Pasos atrás, España frustrada
03-Nov 05:19 am|El Nacional
Pero lo que ahora es objeto de análisis, y no debe evadirse su consideración, es la crisis puesta de manifiesto en la reunión de Paraguay a la cual dejaron de asistir alrededor de 50% de los mandatarios de la región

Cumbre Iberoamericana en Asunción, Paraguay | AP Photo/Victor R. Caivano
La Cumbre Iberoamericana celebrada en Asunción ha sido objeto de
diversas referencias en España y Portugal, los países trasatlánticos que
hace veinte años lograron echar las bases de unas relaciones
contemporáneas más sistemáticas y promisoras con los países de América
Latina. Las antiguas vinculaciones pasaron por diversas etapas, como la
ausencia más absoluta o el paternalismo en tiempos de dictadores como
Francisco Franco. Muchos países de la región rompieron relaciones con
aquel régimen, y fueron beneficiarios del exilio español, entre ellos
México y Venezuela. La democracia española, y en buena medida también la
portuguesa, tiene deudas con Venezuela.
Pero lo que ahora es objeto de análisis, y no debe evadirse su
consideración, es la crisis puesta de manifiesto en la reunión de
Paraguay a la cual dejaron de asistir alrededor de 50% de los
mandatarios de la región. ¿Qué significa esto? Que las cumbres han
proliferado en exceso y sus decisiones van directamente a las gavetas,
que simplemente pierden el tiempo en retóricas circunstanciales, afloran
las discrepancias y no han sido capaces de crear terrenos para el
trabajo común. Todo esto puede ser.
Conviene, por tanto, examinar los sistemas y los métodos. Ya en la
cumbre iberoamericana anterior se puso de manifiesto el divorcio entre
los temas abordados y los compromisos. La Secretaría General presentó un
excelente documento sobre Educación con bases para un compromiso a
fondo, tomado en conjunto. En muchos países ni siquiera fue mencionado
por los gobiernos, como fue el caso de Venezuela. La razón es obvia,
aquella concepción democrática y plural no sólo no coincidía con el
esquema bolivariano, sino que era su antípoda. Si este caso se proyecta,
la conclusión sería la misma. En esta última cumbre se iba a discutir
el papel del Estado en las sociedades contemporáneas. Otra vez el
radicalismo bolivariano no podía coincidir sino oponerse y cuestionar lo
que podría ser un Estado democrático.
Estos son apenas dos ejemplos que ilustran las distancias que se abren
cada vez más en América Latina y entre nuestra región y los países
peninsulares. España será anfitrión de la próxima cumbre, y ya desde
ahora anunció por boca del rey que se esmerará en que nadie falte. En
que todos los jefes de Estado concurran. Ojalá. Pero debe tenerse en
cuenta la realidad y no tratar de ir contra la corriente. Un mal signo
fue la actuación del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien como un
infante terrible dio un espectáculo que hizo noticia: abandonó el salón
cuando iba a hablar el representante del Banco Mundial. Quiso aplicar
en la cumbre la censura que practica en su país. De modo que tomándose
en cuenta factores políticos y de personalidades, los gobiernos que
pretenden imponer sus ideologías sobre las reuniones, o que tienen
políticas incompatibles con el resto de latinoamericanos, deben
considerarse como obstáculos de cualquier proyecto de unidad y de
cohesión regional.