Más de mil músicos cantaron al amor, a la armonía y a lo sublime
19-Feb 08:28 am|Michelle Roche Rodríguez
La Octava Sinfonía en Mi bemol Mayor sonó anoche en la sesión final de "Con Dudamel por la Paz"

El que se vio anoche es el mismo concierto que se presentó en el Shrine Auditórium de Los Ángeles | Prensa FundaMusical Bolívar
Anoche la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño quedó inundada durante casi hora y media por un sublime canto al "eterno poder del amor".
Esa frase aparece en algunos versos de la Sinfonía número 8 en Mi bemol Mayor de Gustav Mahler y anoche hizo historia en Caracas cuando Gustavo Dudamel la dirigió en la jornada final del ciclo Por la Paz, que reunió a las orquestas Sinfónica Simón Bolívar y Filarmónica de Los Ángeles.
Excepto porque en este caso el coro fue de jóvenes venezolanos, es el mismo concierto que se presentó en el Shrine Auditórium de la ciudad de Los Ángeles a principios de mes cuando comenzó el Proyecto Mahler, que reunió a la orquesta estadounidense y a la venezolana para interpretar una pieza rara vez escuchada pues junta a más de mil músicos y voces.
El mismo Gustav Mahler la dirigió en su estreno en 1910 en lo que entonces era Mónaco de Baviera, hoy Munich (Alemania).
Las voces de las sopranos Manuela Uhl, Julianna Di Giacomo y Kiera Duffy llenaron de dulzura el auditorio. Resultó especialmente impactante visualmente la contribución de Duffy a la pieza, pues a ella le tocó aparecer en uno de los balcones de la sala para cantar su parte. Estaba vestida con un largo traje dorado y llevaba el pelo amarillo arreglado al estilo de una diva de la década de los años cuarenta. Apareció en el segundo movimiento, que es una interpretación musical de la escena final de Fausto, justo cuando se hacía alusión a la diosa del amor y de la concordia.
Las voces del tenor Burkhard Fritz, el barítono Brian Mulligan y el bajo Alexander Vinogradov otorgaron los tintes dramáticos a la representación. La gravedad y la rica sonoridad de las contraltos Anna Larsson y Charlotte Hellekant matizó los hermosos versos que cantaron.
La participación del nutrido grupo de jóvenes voces provenientes del Coro Sinfónico Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, los niños Cantores, la Schola Cantorum y la Juvenil imprimieron a la jornada tintes sonoros que la convirtieron en un tributo a lo sublime, que no deja de ser vivificante en un país donde cada vez se vive más de cerca la barbarie.
Tanto fue el arrobamiento que causaron las dos partes de la obra, que el público se mostró efusivo y, cuando terminó la presentación, aplaudió tanto que los músicos aparecieron varias veces en escena.
De hecho, tan emocionada estaba la gente cuando terminó la primera parte del concierto, "Veni Creator Spiritus", que no pudo contenerse e ignoró la tradición de que entre un movimiento y otro no debe aplaudirse.
En el vestíbulo del Teatro Teresa Carreño muchas personas que no pudieron comprar entradas para el concierto tuvieron la oportunidad de presenciarlo en una gran pantalla que se habilitó para eso. Había señoras que, poseídas por la fuerza armónica de Mahler, lloraban y otras que aplaudían sin cesar, incluso diez minutos después de que el concierto había terminado. Estas son sólo algunas pruebas de que el proyecto Con Dudamel por la Paz dio resultados de inmediato.