Pueblo y cambio
13-Feb 06:04 am|El Nacional
La gente quiere un presidente nuevo, que funcione bien, no un mandatario
majunche reparado en Cuba y lleno de tornillos oxidados

Electores durante las primarias de la MUD de este domingo | Leo León/El Nacional
La gran sorpresa para el Gobierno bolivariano en estas primarias para escoger el candidato que represente a la oposición en su conjunto es que, esta vez, no le funcionó la estrategia del miedo y de represalia posterior contra aquellos sectores populares que concurrieran a expresar sus deseos de cambio en los sitios de votación.
Con mucha cautela, los organizadores de las primarias permitieron que quienes acudieran a votar no mojaran su dedo en tinta indeleble, para impedir que la maquinaria represiva de militares rojitos y civiles parapoliciales, así como los delatores del PSUV en los ministerios y empresas del Estado, pudiera ejercer represalias contra aquellos trabajadores y empleados que desean un cambio.
Esta siniestra telaraña de policías, militares rojitos, esbirros del PSUV (como la Seguridad Nacional, la tenebrosa policía del dictador Pérez Jiménez) se vio desbordada por la masiva afluencia de electores que, sin sentir miedo, acudieron a depositar su voto y a escoger su candidato para lograr un cambio de rumbo.
En las filas de los que esperaban para ejercer su derecho a escoger libremente quién los representará en los comicios presidenciales, y en los de alcaldes y gobernadores, se observaba mucha gente que, de alguna manera, confió en el Presidente de la República y que hoy no sólo se siente defraudada, sino que expresa de viva voz su convencimiento de que su tiempo se le acabó, que sus promesas son un saco de palabras que se han ido pudriendo en los depósitos de la demagogia.
Cuando los periodistas reportan la respuesta de la gente del pueblo: "Ya está, se le acabó su tiempo, queremos un cambio de Presidente", se entiende perfectamente que los sectores populares pueden ser engañados por un militar pico de oro, pero que, tarde o temprano, esa misma gente dejará de adquirir esa mercancía que tiene la fecha vencida y que nadie la compra ni para echarla a la basura.
Si hoy, con todo el poder y el dinero de los militares rojitos, se advierte esta tendencia creciente de rechazo entre la gran mayoría de los sectores de las clases populares y de la clase media, ya nos podemos imaginar qué va a suceder en los próximos meses, cuando la campaña electoral haga crecer las diferencias, los rechazos y las esperanzas entre los venezolanos.
La gente quiere un cambio y no porque odie al Presidente en sí mismo, sino por otra razón que a veces olvidamos: está cansada de él, se le acabaron las ganas de oírlo y quererlo, se le enfriaron las pasiones que despertaba cuando estaba como un carro nuevo. Hoy nuestro mandatario es un carro cubano de los años cincuenta, llamativo por fuera pero lleno de alambres, de cables amuñuñados y de repuestos de baja factura. Sólo vale por su trayectoria, por su kilometraje y porque poseer un objeto histórico ya es algo.
Pero la gente quiere un presidente nuevo, que funcione bien, no un mandatario majunche reparado en Cuba y lleno de tornillos oxidados.