Opinión

El Clásico Mundial y los puntos sobre las íes

El Clásico Mundial de Beisbol comenzó a poner los puntos sobre las íes.

No hablamos, necesariamente, del pase de Venezuela a la segunda ronda. Su nómina de grandeligas hacía pensar que debía disputarle a México y Puerto Rico uno de los dos cupos en San Diego, pero ya vimos que la tropa boricua fue el único integrante de esa llave que respondió a las expectativas previas. Ya se verá qué ocurre en la segunda ronda.

En Asia, sin embargo, el torneo ya habló. Japón, con su contingente de estrellas de la competitiva NPB, la pelota mayor del archipiélago, volvió a meterse en la semifinal. Cuba, sin aquellas grandes figuras que viven fuera de la isla, volvió a quedar fuera antes de lo esperado por sus parciales y por muchos de sus seguidores en todo el planeta.

En el Tokio Dome se impusieron los elencos de más peso. Y eso incluye a Holanda, la novena armada por tulipanes procedentes de Europa y de sus estados asociados Curazao y Aruba. Demasiados bigleaguers con estatus estelar en el roster neerlandés explican los dos nocauts con que cerraron su desempeño en esta fase.

Es un golpe muy duro para el orgullo cubano. Muy atrás lucen los tiempos en que recorrían invictos los campeonatos mundiales y los Juegos Olímpicos. La fusión de los ámbitos profesional y amateur, forzada por el evidente, pero no declarado profesionalismo del deporte al otro lado de la Cortina de Hierro, fue matizando las diferencias. Hoy incluso se ve lejano el subcampeonato de los antillanos en el Clásico de 2006. Desde entonces, han caído tres veces seguidas en la segunda ronda: en 2009, 2013 y en esta oportunidad.

Quizás sería distinto con todos esos jugadores que tienen en las Grandes Ligas. No tendrían la ventaja de prepararse con suficiente tiempo, sin las limitaciones que impone la MLB, pero ganarían en peso específico, al recuperar a los Yoenis Céspedes, a los Yulieski Gurriel.

A Cuba, en general, le ha servido de ayuda que la falta de restricciones lleve a los organizadores a ubicarle generalmente en las eliminatorias del Lejano Oriente. Es evidente el contraste entre las dos mitades del draw. Así como hay un debate con la fecha en que se disputa la cita (y el manager de los Yanquis, Joe Girardi, acaba de sostener que en junio ocurrirían menos lesiones), así debería hablarse de los desequilibrios de tener a Japón, Holanda, Israel y Cuba por un lado, y a Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela por el otro. El contraste es demasiado.

La campaña admirable de Israel terminó sin ruido ni atenuantes. El beisbol permite esas cosas: en trayectos muy cortos, son comunes las sorpresas; conforme la carrera avanza, las cargas se enderezan y las aguas retoman su nivel. En este deporte de promedios, donde las tendencias pierden batallas, pero ganan la guerra, la mayor profundidad y peso de los japoneses y el lineup grandeliga de los holandeses terminaron por dar a cada quien su merecido.

Incluso Venezuela, con su gris desempeño inicial, terminó ganando dos de tres, para pasar de ronda. Ni lo primero era del todo verdadero, esa catástrofe contra los boricuas, ni el promedio de .667 con que ganaron a continuación significa que jugaron buena pelota. Ya veremos esta semana qué puntos le pone a las íes de la Vinotinto este Clásico Mundial.

@IgnacioSerrano

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