Las cuatro erres de Christine Lagarde
14-Oct 05:04 am|El Nacional
En estas pocas líneas se condensa el enfoque que debe predominar en las políticas económicas que reemplacen las actuales, que nos han llevado a padecer la más alta inflación del continente, sumido en el estancamiento, destruido el aparato productivo nacional y ahuyentado la inversión

Christine Lagarde, directora del FMI | AFP
Christine Lagarde, directora-gerente del Fondo Monetario Internacional,
expone en un artículo publicado por nuestro semanario Estrategia, las
bases de lo que considera una acción global para enfrentar la crisis
económica mundial. No es una receta milagrosa. Según dice, "existe un
camino a una recuperación sostenida, pero cada vez se hace más
estrecho". Advierte que para recorrerlo se requiere voluntad política,
liderazgo y cooperación. Define cuatro líneas de acción principales que,
como todo propósito de enmienda y al igual que el comandante, resume en
cuatro erres: reparación, reforma, reajuste y reconstrucción.
En la primera erre recomienda moderación y gradualidad para enfrentar el
problema de la deuda pública. Una consolidación demasiado rápida
-explica- puede dañar la recuperación y empeorar las perspectivas de
empleo. Esta posición es sorprendente de parte del FMI, porque esa
institución en crisis anteriores, que afectaron a los países en
desarrollo, fue el adalid de los programas de shock que significaron
para muchos de ellos gran desempleo y falta de crecimiento.
Pero se puede explicar porque ahora las economías más afectadas son las
desarrolladas, con cuyas poblaciones se debe ser más considerado, o
porque hasta los poderosos son capaces de aprender de los fracasos del
pasado.
En la segunda erre, además de la reforma del sector financiero, incluye
la dimensión social, antes considerada indigna de llamar la atención de
los tecnócratas.
En la tercera erre -reequilibrio- propone lo que siempre ha sido la
misión del FMI, "un cambio global de la demanda desde los países con
déficits externos a aquellos que cuentan con grandes excedentes de
cuenta corriente". Esta misión rara vez se pudo cumplir, porque la
demanda se concentraba en los países desarrollados y modificarla
afectaba su bienestar.
La reconstrucción -la última erre- es la que más nos interesa, porque es
la tarea que Venezuela tiene por delante. Dice: "Muchos países,
incluidos aquellos con bajos niveles de ingresos, necesitan reconstruir
sus defensas económicas -por ejemplo, mediante el fortalecimiento de sus
posiciones fiscales- para protegerse de futuras tormentas. Esto también
ayudará a proporcionar el espacio para la inversión pública que dé pié
al crecimiento y a importantes redes de seguridad social".
En estas pocas líneas se condensa el enfoque que debe predominar en las
políticas económicas que reemplacen las actuales, que nos han llevado a
padecer la más alta inflación del continente, sumido en el
estancamiento, destruido el aparato productivo nacional y ahuyentado la
inversión.
Tales enmiendas no deberían quedarse en meros propósitos ni diluirse en
consignas retóricas, como ocurrió con las tres erres de Chávez. Deben
convertirse en acciones concretas. Para lo cual es necesario previamente
un cambio político que permita emprender un nuevo rumbo, una
reconstrucción de Venezuela basada en la sensatez y la concordia.