Héroes democráticos
04-Feb 06:21 am|El Nacional
Los derrotados que hoy celebran con un carnavalesco desfile su
descalabro golpista el 4 de febrero pretenden enterrar en el olvido a
quienes fueron los verdaderos héroes de esa jornada: los militares que
salieron a la calle a combatirlos, doblegarlos y obligarlos a rendirse
Los derrotados que hoy celebran con un carnavalesco desfile su descalabro golpista el 4 de febrero pretenden enterrar en el olvido a quienes fueron los verdaderos héroes de esa jornada: los militares que salieron a la calle a combatirlos, doblegarlos y obligarlos a rendirse.
Mientras los jefes "dirigían" las operaciones a buen resguardo, los sargentos, subtenientes y tenientes se las veían negras porque no contaban con un plan suficientemente inteligente para moverse, luchar y alcanzar sus objetivos. Los soldados ni siquiera sabían dónde estaban porque no contaban con planos de la zona que iban a ocupar y mucho menos hacia dónde moverse si el fuego enemigo los obligaba a desplazarse.
Los periodistas de El Nacional, los primeros de la prensa impresa en llegar a Miraflores, reportaron que los soldados estaban asustados, sedientos y pedían cigarrillos para calmar los nervios. No tenían ni la menor idea de por qué los habían trasladado hasta allí y mucho menos dónde estaba el enemigo y cómo identificarlo.
Al ser interrogados balbuceaban que se les había ordenado cuidar las esquinas y disparar hacia cualquier objetivo militar o civil que se apareciese en los balcones de los edificios que rodean Miraflores. Enfilaban sus armas hacia quienes se atrevían a salir a mirar desde las alturas.
En ningún momento les parecía una amenaza alguien que se acercara caminando, al punto de que los periodistas llegaron sin mayores problemas. Temblando confesaban, a la primera pregunta, que habían viajado desde Maracay sin instrucciones precisas sobre el por qué de su movilización hacia una ciudad que no conocían y que, de hecho, se volvía para ellos en una trampa mortal. La ignorancia sobre su verdadero objetivo no sólo era mayor sino general.
En otras partes de Caracas la situación era la misma. Los periodistas de El Nacional que salieron a recorrer la ciudad tuvieron que movilizarse en sus propios automóviles o manejando ellos mismos los carros del periódico. Al llegar a Los Chaguaramos, a centenares de metros de la Universidad Central de Venezuela, un grupo de soldados sin experiencia, dirigidos por un teniente aún más ingenuo, había emboscado a un jeep de la Guardia Nacional y asesinado a los ocupantes de ese vehículo.
Luego de esa "batalla" innecesaria porque 20 soldados no tenían por qué asesinar a 3 guardias nacionales sino obligarlos a rendirse, los integrantes de la Disip que estaban en la parte alta de Los Chaguaramos comenzaron a bajar en grupos de comando y, vestidos de negro, estratégicamente coparon las esquinas.
El teniente bolivariano temblando de miedo les pidió a los periodistas de El Nacional que hablaran con la Disip para que se rindieran. La respuesta fue rápida: "Dispárenle a los focos de luz y retírense si quieren seguir con vida". Su jefe máximo los había mandado a un matadero. No sabemos si sobrevivieron. Quizás algún día se sepa la verdad.