La construcción del nuevo líder
05-Feb 04:39 pm|Javier Pereira
La MUD convoca a 18 millones de personas a elegir
más que un candidato presidencial. La oposición activó una ambiciosa
operación para concretar la renovación de todo su liderazgo, nacional y
regional. El objetivo es consolidar una oferta alternativa capaz de
abrir un nuevo ciclo político en Venezuela

La construcción del nuevo líder: Los candidatos a las primarias opositoras | El Nacional
El próximo domingo en la noche los venezolanos conocerán el nombre de la persona que comandará la dura batalla para frenar la pretensión de Hugo Chávez de concretar su tercera reelección consecutiva y completar 20 años en el ejercicio del poder.
Para que esa difícil empresa tenga éxito, el hombre o la mujer que resulte electo debe ser mucho más que un simple candidato presidencial. La Mesa de la Unidad Democrática no ha convocado a más de 18 millones de venezolanos para elegir únicamente al retador de un presidente en ejercicio. La larga batalla electoral desarrollada durante los últimos nueve meses, con un menú diverso de precandidatos opositores, es parte de una operación mucho más ambiciosa: la renovación profunda de las élites opositoras y la gestación de un liderazgo capaz de comandar un nuevo ciclo político en Venezuela.
El 12 de febrero se cierra una etapa muy productiva de conducción colectiva, que comenzó en enero de 2008 con la firma de los acuerdos para la creación de la MUD. En los últimos cuatro años, la oposición ha construido una institucionalidad eficaz para generar consensos, fijar reglas de juego, debatir programas y coordinar el despliegue de una vigorosa maquinaria; una plataforma indispensable para la construcción de un eventual gobierno de unidad nacional. Después de muchos errores y estrategias suicidas, el universo opositor encontró el camino para marcar la agenda política, robarle al presidente Chávez el protagonismo en el debate público y desarrollar con eficacia una estrategia electoral unitaria.
Un viaje de tres estaciones. El histórico proceso de primarias que culmina el próximo domingo ha significado, además, un complejo ejercicio de debate interno, de integración y reconocimiento entre actores muy diversos que suscribirán con millones de ciudadanos, dentro de siete días, un compromiso unitario que puede marcar la política venezolana durante las próximas décadas.
Todo esto será posible porque la MUD, bajo la coordinación de Ramón Guillermo Aveledo y Teresa Albanes, ha podido administrar un costoso y complejo proceso de votación para escoger el 12-F los candidatos a alcaldías y gobernaciones, además del abanderado unitario a la Presidencia. La alianza opositora garantizó la viabilidad económica del evento, gestionó eficazmente la colaboración del CNE para la instalación de 3.707 centros de votación, y coordinó el adiestramiento de más de 42.000 voluntarios que administrarán el proceso en las 7.691 mesas que se desplegarán por todo el país. Un valioso músculo organizativo que estará al servicio de la candidatura unitaria para los comicios presidenciales del 7 de octubre.
El guión estratégico de las primarias se ha cumplido sin mayores contratiempos, y el proceso electoral ha vivido tres fases. La primera fue una larga precampaña, que arrancó en mayo de 2011 con los anuncios de los primeros aspirantes y que terminó a comienzos de noviembre, con la inscripción de sólo seis ante la comisión electoral de la MUD. En esta etapa salieron de contienda dirigentes con más de 25 años de experiencia política como Antonio Ledezma, Eduardo Fernández, César Pérez Vivas y Oswaldo Álvarez Paz.
Mientras tanto, cuatro precandidatos menores de 44 años se consolidaban como favoritos. Comenzaba a perfilarse el retrato del nuevo líder.
La segunda etapa comenzó en noviembre, con la apertura de la campaña oficial. Los seis participantes desplegaron todo su arsenal de recursos publicitarios, definieron mejor sus mensajes y participaron en tres debates televisados propuestos por la sociedad civil, que cumplieron eficazmente con su objetivo: romper la hegemonía de Hugo Chávez en el campo de la propuesta política.
La dinámica de campaña fue densa y se respiró poca competencia. Los candidatos se esforzaron por diferenciarse, pero evitaron a toda costa los ataques para mantener el clima unitario. En este punto, el escenario mostraba dos grupos bien diferenciados: tres candidatos (María Corina Machado, Diego Arria y Pablo Medina) que le hablaban a los antichavistas más indignados, con un mensaje combativo y de ruptura profunda; al frente, los otros tres aspirantes (Henrique Capriles, Pablo Pérez y Leopoldo López) apostaban por trascender el habitual mercado opositor y movilizar a algunas capas de independientes, con un mensaje conciliador y ofertas concretas sobre los principales problemas de los venezolanos.
Las fiestas decembrinas enfriaron el proceso y la campaña entró en una fase de estancamiento relativo durante las tres primeras semanas del año, que acabó abruptamente el lunes 23 de enero, justo 20 días antes de las primarias, cuando al final del último debate televisado López sugirió un inminente acuerdo para declinar su candidatura a favor de Capriles. Al día siguiente se confirmó la alianza que sacudió el universo opositor y que llevó las primarias a su tercera etapa, la recta final, que desató la conflictividad latente en el entorno de los candidatos y le imprimió una mayor competitividad a la campaña. La incorporación de López al Comando Tricolor provocó, además, que el equipo de Capriles lanzara el discurso de ruptura con el pasado a la primera línea del debate.
Con el nuevo tablero de juego, Machado y Arria hacen su mejor esfuerzo por concentrar su mensaje en su público y defender el espacio ganado; mientras tanto, los comandos de Capriles y Pérez despliegan todo el poder de sus maquinarias para resolver la contienda que definirá quién es el nuevo líder de las fuerzas democráticas venezolanas.
Henrique Capriles Radonski: El pastor sereno
(Primero Justicia, Voluntad Popular, PPT, Podemos, Causa R)
Dice tener dos jefes:
Dios y el pueblo. Su misión es convencer a los venezolanos de
que hay un camino distinto para alcanzar un país de oportunidades y
progreso para todos por igual. Ha convertido la serenidad en su sello
personal. Hombre de pocas palabras, cuando habla lo hace en
clave popular: conceptos simples y mensajes directos.
La campaña de Henrique Capriles Radonski busca reforzar el perfil de
un líder moderado. Contrasta con Hugo Chávez en la forma de hacer
política: huye de la conflictividad, de la grandilocuencia y de la
agitación partidista. Intenta quebrar la polarización con un
discurso tranquilo, religioso, en ocasiones inapetente. Asumió
temprano el papel de uno de los favoritos de las primarias y
arriesgó poco. El exceso de serenidad le quita energía a su discurso,
si se compara con la vehemencia que muestran sus adversarios.
Alimenta la épica de su relato con el riesgo de su apuesta: se juega
el todo por el todo en las primarias presidenciales. Si pierde el
próximo domingo, no hay camino de regreso a la Gobernación de Miranda.
Durante el proceso ha sufrido varias decisiones adversas en el seno
de la MUD (como el aplazamiento de las primarias hasta febrero de
2012, o el diseño del reglamento de candidaturas, que impidió a
Primero Justicia controlar la designación del candidato a la
Gobernación de Miranda) que reforzaron su papel como víctima de las
viejas estructuras partidistas.
Apuesta por una profunda renovación de la política venezolana y una
ruptura con el pasado, aunque se cuida de hacer alusiones directas que
puedan resentir el clima unitario.
A su relato le falta intimidad, carece de ingredientes personales.
Evade con humor y sarcasmo los comentarios sobre su soltería, mientras
su faceta familiar de hijo, hermano y tío aparece muy poco en la
campaña. El episodio de su presidio durante cuatro meses en El
Helicoide también se muestra con poca trascendencia.
Su estrategia destaca los atributos de gestor exitoso y hombre de
trabajo. Ha ganado todas las elecciones a las que se ha postulado y
presenta esa evidencia como aval de su buen desempeño como diputado,
alcalde y gobernador. Es el más joven de todos los aspirantes (39
años de edad), lo que fortalece la visión de renovación pero sugiere
inexperiencia; la respuesta táctica es su propia carrera política,
precoz pero ascendente, en la que el próximo paso natural es la
Presidencia de la República.
Su equipo cuida que la candidatura trascienda los partidos políticos,
especialmente Primero Justicia. Diseñó una alianza que priorizó a
los movimientos de izquierda y disidentes chavistas, para escapar de
la previsible polarización ideológica con el bloque socialdemócrata.
Consolidó el Comando Tricolor como una herramienta eficaz para
gestionar sus alianzas políticas, facilitar la incorporación de
liderazgos en todo el país, y proyectar una imagen de amplitud y
unidad que fortalecen su campaña.
Se apropió del marco "progresista" y lo utiliza para instalarse en un
espacio programático dual, centrista, conveniente, que le permite
evadir el debate izquierda-derecha y escapar de las etiquetas
habituales del discurso oficial.
Su visión de país la ejecuta con eficacia en el laboratorio del
estado Miranda y promueve la fórmula por toda Venezuela: prioridad
absoluta en lo social, con la educación como herramienta estrella para
superar la violencia y la pobreza. Intenta trascender el
tradicional mercado electoral opositor con una estrategia de
triangulación, enfocada desde temprano en el chavismo: no concentra su
mensaje en las debilidades de la gestión oficial, como el resto de
los aspirantes de las primarias (inseguridad, inflación,
expropiaciones), sino que busca competir en las fortalezas
programáticas del chavismo (planes sociales, educación, superación de la
pobreza).
La alianza con López en la recta final de la campaña pretende abrir el
debate entre renovación y restauración, la disputa entre el pasado y
el futuro. Su apuesta, arriesgada, es movilizar el próximo domingo a
cientos de miles de votantes independientes, ajenos a las
maquinarias partidistas y al núcleo duro de la oposición; un sector
que resulta imprescindible para aspirar a una victoria electoral el 7
de octubre.
Diego Arria: El veterano de guerra
(Independiente)
Y ugoslavia, 1993. Un
diplomático venezolano de melena negra y con un bastón de madera
saluda a los generales que comandan la misión de paz de la ONU en la
cruenta guerra de Los Balcanes. Aquel funcionario llegó a ser
presidente del Consejo de Seguridad, asesor del secretario general de la
ONU y ahora pone sobre la mesa toda su experticia en resolución de
conflictos para su misión más delicada: dirigir la transición
política en Venezuela.
Diego Arria contrasta con el resto de los aspirantes por razones
evidentes: canas, experiencia política y sagacidad. Su campaña perfila
un liderazgo firme y determinado, con un discurso atractivo para el
opositor más indignado. En este espacio compite con María Corina
Machado, y se le acerca mucho como una táctica para cautivar a sus
electores con guiños concretos, como la posibilidad de designarla
vicepresidenta.
Su oferta programática se define en una sola idea: desmontar el aparato de poder del régimen con una Constituyente.
Escenifica dos caminos: el de la sustitución de un gobierno por otro
y el de una transición que no aspira a ser serena, que reivindica con
insistencia los logros de un pasado que fue mejor. Estos dos
ingredientes son el punto débil de su estrategia: encajan
perfectamente en los atributos que el relato chavista le asigna a su
contrincante ideal.
Arria concentra sus limitados recursos de campaña en una actividad
intensa en las redes sociales, publicidad exterior bien empleada y
un uso eficiente del espacio mediático.
Su mensaje ha evolucionado desde el "Firme por Venezuela", antes de
inscribir su candidatura, hasta el eslogan "Vota a conciencia" que
apela directamente a una de las mayores amenazas de su candidatura: la
economía del voto, que usualmente liquida a los candidatos
minoritarios en un escenario polarizado.
Pablo Pérez: Pablo pueblo
(UNT, AD, Copei,MAS, Convergencia)
E scribió Rubén Blades a
finales de los años setenta la historia de un hombre que cuando
regresaba cansado del trabajo a su oscuro barrio de siempre, se
decepcionaba al ver las paredes tapizadas de afiches politiqueros.
Su nombre es Pablo Pueblo, el Juan Bimba latinoamericano: un hombre
humilde y bueno, símbolo del campesino olvidado, del obrero explotado,
traicionado por los políticos y abandonado a su suerte. La
autorepresentación más usada del pueblo venezolano desde hace casi
un siglo.
La figura de Juan Bimba reaparece en la arena política, con el alias
prestado por Rubén Blades y reivindicado en la figura de un hombre
hecho a sí mismo que aspira a la Presidencia de la República.
La estrategia de Pablo Pérez se consolidó alrededor de la historia de
un líder de extracción humilde, cristiano, con sólidos valores
familiares y que se labró un futuro con esfuerzo, gracias a las
oportunidades que le brindó la democracia venezolana. Este último
ingrediente lo convierte en el reivindicador de la mejor época
puntofijista, muy maltratada desde el discurso oficial.
El relato es el punto fuerte de su campaña. La estrategia diseñada por
el comando de Pérez sepultó el arquetipo del heredero de Manuel
Rosales, con el que llegó a la Gobernación del Zulia en el año 2008.
Su esposa, la periodista Carolina Gutiérrez, y sus tres hijos tienen un
rol protagónico en la campaña, para proyectarlo como un buen padre de
familia.
En los últimos seis meses Pérez ha consolidado un liderazgo propio bien definido, con fuerza y proyección nacional.
Una imagen que cumple dos tareas esenciales: primero, establecerlo
como el líder capaz de renovar la oferta de las fuerzas políticas
tradicionales (imprescindible para una suma eficaz de la maquinaria y
las bases de AD), y segundo, contrastarlo con sus principales
adversarios en las primarias, que no pueden competir con la etiqueta
de origen humilde.
El mayor riesgo de la estrategia está en su propio corazón: ¿cómo
ganarle a Chávez unas elecciones desde la reivindicación del pasado?
Es una debilidad que consolida la propaganda oficial.
Para resolver sus puntos débiles, la estrategia de Un Nuevo Tiempo
apunta a tres respuestas: primero, apelar a la juventud de Pérez (42
años de edad) para desconectarlo del pasado más reciente; segundo,
cuidar la exposición del candidato junto a dirigentes tradicionales
(papel que asume Omar Barboza como su principal operador político), y
tercero, vender un liderazgo que puede identificarse con mayor
eficacia con las clases populares, imprescindibles para consolidar una
nueva mayoría.
Su mensaje ha madurado desde el viernes de 19 de agosto de 2011,
cuando lanzó la candidatura. Al principio se apostó por reforzar su
imagen con el eslogan "Todo por Venezuela", que argumentaba un
sacrificio al servicio del país para retribuir las oportunidades que
le brindó la democracia. A principios de noviembre cambió hasta el
eslogan definitivo: "Por tu futuro seguro". El objetivo era
capitalizar el marco de la seguridad (la principal preocupación de los
venezolanos, según todos los estudios de opinión pública) con una
oferta programática integral: seguridad ciudadana, social y
jurídica. Sin embargo, la ineficacia para posicionar el mensaje
(propagandas limitadas, intervenciones desenfocadas en los debates y
declaraciones genéricas en la mayoría de sus apariciones públicas)
provocó que Leopoldo López lo desplazara de su marco principal desde
el mes de diciembre.
Otro de los puntos débiles de la campaña de Pérez está en Internet:
llegó tarde a la mayoría de las redes sociales, produce poco material y
muestra cifras rezagadas con respecto al resto de los aspirantes.
Durante la última etapa de la campaña, su mensaje ha destacado una
propuesta programática que apunta a preocupaciones del electorado
opositor: el compromiso por la no reelección y la tarjeta única. Son
temas que buscan capitalizar el voto útil de los candidatos
independientes y fijar un contraste claro con Capriles. En la recta
final de la carrera se esfuerza en consolidar su papel como el
principal retador en la contienda.
María Corina Machado: La dama de hierro
(Candidata Independiente)
E legante, recia,
enérgica, amiga de la desregularización, defensora de la propiedad
privada y enemiga de los comunistas. La estampa y el mensaje de la
única mujer que corre en la carrera por las primarias apelan al
arquetipo de liderazgo femenino duro, encarnado en su versión más
acabada por la ex premier del Reino Unido Margaret Thatcher.
La campaña de María Corina Machado está en constante evolución,
construida sobre la imagen de una mujer profesional, valiente y
decidida. Desde la Asamblea Nacional ha marcado su perfil como oradora
destacada, condición que le ha servido como la principal plataforma
de su liderazgo.
Ha cambiado su imagen inicial de campaña, siempre sonriente y de
tono incluyente, por la de una mujer lista para el combate cuyo
objetivo impostergable es la derrota de Hugo Chávez. Es una
estrategia reactiva que busca dos objetivos: primero, doblegar la
percepción generalizada de que ella no podría ganarle al Presidente en
una lucha cuerpo a cuerpo (que no está en su ranking, en palabras del
mandatario), y segundo, disputar un espacio en el que se ha
instalado Diego Arria, entre los opositores que aspiran a un
cambio radical de régimen más que un cambio de presidente.
Una de sus debilidades es que no tiene una gestión pública ejecutiva
que pueda contrastar con sus adversarios, pero lo contrarresta con una
capacidad de memorizar datos y cifras que la han proyectado como una
buena gerente, con un desempeño notable en los tres debates
televisados.
Habla en nombre de las mujeres venezolanas y reivindica su perfil
independiente como una ruptura con el presente y el pasado. Su
faceta de madre, sin embargo, no ha sido explotada con la intensidad
que cabría esperar de su perfil.
Su propuesta programática se sitúa, sin complejos, a la derecha del
espectro ideológico con la oferta del "capitalismo popular" (un
concepto acuñado por los conservadores británicos en los años
ochenta).
Su tema estrella es la defensa de la propiedad privada, que le permite
además fijar con facilidad a sus adversarios con la etiqueta de
comunistas. Describe a Chávez como un hombre que abusa
permanentemente de su poder, a quien hay que "dar una lección".
Su campaña ha madurado desde una fase de intriga y reconocimiento,
con el eslogan "Viene María", hasta alcanzar el definitivo "Vota
duro", con un claro llamado a la acción y que refuerza su perfil
de liderazgo firme y decidido.
Pablo Medina: El obrero radical
(Apoyado por el Movimiento Laborista)
¿Qué es la República del Trabajo? Un país con empleo total, máxima productividad y hecho todo en Venezuela".
Esta es la sencilla visión de país que ofrece Pablo Medina en cada
espacio informativo que ha podido obtener en los medios de
comunicación.
Parlamentario experimentado y referente de la izquierda tradicional en
los años noventa, su perfil se instala en un liderazgo clasista,
con un discurso reivindicativo que pone a los trabajadores en el
centro de la política. Con estos ingredientes apunta a un espacio que
ha estado vacío desde hace años en el universo opositor: un liderazgo
sindical de alto perfil político.
Su oferta, sin embargo, es más amplia y ofrece un período de
transición que, al igual que Diego Arria, incluye la urgente
convocatoria a una Asamblea Constituyente, para ejecutar algunos
cambios puntuales en la Constitución (como volver al Congreso
bicameral, eliminar la reelección, fijar un período presidencial de 4
años y sustituir a todos los titulares de los poderes públicos).
Su campaña de escasos recursos sólo cuenta con los espacios
informativos en los medios, la exposición en los debates televisados
y las redes sociales. Con su eslogan "Unidad y coraje" responde a
quienes lo señalaban como un factor divisionista en la MUD, después
del recurso judicial que llevó hasta el TSJ para garantizar su
participación en las primarias por encima del pago de la cuota
obligatoria para sufragar los gastos.
Su estrategia, no obstante, cae en una contradicción estructural: su
mensaje está dirigido a un público antichavista que desea un cambio de
rumbo profundo (el mismo al que apunta Diego Arria y, parcialmente,
María Corina Machado), pero su relato se construye alrededor de un
liderazgo obrero que, además, comparte su origen con el chavismo
primigenio.