Niños y represión
30-Ene 06:20 am|El Nacional
Que a alguien le molesten los niños de la patria y mande a sus policías a reprimirlos en las inmediaciones de Miraflores es algo más que una contradicción
En días recientes surgió la alarma cuando un grupo de niños que pernoctaban con sus padres en las aceras cercanas al Palacio de Miraflores, en procura de obtener respuesta a las condiciones infrahumanas en que viven en un refugio, fueron violentamente atacados como si se tratara de vulgares delincuentes por los cuerpos de seguridad del Estado.
Pero no contentos con ello, los esbirros de la Policía Nacional Bolivariana se los llevaron a la fuerza y los separaron ilegalmente de sus padres, que fueron trasladados a otros centros de detención. Nadie dio explicación sobre el lugar donde estaban los niños y en qué condiciones habían sido albergados.
Tampoco se les aclaró, de acuerdo con lo que exige la Constitución, por qué estaban detenidos y qué clase de delito habían cometido para ser objeto de una represión tan insólita y brutal. A lo mejor le molestaban al Presidente, y sus súplicas en la calle a medianoche le impedían conciliar el sueño a nuestro líder eterno.
Que a alguien le molesten los niños de la patria y mande a sus policías a reprimirlos en las inmediaciones de Miraflores es algo más que una contradicción: si de algo estamos cansados es del repique de campana chavista de que somos hijos de Bolívar cuando, en verdad, el Libertador era estéril y no procreó descendencia alguna. Tal vez, y si acaso, somos sobrinos de Bolívar, pero no más allá.
No obstante, este esguince histórico no da puerta abierta a quien vive en Miraflores para que ordenara a sus cuerpos de seguridad que, en un acto de rapto o secuestro, vaya usted a saber, unos niños inocentes fueran detenidos y separados de sus padres sin ningún tipo de explicación, y que un buen número de ellos se sumieran en el terror, el miedo y el abandono.
La Constitución venezolana, la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente y la normativa internacional son claras en garantizar el interés superior del niño, así como el respeto de sus derechos humanos, entre los que está el vivir con su familia en condiciones adecuadas y recibiendo una educación de calidad que los convierta en ciudadanos útiles a la patria.
Definitivamente, esto de respetar los derechos humanos a los rojo rojitos les importa poco, y ahora los ataques y atropellos van contra cualquiera que se atreva a alzar la voz ante el desastre en que se vive hoy en día y, con mayor razón, los que habitan en estos refugios similares a campos de concentración.
Los niños comienzan a ser víctimas de los ataques de los cuerpos de seguridad del Estado con la excusa de protegerlos, pero se hacen los sordos ante los pequeños armados por los colectivos violentos que ellos protegen en la barriada caraqueña del 23 de Enero, y cuyas fotos circularon por las redes sociales ante la indiferencia de los organismos oficiales. Es que hay niños rojitos y niños culpables. Como en los tiempos de Herodes.