Juan Luis Guerra hizo de la reflexión una fiesta
17-Feb 07:33 am|Gerardo Guarache Ocque
El espectáculo, correspondiente a la gira A son de guerra, fue presentado anoche en el CCCT

Juan Luis Guerra hizo de la reflexión una fiesta | Williams Marrero
Una vez que Daniel Huen, el
artista pop que se encargó de calentar los ánimos, hizo su
presentación, la Terraza del CCCT estaba repleta. Cuando comenzó la
versión de "Clocks", el tema de Coldplay con base de Buena Vista
Social Club, la pantalla central mostró a una moto que recorría lo
que podría ser cualquier ciudad latinoamericana.
Pasó por una cocina, un abasto y un barrio, pero se convirtió en un
televisor que emitió un collage de imágenes. Del famoso discurso de
Martin Luther King se llegó al histórico rescate de los mineros
chilenos y a la boda real de William y Kate, hasta que ese rectángulo
de leds se elevó. Debajo estaban Juan Luis Guerra y su inseparable
orquesta 4.40.
"Apaga y vámonos" fue la primera en sonar. La orquesta exhibía una
potencia notoria, que hacía imposible cualquier ápice de
indiferencia. "¡Hola, Venezuela! Gracias por el cariño que siempre nos
brindan.
Vamos a bailar y a disfrutar esta noche". Sin anestesia, al público
le subió "La bilirrubina", uno de los hits obligados en bodas y
cumpleaños venezolanos desde hace más de 20 años.
La audiencia recibía con beneplácito cada gesto del ídolo.
Si cantaba una melodía improvisada, la repetían; si movía los brazos
de un lado a otro, lo imitaban. Así ocurrió en "La travesía" y en
"La llave de mi corazón".
Después de "Bachata rosa", que los presentes cantaron de arriba a
abajo, el dominicano de 1,92 metros de estatura anunció un popurrí de
salsa que incluyó "Razones", "La carta" y "Ayer".
Salió con su guitarra eléctrica y tocó lo que definió como un son,
pero que tenía un golpe de reggae en el instrumento. La canción es
de inspiración religiosa y se titula "Son al Rey".
La intensidad aumentó gracias a "Como yo" y "El costo de la Vida", a
la que le siguió "La calle", un tema que escribió con Juanes. El
colombiano estuvo presente de forma virtual. A través de una
grabación, apareció en pantalla en tamaño natural.
"Mi bendición" le abrió camino a un gospel insertado en un merengue,
titulado "Para ti" y dedicado a Jesucristo. Luego se subió a una
bicicleta y pedaleó, mientras susurraba su crónica cruda y divertida
sobre el problema de los hospitales públicos de América Latina: "El
Niágara en bicicleta".
El cantante se fue tras bastidores y la 4.40 se quedó entreteniendo a la
audiencia con "Lola’s Mambo". Después de un deslumbrante solo de la
sección de percusión, sonó "Visa para un sueño", "Las avispas",
"Bachata en Fukuoka", "La guagua" y "La cosquillita", que sirvió para la
salida en falso cuando habían pasado al menos 90 minutos de show.
Al poco tiempo volvió para empezar la recta final del espectáculo con
"A pedir su mano". A ese hit le siguió un popurrí de bachatas
románticas, que incluyó "Estrellitas y duendes", "Frío frío" y
"Burbujas de amor". Luego llegó "Ojalá que llueva café", que Guerra
interpretó con su guitarra. Fue una versión suave que condensó el
espíritu de una noche impecable que conjugó la fiesta con la
reflexión.