Opinión

Esos votos que faltaron en nuestro Salón de la Fama

Tres votos. Eso fue lo que le faltó a Leonardo Hernández para conseguir un merecido lugar en el Salón de la Fama del béisbol venezolano. Tres electores más que le hubieran apoyado y ya formaría parte de la promoción que será exaltada a finales de año, en el pabellón de Valencia.

El ex antesalista ha ido subiendo en las últimas ediciones del proceso y parece seguro que conseguirá su estatuilla en 2018. Es inconcebible que haya tenido que esperar tanto, será casi un cuarto de siglo desde su retiro, pero valdrá la pena, porque habrá justicia.

Seamos claros: cada quien tiene derecho a elegir como mejor considere. Así es la democracia. Pero en casos como este, es obligatorio que quienes tenemos el privilegio de llenar una papeleta seamos tan rigurosos como desapasionados.

También estamos obligados a votar en contexto. A Hernández no se le puede contrastar con las listas de todos los tiempos hoy, sino con el momento en que se retiró. Pasa igual con casi cualquier otro pelotero. Si comparamos a Joe DiMaggio con sus colegas hasta 2017, posiblemente terminemos decepcionados. Sus 361 jonrones, sus 1.537 impulsadas, sus 389 dobletes palidecen ante lo que vino después. Pero hasta 1951, el año de su retiro, DiMaggio fue uno de los más grandes de todos los tiempos. De eso se trata.

Leonardo dijo adiós con 72 cuadrangulares, sólo por detrás de Antonio Armas en la LVBP. Tenía 416 empujadas, más que Armas y únicamente superado por Víctor Davalillo y Camaleón García. Sumaba 155 tubeyes, apenas por detrás de Davalillo, García y César Tovar. Acumulaba 74 bases robadas y fue el primero en nuestro béisbol con 70 estafas y 70 vuelacercas, algo tan difícil de lograr, que apenas ha sido emulado por Robert Pérez.

Fue un defensor excepcional, además, con buen brazo y buen guante. No hay razones para que no sea parte de nuestro Salón de la Fama.

Los votantes tenemos un obstáculo para hacer justicia, y es que apenas podemos seleccionar a seis candidatos. En contraste, para el templo de Cooperstown son 10. Debido a eso, es muy difícil que entre más de un postulado por año. De hecho, Giovanni Carrara consiguió su consagración por un tris; de haber sumado una planilla menos, solamente, también habría sido postergado.

Hay por eso muchas cuentas pendientes. Juan Carlos Pulido, el zurdo más exitoso en la historia de nuestra pelota, tiene que entrar algún día. También Edwin Hurtado, el mejor pitcher en postemporadas, y Richard Garcés, y habrá quien diga lo mismo sobre Omar Daal, Alex Delgado, Luis Raven, Tom Evans o Jesús Alfaro.

Existe un caso, sin embargo, que llama nuestra atención sobre todos los demás: el de Magglio Ordóñez.

El falconiano criado en Puerto La Cruz consiguió apenas 34 por ciento de los votos. Eso es absurdo. Estamos hablando del segundo o tercer mejor bateador venezolano de todos los tiempos en las Grandes Ligas, con .871 de OPS, un average de .312, un título de bateo y 1.236 empujadas.

Los votantes del Salón de la Fama no estamos eligiendo al mejor alcalde o al mejor político. Hay muchas razones para cuestionar la actuación pública de Ordóñez fuera del béisbol. Pero su desempeño en el terreno es único y quienes no votaron por él cometieron una grave injusticia. Los aficionados tienen derecho a ser subjetivos. Los analistas no.

@IgnacioSerrano

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