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Tiburón salado

Las aspiraciones de La Guaira se complicaron, en mayor parte, por los problemas al producir anotaciones con hombres en posición anotadora. La situación del equipo ayer estaba a ley de un milagro

Oswaldo Guillén

 El manager Oswaldo Guillén ha tenido una campaña más dura que la de su debut, el año pasado 

Por ANDRIW SÁNCHEZ RUIZ

Antes de que cayera la noche del jueves, el clubhouse de los Tiburones de La Guaira era como una sala de terapia intensiva en donde alguien agoniza: no todo estaba perdido, a pesar del acecho de la guadaña. Una recuperación milagrosa, con no menos ayuda divina para encontrar situaciones favorables, lucía como la única salida. La realidad era que la derrota significaba la ruina y el éxito de los Caribes de Anzoátegui también llevaba al mismo trágico destino.

Los diagnósticos llueven durante una crisis, y es algo que todo el mundo espera. Siempre se quiere conocer el porqué ocurren las complicaciones. En el caso de los escualos, la exactitud estadística sugiere el desperdicio constante de oportunidades de hacer daño. Es sencillo determinar eso. Solo hay que observar detalladamente las situaciones con hombres en posición anotadora.

En tales casos, sin contar el juego de anoche contra los Navegantes del Magallanes, los salados poseían un promedio de bateo de .274, el segundo peor del circuito solo por mejor que el .241 de los Tigres de Aragua. Sin embargo, lo que más destaca en el análisis es la incapacidad que ha padecido el equipo de dar los grandes batazos en los momentos más oportunos. Su slugging, cada vez que hay corredores en la intermedia, la antesala o en ambas, era de .353, apenas mejor que el guarismo de los Bravos de Margarita (.351)..

La Guaira tenía hasta el amanecer de ayer 65 carreras anotadas cuando conseguía hombres en posición anotadora, casi diez rayitas menos que la media de la liga en el mencionado escenario (74,75).

La suerte tampoco ha ayudado a los dirigidos de Oswaldo Guillén en la búsqueda de un gran bateador encargado de traer las carreras al plato, como lo hizo Alex Cabrera en su momento. Los hechos argumentan la idea: el receptor e inicialista Isaías Tejeda, quien estaba en medio de una buena temporada e iba a acompañar al cardumen hasta el final, se fracturó una mano a mediados de noviembre; poseía 17 remolcadas y un OPS (sumatoria de embasado y slugging) de .946. José “Cafecito” Martínez, el bate insigne de la organización, probado en las mayores, sufrió un tirón en la pierna derecha a finales del mes pasado y todavía no se ha podido recuperar; en 15 juegos fletó 14 y su OPS fue de 1.095.

El cubano Yasiel Balaguert fue despedido por no tomarle el ritmo al circuito. José Castillo bajó su producción en diciembre, y ahora está en Aragua, en donde ha despertado. Luis Sardiñas se perdió casi dos meses de zafra por una fractura en el dedo de una mano.

Una de las salvedades ha sido el receptor novato Arvicent Pérez, quien ha bateado .345 las veces que ha visto compañeros esperando remolque. De hecho, de sus 16 empujadas 15 han sido en momentos con hombres en posición de anotar.

Las afecciones de producción explican por qué Tiburones ha perdido 13 de los 17 juegos que se han definido por una carrera, y las dificultades para remontar adversidades: su récord es de 5-27 cuando el rival le anota primero.

EL DATO

El aspecto positivo de los Tiburones esta campaña ha sido su cuerpo de relevistas. Los bomberos tenían una efectividad colectiva de 4.03 antes del encuentro de anoche

LA CIFRA

13 cuadrangulares posee La Guaira en la temporada, la segunda cantidad más baja en la liga. Jesús “Cacao” Valdez y José Vargas poseen más jonrones que la colectividad salada.