Opinión

El caso de Andrés Galarraga y la promesa de Jesús Aguilar

Apenas cinco venezolanos han conseguido 40 jonrones en una temporada de Grandes Ligas. Es una lista tan pequeña como brillante, que inauguró Antonio Armas en 1984, con 43.

Andrés Galarraga, Richard Hidalgo, Miguel Cabrera y Carlos González, en ese orden, consiguieron membresía en el club. Galarraga (tres veces) y Cabrera (dos) pudieron repetir la gesta. Y ahora, a medio camino, encontramos a Jesús Aguilar.

El inicialista de los Cerveceros retomó el domingo el liderato de cuadrangulares en la Liga Nacional y el lunes llegó a 23 bambinazos, con un tablazo que recordó a El Gato. Cuando el gigantón de Chapellín sonó sus 47, para implantar el récord nacional, en 1996, disparó el número 23 en el juego 92 de sus Rockies. Su heredero lo hizo en el encuentro 91.

Es imposible de predecir que Aguilar dará caza a la marca de Galarraga. Muchas cosas pueden suceder, aunque en este momento tiene lo principal: está sano, jugando a diario, tomando grandes turnos al bate, con madurez para esperar su pitcheo, sin atacar primeros lanzamientos y aprovechando la fuerza que sin duda posee.

La proyección lo pone sobre 40. Sería el sexto integrante criollo de esa élite. Veremos cuán capaz es de hacer realidad la regla de tres. Pero eso nos lleva a otra coincidencia con su antecesor caraqueño, a partir de la promesa que esta semana hizo el primera base de Milwaukee.

Asegura Aguilar que jugará en la próxima temporada de la LVBP. Y hay motivos para creer que su entusiasmo es verdadero: casi nunca faltó a los Leones, así fuera por un puñado de encuentros, y ahora pertenece a los Tigres, la divisa de su ciudad natal, donde podrá ver las caras de parientes y amigos de la infancia al voltear a las tribunas.

Es tan riesgoso dar por seguro que llegará a las cuatro decenas de bambinazos como garantizar que estará uniformado en el estadio José Pérez Colmenares. De hecho, es posible que un objetivo excluya al otro, y que cada vuelacercas del aragüeño represente un juego menos con los bengalíes, metafóricamente hablando.

Ni siquiera es convincente el argumento de que los Cerveceros no son quisquillosos con el beisbol invernal. Los tres grandeligas criollos que estaban en planes de jugar como titulares con esa novena en 2018 tuvieron que abstenerse de actuar en la LVBP. Orlando Arcia tiró pronto la toalla. Jhoulys Chacín razonó, sin éxito. Y Manuel Piña se entrenó en el Antonio Herrera Gutiérrez durante un mes, mientras insistía en jugar con los Cardenales, hasta que finalmente aceptó la orden del norte.

Hernán Pérez tomó 42 turnos con los bengalíes, pero ya sabía que sería utility allá. Junior Guerra lanzó hasta la final, pero su destino era empezar en las Menores, como pasó. Y el propio Aguilar, que no tenía lugar en el roster de los Cerveceros, dejó al Caracas después de la primera semana de enero porque quería llegar descansado al Spring Training.

¿Jugará? Él quiere. Pero en noviembre quizás tenga 600 apariciones encima, más de 40 jonrones, el cansancio de la postemporada, muchos votos para el Más Valioso y posiblemente una propuesta de contrato a largo plazo por 8 o 10 millones de dólares anuales.

Galarraga no actuó más en la LVBP después de ser campeón bate con Colorado. Era lo lógico. Ya veremos en cuántas cosas más lo emula Aguilar.

@IgnacioSerrano

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