Presupuesto militar, fusiles a granel
31-Oct 05:22 am|El Nacional
Pareciera que el objetivo oficial, más que dotar a cada venezolano con un almuerzo o un lugar en la escuela para su hijo, es darle un fusil con el cual pueda matar a un compatriota. Un Kalashnikov ruso, para decir las señas
El presupuesto de 2012 se puede resumir en una sola frase en la que se
le dice a los venezolanos: "Te voy a comprar un fusil". Aunque suene
esotérico, es fácil de explicar. Mediante el cálculo del precio del
petróleo a una escala ridícula, correspondiente a la mitad de lo que
cualquier pronóstico serio recomendaría, se reducen los ingresos
ordinarios y se les rebaja a estados y municipios las transferencias que
por ley debe hacer el Gobierno central.
Eso significa que los gobiernos andinos, llaneros, centrales y
orientales, electos por el pueblo, tendrán menos recursos para
satisfacer las necesidades de la población a lo largo y ancho de la
geografía nacional. Los gobernadores y alcaldes no podrán financiar las
escuelas, dispensarios y obras públicas que demandan en cada caso las
comunidades que los eligieron.
O, lo que es casi lo mismo, que el Gobierno central se quedará con la
mayoría de los recursos provenientes de nuestra principal riqueza y los
utilizará para lo que le venga en gana. Bien sea para financiar la
campaña electoral o para, como en años anteriores, regalarlos en el
extranjero, dedicarlos a proyectos inútiles o desviarlos a cuentas en
Suiza, Irán o Libia.
Uno de los principales destinos de esa utilización arbitraria de los
dineros que se le escamotean al pueblo, al cual no le alcanzan los
reales para comprar comida, es el gasto militar. Lo que pudiera
alimentar a la población se utiliza en la compra de fusiles, tanques,
helicópteros y en la construcción de una inconclusa fábricas de armas.
Pareciera que el objetivo oficial, más que dotar a cada venezolano con
un almuerzo o un lugar en la escuela para su hijo, es darle un fusil con
el cual pueda matar a un compatriota. Un Kalashnikov ruso, para decir
las señas.
Pero como sería muy costoso y caótico dar un fusil a todos y no quedaría
claro quién mataría a quién, sólo se le debe entregar a los rojo
rojitos, elegidos por el poder central, cuyo comando lo tiene el
comandante en jefe. Así, la mitad de la población podrá someter a la
otra. Y el presupuesto nacional, en vez de circular por los horizontes y
caminos de la geografía nacional, se concentraría en financiar el
arsenal de los milicianos de la revolución o en enriquecer a los
vendedores de armas que la propician.
Lo demás es sólo un problema de aritmética. Mientras los ingresos se
queden en manos de un Gabinete Ejecutivo militarizado que responda a una
unidad de mando y se destinen a aumentar la capacidad operacional de
las fuerzas de choque no habrá contingencia, enfermedad ni providencia
que pueda alterar la fuerza del destino.
Por ello, según el jefe y sus acólitos, es revolucionario que el
presupuesto nacional se dedique, más que a hacer frente a las
necesidades de la población, al aprestamiento de las fuerzas militares
rojitas, incluyendo un aumento muy grande del sueldo de sus oficiales.