encontró un certificado de matrimonio entre Francisco de Miranda y Sarah Andrews.

13. Miranda siempre viajaba con archivos sobre su origen étnico, los cuales tenía bajo candado. Es curioso que, todavía existan tantas dudas sobre el tema. Uno, sin embargo, se pregunta: ¿Su origen le permitió obtener financiamiento? En sus diarios, se puede evidenciar que los barrios judíos eran unos de sus principales destinos, en la mayoría de las ciudades que visitó.

14. En Madrid (España) existió otro Francisco de Miranda en el siglo XVIII. Este Miranda fue el más importante y rico criptojudío de la ciudad, según el libro Crypto-Judaism And The Spanish Inquisition, de Michael Alpert (2001). Es curioso que, ambos Francisco de Miranda fueron perseguidos por la Inquisición. ¿Por qué?

15. Algunos han sugerido que Francisco de Miranda pudo estar emparentado con Baruch de Spinoza.

16. Francisco de Miranda, durante su estadía en EEUU, se inscribió en un curso de hebreo. Su profesor fue nada más y nada menos que Ezra Stiles de la Universidad de Yale, uno de los académicos más importantes de EEUU y el séptimo presidente de dicha universidad. Miranda mostró siempre admiración por el pueblo judío y contabilizaba minuciosamente la cantidad de mano de obra hebrea que participó en la construcción de las grandes maravillas arquitectónicas del mundo.

17. En septiembre de 1800, entre las nueve familias judías (92 refugiados) que llegaron a las costas de Puerto Cabello provenientes de la isla de Curazao, una de ellas llevaba el apellido Miranda. Abraham Miranda, Rita Miranda, Arón Miranda, David Miranda, Salud Miranda y los otros miembros de la familia se hospedaron en la casa de Joseph María Aurrecoechea.

18. Salomón Rodríguez de Miranda, nacido en Ámsterdam, en 1878, fue miembro prominente del Partido de los Trabajadores de Holanda. Tras la invasión alemana a Holanda, fue arrestado y deportado al campo de concentración de Amersfoort, donde murió en 1941.

El mundo judío y Venezuela

El tercer país del mundo en reconocer la independencia de Israel fue Venezuela. Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y Andrés Eloy Blanco le dieron respaldo a la causa de Israel desde Miraflores. Mariano Picón Salas fue uno de los intelectuales que apoyó a los gestores del Comité Pro Palestina Hebrea.

La primera vez que ondeó una bandera israelí en el suelo venezolano fue en el año 1947, en un evento organizado por el Comité Pro Palestina Hebrea. La ubicación escogida fue el parque de diversiones Coney Island de Los Palos Grandes (Distrito Sucre para ese entonces).

El pueblo Salomón en Táchira (Venezuela) le debe su nombre al converso de origen hebreo-judío Hernando Lorenzo Salomón, el cual fue el primer maestro de San Cristóbal.

En la nomenclatura de los Andes Venezolanos existen muchos lugares que le deben su nombre a judíos. Además de la Quebrada El Judío (cerca de San Cristóbal) y el Páramo El Judío (entre Apure y Táchira), en el límite de los Estados Barinas y Mérida se encuentra la curiosa Laguna El Judío.

Además de los judíos mencionados en este artículo, Abraham Meyer también luchó en las filas independentistas con el nombre de Heinrich Meyer, siendo mano derecha de Simón Bolívar. Gracias a “Memorias”, la obra escrita por la judía alemana Emma Meyer en el año 1874, es que se conoce su historia. El investigador chileno Günter Böhm ha investigado la vida de Meyer en América Latina.

En Caracas (siglo XIX), se quiso levantar un monumento en honor a la memoria de Abraham Meyer, pero su hermano Martín no quiso. Meyer vivió hasta sus últimos días como agricultor, ya que Venezuela no pudo pagar los sueldos atrasados de los soldados.

La Plaza Luis Brión, extensión del bulevar de Sabana Grande en lo que antes era la Avenida Francisco Miranda de Caracas, lleva su nombre en honor al judío curazoleño que apoyó el movimiento independentista venezolano.

En un artículo publicado en el año 2010, Gerardo Dorante escribió: “La presencia de judíos en territorio venezolano fue detallada por el historiador Manuel Pérez Vila, quien señaló, que en 1569 llegó a Borburata [hoy Estado Carabobo] el conquistador Pedro Malavé De Silva, al frente de unos 300 hombres, los cuales la mayoría eran ‘marranos conversos’, expulsados de varias ciudades europeas de dominio español por orden de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla”

Debido a sus minas de sal y su privilegiada ubicación estratégica, Punta de Araya (Sucre, Venezuela) fue desde el siglo XVII uno de los puntos clave de penetración holandesa y hebrea (judía) en la América Española.

En el área del Esequibo Venezolano, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales tuvo importantes operaciones. Los judíos y los holandeses se establecieron en Nueva Neerlandia -a veces llamada Nueva Zeelandia-. Paulina Gamus Gallegos escribió que: “En un documento español fechado en 1743 se pide vigilar la presencia de judíos que en gran cantidad se trasladaban entre las orillas del Amazonas y del Orinoco. Eran judíos establecidos en Nueva Zeelandia, nombre de una posesión holandesa ubicada en la región del Esequibo.”

La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, casi tan poderosa como la Oriental, fue autorizada en 1621. Es decir, comenzó formalmente sus operaciones a principios del siglo XVII.

En 1579, Santo Tomás de Guayana fue destruida por el pirata judío holandés Adriano Sansón. No se sabe si este Sansón esta relacionado con la familia que luego se asentó en el Estado Táchira, de origen sefardí también. (Landaeta Rosales, 1903). En el libro “Resumen de la Historia de Venezuela” (1841), Rafael María Baralt y Ramón Díaz cuentan brevemente los detalles de la invasión del área del Orinoco, operación holandesa comandada por Adriano Sansón, de origen hebreo-judío. Los holandeses y los judíos fueron apoyados por los indígenas, incluso logrando la expulsión de los jesuitas Ignacio Llauri y Julián Vergara.

Según Pablo Schvartzman, el conquistador Fernando de Contreras encontró nombres hebreos en las comunidades indígenas: Sara, Betzabé, Raquel, entre otros. Después de Contreras, algunos conquistadores encontraron los siguientes nombres: Jonaiso, Jonasetel, Jonapain, Sansón, Salomón, etc.

Alberto Liamgot, en la edición #62 de la Revista Maguen-Escudo de la comunidad judía venezolana, hace un análisis de las distintas hipótesis sobre el origen hebreo de las comunidades precolombinas en América. Una de las más interesantes es la de Antonio de Montezinos (Aharon Leví), criptojudío portugués que viajó a América antes de 1644 y fue procesado por el Santo Oficio de la Inquisición. El portugués contó que se reunió con una comunidad indígena que lo recibió con el rezo hebreo “Shemá Israel”, llegando a persuadir al rabino Menasseh Ben Israel sobre la posible existencia de las Tribus Perdidas de Israel en el Nuevo Mundo.

Más allá de la todavía cuestionable presencia judía en los tiempos precolombinos, lo que sí está confirmado por los historiadores es que los hebreos acompañaron a Colón en su viaje y hasta financiaron su proyecto. Entre los financistas, destacan el banquero converso Luis de Santángelo, Francisco Pinelo y Abraham Senior. Los tres conocían el proyecto de Colón: conquisyar la Cansa Sancta de Hierusalém, aunque todavía las academias discuten lo que quiso decir Colón con ese término. De acuerdo a Manuel Moreno Alonso de la Academia Real de la Historia de España, una hipótesis sugiere que se pudo tratar de la construcción de la Beit HaMikdash.

El padre jesuita José Gumilla encontró elementos judaizantes en las comunidades indígenas del Orinoco. Estos indígenas tenían horror a comer la cane de cerdo; se lavaban el cuerpo como los judíos; la oración ritual que dirigían al Sol todos los días era la misma que dicen los hebreos y que figura en el Deuteronomio; etcétera. Gumilla le preguntó a los indígenas de quién habían aprendido esa oración y ellos respondieron que de sus antepasados. (Pablo Schvartzman, 1963)

La familia Newman de los Andes Venezolanos -muy popular en el pueblo Canaguá-, también estuvo relacionada con la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Su llegada a Venezuela en el siglo XIX.

Por mucho tiempo, “la economía venezolana estuvo virtualmente (prácticamente) en manos de los holandeses”, afirmó el historiador Celestino Arauz Monfante, de la Academia Nacional de la Historia. El contrabando era el modus vivendi por excelencia en Venezuela. En esto coincidieron los historiadores Rafael María Baralt y Ramón Díaz, aproximadamente dos siglos atrás, quienes dijeron que hasta el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana, la economía del territorio que hoy conocemos como Venezuela era manejada por los holandeses.

La primera concesión para navegar en barcos de vapor por el río Magdalena fue otorgada por Simón Bolívar al alemán Juan Bernardo Elbers, en el año 1823.

Caracas fue fundada el 25 de julio de 1567 por Diego de Losada, aunque tuvo como primer antecedente el hato ganadero establecido por Francisco Fajardo, llamado “San Francisco”. Lo que la mayoría de los venezolanos ignora es que, de todos los españoles que acompañaron a Losada, uno de ellos pudo haber sido judío: Abraham Cea (Zea). Víctor Cherem Laniado, en la edición #116 de la Revista judía venezolana Maguén-Escudo dice lo siguiente: “El aporte de alimentos lo asegura al atender el conquistador la tierra y el ganado, y dedicarse el aborigen a la caza y la pesca, dejando a los más diestros la posibilidad de ejercer su oficio, entre ellos… el judío Abraham Cea con la casa de cambios”. Estamos hablando del año 1567… mucho antes de la inmigración de judíos sefardíes en el siglo XIX y la de azhkenazíes en el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.