Culpar a las ONG, un oficio peligroso
17-Oct 05:41 am|El Nacional
Los ciudadanos en general desconocen sus derechos, pero gracias a talleres y seminarios que imparten las organizaciones no gubernamentales aprenden que no pueden ser vejados por funcionarios

Reclusos en el interior de sus calabozos en un centro penitenciario | William Dumont
El problema de los derechos humanos en Venezuela es tan grave que
no puede ser abandonado según estallen las crisis en las cárceles, en
la represión contra los estudiantes, en las arremetidas policiales para
detener las manifestaciones de los obreros y empleados que exigen que se
les cumpla con sus contratos colectivos, que se les paguen sus
prestaciones y se les asegure la atención debida en los centros de
salud.
Los médicos, las enfermeras, los camilleros y los conductores de
ambulancia son víctimas de los abusos del poder al obligarlos a trabajar
en condiciones miserables. Igual ocurre con los maestros y los
profesores que hacen de tripas corazón para recibir a los alumnos e
impartir conocimientos en escuelas, liceos y universidades desvencijadas
o en ruinas.
Los ciudadanos en general desconocen sus derechos, pero gracias a
talleres y seminarios que imparten las organizaciones no gubernamentales
aprenden que no pueden ser vejados por los funcionarios cuando les
exigen documentos y requisitos como si fueran vulgares delincuentes. El combate contra el crimen no autoriza jamás el atropello.
Pero a un ministro de Interior le ha dado por atacar a las
organizaciones no gubernamentales que se preocupan y trabajan porque se
cumpla lo que establece la Constitución. Se han dedicado a despotricar
contra las que piden explicaciones oficiales, contra las que exigen que
se aclaren hechos presuntamente delictivos cometidos por funcionarios
policiales o de las cárceles.
Ayer se pudo leer en un despacho de la agencia internacional AP, firmado
por la corresponsal Fabiola Sánchez, que el representante de una
conocida organización que se dedica al problema de las cárceles denunció
que ha recibido amenazas de muerte que le han obligado, a instancia de
Amnistía Internacional, a salir del país y refugiarse en España. Se
trata de Humberto Prado, un ciudadano que estuvo preso y luego salió de
la cárcel para luchar por el mejoramiento de las prisiones.
No es el primer activista al cual el Gobierno le ha declarado la guerra.
También a Cofavic, que ha llevado el caso de los muertos del Caracazo,
le han caído encima. Ahora, en el grupito que rodea a la ministra Iris
Varela, parece que toma vuelo la idea de arremeter contra Carlos Nieto,
docente universitario, alumno del doctor Elio Gómez Grillo y director de
la ONG Ventana a la Libertad, que se caracteriza por sus denuncias
contra las mafias carcelarias internas y externas, que convierten al
preso en un negocio.
Mala idea. El profesor Nieto no sólo es una persona honesta y reconocida
en los asuntos carcelarios, sino que pertenece al Comité Editorial de
El Nacional que trata este tipo de asuntos de las prisiones con seriedad
y profesionalidad. Además, dirige una serie de talleres de derechos
humanos en este diario orientados a los ciudadanos que necesitan saber
cómo desenvolverse ante un atropello policial o de la Guardia Nacional.
Quedan advertidos, por si acaso.