Deuda y campaña
30-Oct 07:02 am|El Nacional
Como si los apremios electorales del Presidente de la República predominaran
por sobre toda consideración económica, desde hace dos años la deuda
pública se ha disparado hasta llegar a cifras que comienzan a causar
inquietud
En las revistas especializadas del extranjero, como entre los expertos venezolanos en materias financieras, el monto de la deuda pública, y sobre todo del ritmo creciente a que está sometida, forma ya tema de consideración cotidiana. Se ha convertido en uno de los asuntos inevitables con los cuales el lector tropieza al consultar o leer periódicos o revisar la opinión de los estudiosos. El alto nivel de endeudamiento alarma a los especialistas y observadores, pero, fundamentalmente atrae su atención la forma como el Gobierno se va endeudando más y más, y la manera desordenada en que lo hace.
Como si los apremios electorales del Presidente de la República predominaran por sobre toda consideración económica, desde hace dos años la deuda pública se ha disparado hasta llegar a cifras que comienzan a causar inquietud. Según algunas estimaciones, la deuda se acerca a los 130 millardos de dólares, a la cual es preciso añadirle la de Petróleos de Venezuela, extrañamente alta.
Otro factor intriga a los analistas, la opacidad y ambigüedad de la información que el Gobierno o sus instituciones proveen. No hay confiabilidad, y no la hay por una razón simple, la burocracia se niega a ofrecerlas y, como sucede con las exportaciones de petróleo, hay que ir a las fuentes internacionales como la OPEP.
Si se suma a la deuda exterior, la feria de los compromisos electorales del Presidente y candidato oficial, el panorama de las finanzas públicas en 2013 habrá que llamar a María. El candidato todo lo resuelve a base de dinero, no consulta al Ministerio de Finanzas, ni al Banco Central, improvisa, reparte, compromete.
Compra simpatías y adhesiones y pretende que va armando una red de intereses que le garantizará el triunfo el 7 de octubre.
Basta con que el jefe de Estado esté pronunciando una arenga para que en medio de la emoción o del entusiasmo decrete aumentos de sueldos, o comprometa al erario en proyectos no estudiados, pero necesarios para la campaña y sus ejercicios de demagogia.
De acuerdo con el Presupuesto de 2012 el servicio de la deuda consumirá alrededor de 20% del gasto público. El dato, obviamente, no resultará verdadero, porque es la estimación actual que no toma en consideración el desbarajuste de aumentos de sueldos, dádivas, ofertas, complacencias, que vendrán a medida de que la campaña avance.
El altísimo presupuesto del Palacio de Miraflores lo veremos desaparecer como por arte de magia. Es tan grande y tan exagerado que el Presidente tuvo que dar ciertas rápidas explicaciones en una reunión en la Academia Militar. La opulencia oficial contrastará en la campaña electoral con la pobreza de todos los candidatos independientes.
El endeudamiento público es uno de los temas que debe ser observado con mayor atención. Algunos factores extranjeros, a sabiendas de los apremios electorales del oficialismo, pueden estar preparándose para pescar en río revuelto. ¡El que venga atrás que arree!