El puerto es lo de menos
16-Oct 07:05 am|María Isabel Capiello
Son destinos selectos y vale la pena recorrerlos todos. Pero hay algo de especial en el Windsurf que tienta a no volver a tierra firme. Acaso su capacidad de contagiar la pasión por navegar

Crucero Windsurf | Cortesía Windsurf
Dilema. Afuera Niza, la luminosa, musa prodigiosa del color y la
genialidad. Adentro, ahora, las sábanas de algodón egipcio, el desayuno
continental servido en la cama, el televisor plasma con las noticias
matutinas, el iPod todavía apagado incitando a quedarse en la cama para
escuchar jazz: el camarote.
Bajar del Windsurf uno de los barcos de la exclusiva naviera Windstar
siempre cuesta. Por más sublimes que sean los paisajes que esperan
afuera y lo selecto de los puertos que toca el navío es preciso apelar a
la conciencia. Hacer un ejercicio racional para agarrar el impulso y
dirigirse a tierra firme.
Así de hipnótica es la experiencia de navegar a bordo de este velero de
cinco mástiles propulsado por velas y motor que contradice la tendencia
de muchos cruceros actuales y presume de ser exactamente eso: un barco,
no una ciudad flotante en alta mar.
Queda claro desde el primer momento. Un abordaje sin filas ni
impaciencia. Check in con copa de mimosa en mano y luego, directo al
cuarto para comprobar que el confort no es cuestión de espacio, sino de
ingenio.
Desde ese instante todo conspira para hacer de esos días un inciso en la
vida cotidiana. Al zarpar, uno se está despidiendo del bullicio, de las
masas, de las angustias. 191 tripulantes (1 para cada 2 huéspedes) no
descansan hasta cumplir su cometido: concederle a 312 afortunados
pasajeros una experiencia a 180 grados de lo ordinario, tal y como reza
el lema de la naviera.
"Aquí no sólo nos esmeramos por saber cómo se llama, sino también cómo
le gustan los huevos revueltos", explica un miembro del staff a bordo.
"Mera retórica", alegarán los más desconfiados, pero lo más probable es
que el escepticismo se desplome en el segundo encuentro con el asistente
de cabina cuando el saludo de rigor venga acompañado por su nombre de
pila: "Good morning, María".
Atentos, pero nunca invasivos, la mayoría de los tripulantes proviene de
Filipinas e Indonesia. Están entrenados para hacer del servicio una
táctica de cortejo: que los huéspedes se contagien de la pasión por
navegar.
Lo logran. Hay personas que han zarpado con Windstar 60 veces, lo que
suma más tiempo del que han estado a bordo alguno de los oficiales. En
esta naviera uno podría emprender una travesía de 14, 21 o 28 días sin
repetir puerto.
De pronto, en uno de esos arrebatos absurdos, idealistas, imposibles, la
posibilidad tienta: "¿Y si lo hacemos?, ¿cuántos dólares es que
teníamos en la cuenta?", preguntará a su acompañante en algún punto del
recorrido. Permítaselo.
Piense por un instante que puede, que lo hará, que se lo merece. No censure a su imaginación. Soñar forma parte del viaje.
Anclar en la evasión. Canas, muchas. Una que otra pareja de recién
casados, algún adolescente resignado que vino de viaje con sus padres y
ningún niño a la vista.
No es una norma explícita, pero el Windsurf es un barco pequeño para gente "grande".
Adultos que dejaron atrás el ímpetu de las discotecas y los shows y todo
aquel estruendo, y que ahora aprecian eso que se conoce como los
pequeños placeres de la vida: acostarse sobre una tumbona a leer aquel
libro que reposó durante meses sobre la mesa de noche, tomarse un trago
frente al atardecer. Personas que no necesitan una pared de escalada, ni
un espectáculo de luces para aprovechar las horas en alta mar.
Nada de corbatas. Basta con pantalones de pinza y vestidos ligeros. Bajo
el lema de elegancia casual, la naviera esgrime un nuevo concepto de
refinamiento, relajado y distinguido.
De ahí que no haga falta ataviarse con un esmoquin, ni un traje de gala a
la hora de cenar para saber que se está en un yate de categoría
superior.
Hay seis restaurantes y en ninguno es preciso pagar un monto adicional.
Tres de ellos son previa reservación, por lo que apartar cupo debe ser
una de las primeras tareas. Los más huraños agradecerán el que no sea
necesario compartir mesa con desconocidos, ni sentarse a comer en un
turno específico. Libertad y flexibilidad son importantes bastiones a
bordo.
"Tú decides: puedes hacerlo todo o nada", se lee en uno de los folletos
del barco. Y es cierto. En el Windsurf lo único imperativo es el
disfrute, aunque, en el fondo, sería una pena no hacerlo todo. Dejar de
cenar con la brisa de mar golpeando el rostro en Le Marché o Candles,
localizados en plena cubierta; de dar una vuelta en kayak frente a
imponentes escenarios cuando abren la plataforma acuática, de ver cómo
se alzan las velas cada tarde.
Trate de absorber cada instante. Los manjares servidos, las sesiones de
masaje tailandés en el spa, la colección de libros que hay en la
biblioteca, las presentaciones de la banda musical cada noche en el
lounge. Exprima cada milisegundo de este recorrido condenado a la
perpetua añoranza.
Baje la guardia y ríndase.
Quédese una noche en el camarote para ver alguna película mientras
devora las cotufas recién hechas que ordenó al room service. Siéntese en
la cubierta con una copa de champaña y abandone las pupilas en el
horizonte. Regrese al final del día a su cuarto para descubrir con
ilusión infantil el itinerario del día siguiente sobre la almohada.
Construya su diminuta rutina de placer.
De pronto se encontrará a sí mismo perdido en el calendario, sin saber y
sin querer saber cuántos días han pasado, evadiendo la implacable
cuenta regresiva a la vida real. Ya para ese momento el barco se habrá
convertido en una burbuja inmune a la ansiedad. Entonces, poco importará
cuál sea el paisaje frente a la cubierta todos son hermosos. En el
Windsurf no se trata del puerto, sino del navegar.
Velas arriba
Cinco motivos para embarcar:
1. Puertos selectos a los que las grandes navieras no llegan.
2. Flexibilidad y libertad para cenar sin turnos, ni compartir mesa con otros pasajeros. No hay que pagar un monto adicional en ninguno de los restaurantes. Eso sí, al igual que en la mayoría de los barcos, las bebidas alcohólicas no están incluidas.
3. Pocos pasajeros. Siempre hay espacio libre en la cubierta para admirar el paisaje en soledad.
4. El Windsurf pasa una noche en los puertos estelares del recorrido lo que permite conocer la faceta nocturna de esos lugares.
5. Velas. Vivir la auténtica experiencia de viajar en barco, eso sí, sin mareos.
Para estrenar
Windstar acaba de anunciar que durante los próximos 18 meses emprenderá
la mayor remodelación de la flota de barcos en su historia. Con una
inversión de 18 millones de dólares renovarán el mobiliario de camarotes
y áreas generales, los cuales serán dotados de nuevos equipos
tecnológicos para que el huésped cuente aún con mayor confort. En el
caso del Windsurf, habrá otros cambios; por ejemplo: el restaurante
Degrees será transformado en bistró mediterráneo donde además se
conducirán catas de vino y demostraciones culinarias.
Mapa de navegación
Los itinerarios del Windsurf lo sorprenderán. El Báltico, islas
italianas, la costa Dálmata, Costa Rica, el Mediterráneo y la Costa Azul
son apenas algunos destinos. Actualmente Representaciones High Class
-agencia que comercializa el barco en Venezuela- ofrece 15% de descuento
en salidas hacia el Mediterráneo y el Caribe. Ser precavido tendrá
recompensas. Si reserva con 180 días de anticipación la rebaja
aumentará. En las travesías que zarpan el 14, 15, 21 y 22 de abril de
Lisboa, Barcelona, Roma y Barcelona respectivamente, se suman a los
beneficios un crédito para gastos a bordo de 200 dólares. Para más
información llame a los teléfonos: 7515278 / 7519454.