Contra el odio
11-Feb 07:09 am|El Nacional
Lo que ocurrirá mañana con la escogencia en elecciones primarias de los candidatos de la oposición no será una simple jornada electoral

Inscripción en el Registro Electoral | Omar Vegas
Lo que ocurrirá mañana con la escogencia en elecciones primarias de los candidatos de la oposición no será una simple jornada electoral. Más allá del espíritu cívico que embarga a los votantes hay una alegría general porque se abre la posibilidad de un nuevo gobierno que, entre tantas cosas, debe alejar de los venezolanos el espíritu de odio y de guerra que nos ha impuesto un mandatario imprudente y resentido.
Venezuela debe abrir sus puertas para todos y está obligada también a disolver los odios, las peleas entre hermanos, las rencillas entre familias y reconciliar a los habitantes de los barrios y las urbanizaciones, a la gente del campo y a quienes vinieron aquí para buscar y construir un futuro mejor.
Nunca antes los venezolanos habíamos padecido ese tsunami de rencor que todos los días se lanza sobre los ciudadanos para evitar que, entre todos, saquemos al país de la grave crisis moral y económica que vivimos. La gente está cansada de los gritos y llamados a la guerra de un presidente que sólo gobierna para su grupo de amigos y que califica a quienes se le oponen como "no venezolanos", es decir apátridas, por el hecho de disentir de las medidas, reformas y proyectos formulados apresuradamente y en medio de la mayor ignorancia.
Que un venezolano piense y actúe diferente a lo que dicta el Presidente en sus cadenas no puede ser motivo para que se le reduzca su condición de ciudadano y se le quite de buenas a primeras el amparo de la ley, su derecho de estar en contra y se le tilde de traidor a la patria.
El Presidente, si fuera serio y honesto en sus propuestas, debería no atemorizar a los ciudadanos lanzando truenos y centellas sino convencerlos de la bondad de sus ideas, de lo maravilloso que sería este país en socialismo y en manos de los militares. En trece años de mandato, el jefe del Estado ha fallado en su misión de trasmitir su mensaje esperanzador y futurista.
Por lo contrario, hoy el venezolano se siente cercado por el pesimismo que emana del poder y que condiciona la felicidad de los próximos años despojando a la gente de sus pequeñas propiedades, de sus tiendas y negocios, de sus apartamentos en alquiler y de sus parcelas cultivadas en familia por los años de los años.
Los califica despectivamente como pertenecientes a la burguesía, dando muestras de su desconocimiento no sólo del término sino de su capacidad de captar políticamente la estratificación social venezolana, diversa tanto en lo urbano como en lo rural.
Lo suyo militar y políticamente es un discurso de venganza que, poco a poco, decrece en su capacidad de avanzar porque tropieza con la realidad que, para su desgracia, está cambiando: la gente quiere paz y solución a sus problemas, no habladera de paja.
El Presidente ya sabe que se le agotan los tiempos y que, en el futuro negado de un triunfo electoral del PSUV, su próximo período sería un mar de protestas populares en el cual naufragará.
Ahogado en su odio.