El contendor
19-Feb 09:36 am|Javier Pereira
Sin cumplir 40 años de edad, Henrique Capriles Radonski está listo para
convencer a los venezolanos de que llegó la hora de cerrar el ciclo
socialista. El líder de la oposición ha vivido una intensa carrera
política que lo ha transformado en un dirigente sereno y optimista: una
fórmula novedosa para enfrentar a Hugo Chávez

Después de 13 años, aquel muchacho de mirada perdida, se ha convertido en el líder del proyecto alternativo que pretende cerrar el ciclo del socialismo bolivariano | AP Photo
Un Hugo Chávez impecablemente trajeado y de mirada enérgica subió aquella mañana a la tribuna del Palacio Federal Legislativo, decidido a romper la tradición y sacudir los cimientos de la política venezolana. Juró sobre la Constitución a la que calificó de "moribunda", ofreció impulsar una nueva carta magna y se enfundó por primera vez la banda presidencial. Era el 2 de febrero de 1999 y a pocos metros del nuevo Presidente estaba un joven de 26 años de edad muy delgado, de pelo corto y orejas prominentes, que presenciaba en primerísima fila aquella ceremonia de investidura.
Era un rostro desconocido para la mayoría de los miembros del viejo Congreso Nacional, que lo escogieron presidente de la Cámara de Diputados por una sola razón: su cédula de identidad lo señalaba como el miembro más joven del Parlamento. El nombre de Henrique Capriles Radonski fue la llave que desbloqueó una durísima negociación entre las fracciones políticas opositoras, que no pudieron cerrar un acuerdo para designar a la nueva junta directiva hasta que Henrique Salas Römer, líder de Proyecto Venezuela, sugirió poner en manos del parlamentario más novato la responsabilidad de ser el conductor de un Congreso que tenía las horas contadas.
Después de 13 años, aquel muchacho de mirada perdida, que en 1999 se pasó por alto tomar juramento a uno de los directivos del Parlamento, se ha convertido en el líder del proyecto alternativo que pretende cerrar el ciclo del socialismo bolivariano que comenzó aquel martes 2 de febrero, el mismo día que arrancó su intensa carrera política.
Un mensaje. El recorrido electoral de Ca- priles es limpio y exitoso. En julio del año 2000 lanzó una campaña tradicional, enfocada en la seguridad ciudadana ("Cero tolerancia"), con la que logró desbancar a Ivonne Attas de la Alcaldía de Baruta con 63% de los votos. Cuatro años después selló su reelección con 78% de apoyo y un mensaje que clamaba por la movilización ("El voto es tuyo y Baruta también") en un entorno de desconfianza y apatía, después de la derrota opositora en el referéndum revocatorio. En 2008 asumió el difícil reto de desalojar a Diosdado Cabello de la Gobernación de Miranda y repitió la fórmula de 2004 con un eslogan positivo ("La fuerza del cambio eres tú"). Durante ocho años de experiencia política y tres victorias electorales, su mensaje evolucionó a un discurso cada vez más optimista y motivador, aunque falto de ofertas concretas.
En la campaña para las primarias presidenciales repitió la misma fórmula, pero con mayor complejidad. Se enfocó claramente en motivar al elector para revelar una nueva alternativa ("Hay un camino"), pero también incluyó tres ingredientes estratégicos que consolidaron su propuesta. Primero, se apropió del marco "progresista" para instalarse en un espacio programático centrista, que le permitió evadir el debate izquierda-derecha, escapar de las etiquetas habituales del relato oficial y construir eficazmente un contraste con el adversario. El segundo ingrediente fue la idea de renovación política, consolidada durante la última fase de las primarias, después de la alianza con Leopoldo López, y expresada en una frase que utiliza desde hace varios años: "Venezuela tiene más futuro que pasado". El tercer componente es la prioridad en la agenda social, anclada en dos temas clave: la educación como herramienta para superar la violencia y el empleo como el antídoto para remediar el hambre y la pobreza, ambas etiquetas amparadas bajo el paraguas del progreso. Esta es una estrategia de triangulación que no concentra su mensaje en las debilidades de la gestión oficial (inseguridad, inflación, expropiaciones), sino que busca competir con las fortalezas programáticas del chavismo.
El desarrollo estratégico de la campaña ha estado a cargo de su equipo de trabajo más cercano, en colaboración con algunos asesores externos para temas específicos como el brasileño Renato Pereira (publicista, director de la firma Prole y asesor del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral) y el equipo de la consultora Greenberg Quinlan Rosner (una firma de larga trayectoria en Estados Unidos, especialista en análisis de opinión pública y que ha trabajado con clientes como Bill Clinton, Tony Blair y, más recientemente, Mauricio Funes en El Salvador).
Un estilo. El camino político de Capriles ha estado sembrado de momentos críticos que han moldeado su liderazgo. Pasó de ser un hombre explosivo y enérgico como fue durante sus primeros años de alcalde a un dirigente sereno, de verbo directo y pausado.
Entre los momentos que han marcado la trayectoria del candidato unitario, 2 cobran especial relevancia: los 119 días que permaneció detenido en El Helicoide por el caso de la Embajada de Cuba a mediados de 2004 y las inundaciones que castigaron severamente al estado Miranda en diciembre de 2010. Sus colaboradores más cercanos reconocen que en prisión vigorizó su fe cristiana y su devoción a la Virgen del Valle, mientras que durante la emergencia en Barlovento se dedicó en cuerpo y alma a resolver la tragedia, se metió a vivir con la gente y de allí surgió un líder mucho más comprometido.
La evolución de su liderazgo también se ha visto influenciada por su formación. Abogado, con posgrados en Derecho Económico y Tributario, desde que asumió la Gobernación de Miranda reserva en su agenda una mañana a la semana para hacer cursos. "Hicimos varios ciclos de Historia de Venezuela y políticas públicas; éramos un grupo muy pequeño que se reunía a discutir sobre el país y el futuro", recuerda Armando Briquet, su jefe de campaña.
"Se trata de un líder que no se encarga sólo del día a día, sino que piensa a escala nacional".
Su consagración al trabajo es otro de sus rasgos característicos, reconocido por muchos de sus colaboradores más cercanos. "Es un hombre muy disciplinado, ha sido así desde que coincidimos en el Congreso Nacional", señala Julio Castillo, que fue el primer vicepresidente de la Cámara de Diputados en la directiva que encabezó Capriles. "Me ha sorprendido el instinto político que ha desarrollado y la madurez con la que trata los asuntos. Creo que ha adquirido el material para asumir el liderazgo que Venezuela ha puesto sobre sus hombros".
Después de recibir un baño de legitimidad de casi 2 millones de votos, Capriles sale de las primarias con mucha fuerza para afrontar un nuevo desafío, el más difícil de su carrera política: doblegar a la inmensa maquinaria oficial con un mensaje movilizador y un liderazgo conciliador. Una fórmula novedosa para enfrentar a Hugo Chávez.