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Trump: ¿una prueba sin precedentes para la democracia de EE UU?

Tras una polémica campaña y la sorpresiva llegada a la presidencia del empresario, expertos analizan el ambiente político vivido en los últimos meses

Trump

¿Se encuentra EE.UU. realmente ante una prueba inédita que haya enfrentado su democracia? Algunos expertos creen que todavía es temprano para responder a esa pregunta.

Donald Trump asume este viernes como el 45º presidente de Estados Unidos, con la mirada del mundo puesta en él y un clima político inusual para una democracia de más de 220 años.

Cómo puede impactar a América Latina la presidencia de Donald Trump en EE.UU.

Es atípico que el presidente saliente de EE.UU. diga que volverá al ruedo político si ve discriminación sistemática, obstáculos para que la gente vote, intentos de silenciar a la prensa o expulsión de inmigrantes que llegaron siendo menores.

Pero eso es exactamente lo que hizo Barack Obama el miércoles, aludiendo indirectamente a Trump.

"Hay una diferencia entre (el) funcionamiento normal de la política y ciertos temas o momentos en los que creo que nuestros valores fundamentales pueden estar en juego", dijo Obama en su última conferencia de prensa en la Casa Blanca.

Es extraordinario que las agencias de inteligencia estadounidenses indicaran que hackers de Rusia interfirieron en las elecciones de EE.UU. para beneficiar la candidatura de Trump.

Es muy poco habitual que grupos defensores de los derechos humanos y de la libertad de expresión manifiesten abiertamente inquietud sobre cómo puede actuar el presidente entrante de EE.UU., como lo están haciendo sobre Trump.

Y es inusual para este país que decenas de congresistas boicoteen la asunción de un presidente electo por voto popular, como planearon hacer varios demócratas con Trump, o que se organicen tantas protestas callejeras por un cambio presidencial en Washington.

Entonces, ¿se encuentra EE.UU. realmente ante una prueba inédita que haya enfrentado su democracia?

"La amenaza"

Algunos expertos creen que todavía es temprano para responder a esa pregunta, ya que Trump ni siquiera ha comenzado a gobernar y tendrá límites claramente establecidos por la Constitución.

Pero otros sostienen que lo que ha dicho y hecho Trump desde que se lanzó a vida política antes de estas elecciones ya es suficiente para verlo como un riesgo para la democracia.

"Como presidente, Donald Trump es claramente la figura más autoritaria que asciende a la presidencia de EE.UU. en más de un siglo. Puede ser la más autoritaria desde Andrew Jackson, a comienzos del siglo XIX", le dice a BBC Mundo Steven Levitsky, profesor de gobierno en la Universidad de Harvard.

A su juicio, esa amenaza es aún mayor que las enfrentadas por el país en la Segunda Guerra Mundial, la Gran Depresión, la polarización de fines de la década de 1960 con cierto grado de violencia, el temor al comunismo manifestado en el Macarthismo a mediados del siglo XX o el escándalo Watergate, que obligó a Richard Nixon a renunciar a la presidencia en 1974.

"Esto va a ser una especie de test sin precedentes, al menos en la era moderna", sostiene Levitsky.

"Trump es un fenómeno más reconocible para los latinoamericanos, un populista cuyos instintos son atacar el establishment, las formas que hay de hacer las cosas, las normas existentes".

Quienes acusan de autoritarismo al magnate recuerdan, por ejemplo, cuando en la campaña electoral dijo que si él fuera presidente, Hillary Clinton, su rival demócrata en las elecciones, estaría presa.

También señalan la negativa de Trump a comprometerse antes de la elección a aceptar el veredicto de las urnas o sus constantes ataques a medios de información, que continuaron después de ser electo.

Michael Suk-Young Chwe, un profesor de ciencia política en la Universidad de California-Los Ángeles, sostuvo que la amenaza proviene de la una mayoría de blancos y hombres que "apoyan a un candidato que quiere retrasar el proceso democrático" para evitar perder sus privilegios.

"Es el mayor peligro para la democracia desde la Segunda Guerra Mundial, incluso quizás desde la Guerra Civil", escribió en el blog de Princeton University Press.

"Dividido"

Sin embargo, los defensores de Trump sostienen que antidemocráticos son quienes se niegan a aceptar el resultado electoral de noviembre.

La ceremonia de cambio presidencial este viernes en Washington, donde se esperan cientos de miles de manifestantes en las calles a favor y en contra de Trump, podría ser un reflejo de la polarización que vive Estados Unidos.

La cantidad de permisos solicitados por varios grupos para organizar protestas en la capital supera la veintena, muchos más que en traspasos de mando anteriores.

Unos 28.000 funcionarios de seguridad serán desplegados en Washington para evitar incidentes y mantener separados a manifestantes pro y contra Trump.

A eso se suman comentarios despectivos que lanzó en la campaña contra inmigrantes mexicanos, musulmanes o mujeres —que para muchos revelan un perfil xenófobo, racista o misógino—, así como sus palabras a favor de técnicas de interrogación contra sospechosos de terrorismo consideradas tortura.

"En la búsqueda de una respuesta sencilla se termina estigmatizando a un sector de la población" y "se ofrecen soluciones que pueden ser la mano dura, la tortura, la deportación masiva", dice José Miguel Vivanco, director de la división de las Américas de Human Rights Watch.

"Ése es el problema y ésa es la amenaza que representa Donald Trump", añade en diálogo con BBC Mundo. "Lo que estamos percibiendo con su elección es que ninguna sociedad, por desarrollada que sea, está al margen de este riesgo".

Más de medio centenar de legisladores demócratas anticiparon que no asistirán a la ceremonia oficial, en protesta por críticas que Trump lanzó contra un congresista y símbolo de los derechos civiles, John Lewis.

Para el sábado se organiza una marcha de mujeres en la capital para enviar al gobierno de Trump un mensaje de defensa de los derechos de género, la cual podría volverse la mayor manifestación durante un cambio de mando en la historia estadounidense.

Cientos de marchas similares se han programado en otras ciudades del mundo.

Las protestas contra Trump (incluso con carteles que leían: "no es mi presidente") comenzaron inmediatamente después de las elecciones en varias ciudades, aunque hasta ahora nunca llegaron a ser masivas.

"Tuve una elección presidencial muy abierta y exitosa. Ahora los manifestantes profesionales, incitados por los medios de comunicación, están protestando. ¡Muy injusto!", afirmó el propio Trump en su cuenta de Twitter al día siguiente de ser electo.

Este jueves, cuando llegó a Washington para iniciar los actos de cambio de mando, el presidente electo volvió a usar Twitter para reproducir las palabras de un reverendo que sostuvo: "No fue Donald Trump quien dividió este país, este país ha estado dividido por mucho tiempo".

Y en un breve mensaje ante el Monumento a Lincoln, aseguró: "Vamos a unificar nuestro país".

Trump y el sistema

La mayor preocupación de los padres fundadores de EE.UU. era evitar la tiranía y hasta ahora el sistema de contrapeso de poderes que crearon y que fue un ejemplo mundial ha superado varios retos.

Sin embargo, Trump asumirá una presidencia que ha acumulado mucho poder en los últimos tiempos, sobre todo desde de los ataques de al-Qaeda en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001.

Además contará con un Congreso controlado por su Partido Republicano, donde tras la elección la mayoría de los altos dirigentes desactivaron las críticas contra Trump.

Sin embargo, el magnate que ganó fama con un reality show en TV también llega a la Casa Blanca con el menor apoyo popular que haya tenido un presidente entrante de EE.UU. en la era moderna, según diferentes encuestas.

Por otro lado, Trump nominó en su gabinete a varios millonarios y militares sin demasiada experiencia en asuntos de gobierno y negociaciones políticas, en las que a menudo hay que ceder para obtener algo a cambio.

Pero poco y nada se sabe con certeza sobre cómo gobernará Trump finalmente.

Por eso mismo, hay quienes creen que es demasiado pronto para sostener que el presidente entrante es una amenaza para la democracia estadounidense.

"Es posible que ese sea el caso, pero también es posible que Trump quiera hacer cambios de política respetando la legalidad y el orden constitucional", sostiene William Galston, que fue asesor del expresidente Bill Clinton y actualmente es un experto en política doméstica en la Institución Brookings, con sede en Washington.

¿Y si Trump muestra tendencias autoritarias desde la presidencia? ¿Podrá contenerlo el sistema?

"Es altamente probable que el sistema prevalezca", le responde Galston a BBC Mundo.

"Y no hay forma de que un hombre por sí solo pueda cambiar el sistema: necesitaría mucha ayuda, y sospecho que no la obtendría".