Cuento chino y pérdida de soberanía
11-Nov 04:45 am|El Nacional
Los tratados firmados con la República Popular China no pueden repudiarse. Y, mal que bien, contar con un financiamiento de más de 30 millardos de dólares no deja de representar un beneficio. El problema consiste en dónde se aplicarán esos recursos

El presidente de China Hu Jintao con su homólogo venezolano Hugo Chávez | CORTESIA PRENSA MIRAFLORES/ EL NACIONAL
Actualmente se encuentra en cartelera una excelente película argentina
titulada Un cuento chino. En ella un personaje nacido en el milenario
país oriental irrumpe en la vida de un hombre solitario y la perturba.
Algo parecido sucede en nuestro país, en donde miles de millones de
yuanes y otro tanto de moneda convertible se le han prestado al Gobierno
nacional para que disponga de ellos según le venga en gana.
Los llamados fondo de gran volumen y fondo pesado concedidos por el gran
país asiático suman 32.000 millones de dólares de los que el Gobierno
nacional puede disponer según su conveniencia. Como no sabe muy bien en
qué utilizarlos, los ha asignado a las obras más disímiles y
estrambóticas, como los ferrocarriles que pretenden sustituir, dentro de
los próximos diez años, a los caminos y carreteras que ahora se caen a
pedazos. El resto lo dedica a la importación de electrodomésticos para
comprar votos en las elecciones del año venidero.
Lo grave del asunto es que los préstamos no son gratuitos. Se deben
pagar con remesas de petróleo que disminuyen los ingresos de la nación y
debilitan las finanzas de nuestra industria petrolera, en la medida en
que tales envíos no engrosan los balances de Pdvsa ni se añaden al
presupuesto de la nación.
El diputado Miguel Ángel Rodríguez y otros parlamentarios de oposición
han denunciado estos convenios y han señalado que pueden ser
inconstitucionales. Pero según las prácticas de las relaciones
internacionales, los acuerdos contraídos por gobiernos legalmente
constituidos, como es el nuestro, deben cumplirse.
De manera que, independientemente de su conveniencia, los tratados
firmados con la República Popular China no pueden repudiarse. Y, mal que
bien, contar con un financiamiento de más de 30 millardos de dólares no
deja de representar un beneficio. El problema consiste en dónde se
aplicarán esos recursos.
Si fueran dedicados a aumentar la capacidad de producción petrolera, a
explotar las reservas que, según se dice, son las más grandes de la
tierra o se dedicaran al bienestar de los venezolanos postergados, los
préstamos serían bienvenidos. Pero si, según parece, el petróleo que
dedicamos a pagarlos va a derrocharse en proyectos fantásticos y en la
compra de votos, se estaría hipotecando la riqueza petrolera
irresponsablemente.
Esto no lo ha aclarado el Gobierno y las transacciones con China
permanecen en la más absoluta oscuridad. Por ello no les falta razón a
los diputados de oposición cuando denuncian que los acuerdos con China
son una caja negra o más bien amarilla. Los planes para utilizar los
inmensos recursos involucrados reflejan una improvisación inaceptable
muy propia de militares corruptos e ineptos.
De hecho, no es malo obtener financiamiento. Pero es necesario saber en
qué va a ser utilizado. Pues lo contrario significa endeudarse sin ton
ni son, con la consecuente pérdida de soberanía nacional. Y la estamos
perdiendo con China.