Sábado, 26 de mayo de 2012 • CARACAS/VENEZUELA
Los viajes de Valentina. De románticos posaderos a profesionales de la excelencia
09-Oct 10:39 am|Valentina Quintero
Por fin existe un sello de calidad para las posadas. Permitirá la promoción internacional y colocará a estos hospedajes cálidos y familiares en el sitial de honor que se merecen
Una emoción compartida. El auge de las posadas en Venezuela no fue jamás el producto de una planificación, un estudio de mercado o una estrategia de promoción del turismo inventada por los sesudos investigadores del IESA. Surgió de familias que no encontraban qué hacer con el montón de cuartos vacíos, con la casa de la playa a donde ya nadie iba o la de una tía que falleció en el campo y quedó en herencia. Así de informal es el origen.

En un principio todas tenían cuatro o cinco habitaciones, eran más bien una maroma de puertas, muritos, baños con escalones, salones convertidos en recepción y algún caney en el jardín para hacer las veces de comedor. Lo único común desde el primer día fue la calidez, las dotes de anfitriones, la generosidad y las ganas genuinas de prestar un servicio amable y familiar. Estaban recibiendo visitas en sus propias casas, con la diferencia de que ahora les pagaban por eso. A medida que fueron exitosas, crecieron, se consolidaron y tuvieron montones de seguidores, esperanzados con el hallazgo de una vida sencilla, un retiro que no resultó tal y la oportunidad de hacer amigos en el mundo entero.

Otra de sus fortalezas fue la ubicación: parajes remotos, parques nacionales, bosques y estar pegadas al mar. Privilegio que no suelen tener los grandes hoteles.

Con el auge de las posadas aparecieron igualmente las regulaciones por parte de este gobierno. Obligación de registrarse, pagar impuestos, tener permisos, facturar con IVA y rendir cuentas. Surgió la urgencia de agruparse para un mercadeo más exitoso y el apoyo mutuo. El precursor en este sentido fue la cadena de Hoteles Sun Chichi a principios de los 90. Años después surgió El Circuito de la Excelencia, apenas seis posadas ­ahora cinco­ empeñadas en ofrecer servicios de altísima calidad. Inmediatamente destacaron. Entendieron que debían crecer. Necesitaban asesoría. Requerían una fortuna que ninguno tenía. Las diligencias empezaron en 2004 con la creación de la promotora Circuito de la Excelencia.

El 30 de septiembre reunieron a los amigos y colaboradores en el auditorio de Fondonorma. Querían compartir la entrega de la Norma Técnica Entec 001:2011. Motivo de celebración. Momento histórico. Celebración de cohetes y fuegos artificiales. Confieso mi llanto eufórico. Les explico ahora el significado.

Una hazaña que rendirá frutos. Fueron siete años de trabajo muy intenso y complejo. Los dueños de las posadas Hato El Cristero en Barinas, Momentos en Yaracuy, El Solar de la Luna en Morrocoy, La Huérfana en Táchira y El Encanto en Lara, manejaban sus posadas con verdadero esmero; pero carecían de visión de negocio, planes de mercadeo o normas estrictas de funcionamiento. Cuando quisieron crecer, ampliar el Circuito aceptando otras posadas, no había parámetros para la selección. Imposible constituirse en jueces si eran parte interesada.

¿Quiénes eran ellos para decidir qué otras posadas podían pertenecer? ¿Con qué parámetros otorgar un sello de calidad? Acudieron a Juan Francisco Mejía, asesor especializado.

Obtuvieron fondos del Banco Interamericano de Desarrollo y luego de la Unión Europea.

Había que crear una norma para el servicio de posadas y la hizo Fondonorma.

A partir de este instante, con la primera Norma Entec 001:2011 ­que es como decir la Norma ISO 9000­ toda posada que cumpla a cabalidad con cada uno de los puntos, podrá recibir el sello de calidad Circuito de la Excelencia. Lo otorga Fondonorma.

Hay revisiones cada dos años.

Quienes no se mantengan sujetos a las especificaciones, deben corregir para continuar, o se les quita el sello. Es como las estrellas de los hoteles, pero con la rigidez, la profesionalización y la exigencia de los estándares internacionales. Se revisaron normas similares de países latinoamericanos y europeos. No existía nada similar en Venezuela. Seremos tan exigentes, respetables y famosos como los Chateaux Relais en Francia. Así nos conocerán en el mundo.

Lo admirable. En este momento de Venezuela, cuando la excelencia es considerada una exquisitez capitalista impuesta por el imperio, resulta admirable que los posaderos se atrevan emprender esta proeza, asumir con propiedad el riesgo de crecer y profesionalizarse, entrar en las grandes ligas del turismo internacional. Asombra la iniciativa en un sector tan golpeado como el turismo. Fallas eléctricas, inseguridad, caminos vecinales en lugar de carreteras, aviones que nunca salen a la hora, aeropuertos precarios o cerrados, poquísimos vuelos, rutas eliminadas, inflación en todos los rubros y un Ministerio de Turismo que los ignora.

Desde sus inicios los posaderos venezolanos demostraron que podían salir adelante a pesar del Ministerio de Turismo. Ahora lo ratifican con su propio sello de excelencia y su propia norma. Ya hay aproximadamente 20 posadas que quieren pertenecer. Todas dispuestas a someterse a los rígidos criterios de calidad. Todas con ganas de constituir un gran Circuito de la Excelencia que nos represente el mundo.

Confieso que estoy orgullosísima y contentísima.
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