Lakoff y Antillano. Primarias y encuadre
19-Feb 07:02 am|El Nacional
En un artículo publicado ayer en nuestras páginas de opinión, Pablo
Antillano, periodista y politólogo, se refiere a las elecciones en
Estados Unidos pero no desde un punto de vista transitado hasta el
cansancio por tantos analistas y veteranos columnistas de los grandes
diarios del norte
En un artículo publicado ayer en nuestras páginas de opinión, Pablo Antillano, periodista y politólogo, se refiere a las elecciones en Estados Unidos pero no desde un punto de vista transitado hasta el cansancio por tantos analistas y veteranos columnistas de los grandes diarios del norte. Al contrario, Antillano toma lo fundamental del torbellino que azota a los republicanos en sus elecciones primarias, desde el enredo que envuelve el catálogo de promesas de los aspirantes a ser candidatos presidenciales hasta el fundamentalismo histórico y social que lo define.
Analizar este panorama no tendría nada de novedoso o revelador si Antillano no lo enfocara desde una propuesta del lingüista George Lakoff que aconseja "alejarse del encuadre del adversario si se quiere competir con éxito en las campañas electorales y en la propaganda gubernamental".
Trasladar esta reflexión a las primarias en Venezuela viene como anillo al dedo porque, a no dudarlo, el Gobierno contribuyó activamente para que el escenario electoral interno de la oposición no sólo se convirtiera en una impresionante jornada civil, sino que llegara a dimensionarse en un acto que sobrepasó las fronteras impuestas desde el oficialismo a lo que ellos llaman lo político y lo revolucionario.
Pero al encuadrar su estrategia de propaganda en lo que estaba haciendo la oposición y enfocarse en combatir los puntos focales de la campaña de las primarias, el oficialismo comenzó a convertirse en el eco incesante y multiplicador para que esas elecciones internas dejaran de ser un acto estrictamente opositor y se convirtieran en una prueba de fuerza, en un escenario de lucha y un campo de batalla nacional.
Lo que era una definición de candidaturas presidencial, de gobernadores y alcaldes adquirió las dimensiones de una medición de fuerzas entre la oposición y el oficialismo que, como era previsible, este último iba a perder porque sólo un idiota se atreve a competir sin hacer campaña en contra y limitarse a criticar los argumentos del otro, es decir "encuadrarse" en el escenario del opositor.
Como bien aprecia Pablo Antillano, "el gigantesco complejo de medios públicos, y las abusivas cadenas presidenciales no solamente se convirtieron en grandes propagandistas de la jornada electoral que fraguó la oposición, sino que hicieron de altavoz de sus conceptos y valores más apreciados".
Antillano coloca un ejemplo en el escenario de su discurso: "El tema de la seguridad, por ejemplo, traspasó las murallas, hasta entonces clausuradas, del lenguaje oficial". Y es cierto, porque lo que la oposición había venido insistiendo como tema fundamental se hizo más patente en la misma medida en que fue asumido, para contrastarlos con cifras escasamente válidas, por los ministros del Gobierno.
En todo caso el artículo de Pablo Antillano merece una lectura más intensa y pormenorizada. A nuestro juicio marca una instancia de pensamiento que va más allá de lo inmediato.