Referéndum griego, sigue la crisis
04-Nov 05:00 am|El Nacional
Es cierto que el referéndum sería casi un chantaje. Se le preguntaría a
los griegos si prefieren resignarse a la miseria o ir a la quiebra. Pero
al menos se les haría la pregunta

Protestas en Grecia | Orestis Panagiotou
El referéndum propuesto por el primer ministro Yorgos Papandreu para consultarle al pueblo griego si acepta el paquete de rescate acordado por su gobierno con la Unión Europea y la comunidad económica internacional, abrió una serie de interrogantes de amplio alcance. Por lo pronto, provocó la caída mundial de las bolsas de valores y ha encendido todas las alarmas.
Papandreu fue convocado a comienzos de esta semana a una reunión de emergencia con el Presidente de Francia, la Canciller de Alemania, los presidentes de la comisión y del consejo de la UE y la directora gerente del FMI. Hoy, a su vez, será sometido a un voto de confianza en el Parlamento griego y no se sabe si su gobierno sobreviva.
Los comentaristas afirmaban que en el supuesto caso de darse el referéndum y que fuera derrotado el plan de salvamento, se produciría un caos en Grecia, peligraría la zona del euro y se verían afectadas la economía y las finanzas mundiales. Un vocero no identificado de la Presidencia de Francia ha llegado a declarar que "no se les puede impedir a los griegos que se suiciden" y se rumora que si la idea prospera se les suspendería a los helenos de inmediato el apoyo financiero.
Esas serían sólo las consecuencias inmediatas del nonato referéndum. Porque la idea de consultar directamente al pueblo sobre los grandes problemas económicos y financieros, una vez puesta sobre la mesa, no podrá ser retirada de la agenda aunque no se lleve a cabo la consulta. Y sus implicaciones pudieran significar un terremoto en el manejo de la economía mundial.
Hasta ahora, en los países democráticos los asuntos políticos se han dirimido mediante elecciones y se ha dejado a los técnicos y a los financistas resolver los problemas económicos. Pero como esta vez los tecnócratas y los banqueros han sido sobrepasados por los acontecimientos, el político Papandreu (sobre cuyos hombros el pueblo hará recaer la responsabilidad de los males cualquiera sea el desenlace), ha propuesto que se recurra al método democrático de la votación. Y literalmente ha ardido Troya.
Cuando ocurrió la crisis de la deuda de América Latina, a ningún gobierno se le ocurrió semejante propuesta. Pero ahora que las dificultades se presentan en Europa, con viejas tradiciones democráticas, alguien se ha acordado del pueblo. Y eso antes no estaba permitido.
Es cierto que el referéndum sería casi un chantaje. Se le preguntaría a los griegos si prefieren resignarse a la miseria o ir a la quiebra. Pero al menos se les haría la pregunta. Y la debacle que amenaza a ese pueblo, ajeno al origen pero no a las consecuencias de la crisis, se discutiría abiertamente y no se dirimiría dentro de la habitación de algún hotel de lujo, que siempre invita a actos inconfesables.
Esto sería, sin lugar a dudas, el comienzo para un amplio debate sobre la relación entre la democracia y las altas finanzas, que a estas alturas resulta impostergable.