Los centauros del 4-F
29-Ene 12:05 pm|Laura Helena Castillo / Fabiola Zerpa
A 20 años de la insurrección, la administración pública y el Alto Mando Militar están colonizados por promociones de oficiales sobre las que el Presidente tuvo ascendencia directa dentro de la Fuerza Armada Nacional
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Los centauros del 4F | El Nacional
La administración pública y el Alto Mando
Militar están colonizados por promociones de oficiales sobre las que el
Presidente tuvo ascendencia directa dentro de la Fuerza Armada Nacional.
La mayoría entrará a mediados de 2012 en el límite superior de la
jerarquía castrense. ¿Es el fin de una era o Hugo Chávez ha logrado
mantener su influencia en el estamento militar?
Ocurrió en el mes abril de 1982, un domingo. Hugo Chávez entonces teniente llamó repentinamente al batallón de cadetes de la Academia Militar bajo su cargo a un plantón, como se denomina en la jerga de los uniformados a una convocatoria súbita y en formación. La guerra de las Malvinas, entre Argentina y Gran Bretaña, había recién estallado.
"Entonces comienza a criticar la actitud de Estados Unidos en esa guerra.
Prácticamente nos dio una conferencia antiimperialista. Yo era un muchacho de 17 años, y nos decíamos: 'Bueno, este teniente se volvió loco, diciendo estas cosas, exponiéndose a que le llamen la atención’. Así es como yo conozco a Chávez".
El relato de la arenga es de Florencio Porras, ex gobernador de Mérida y militante del PSUV, confiada al periodista José Sant Roz en 2002. El líder merideño no lo sabía entonces, pero Chávez le hablaba a sus futuros centauros, como los bautizó en alusión a los soldados que seguían a caballo al general José Antonio Páez. Se trataba de un grupo de tenientes y capitanes que a la vuelta de 10 años se sublevaría en los sangrientos intentos de golpe del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992.
A 20 años de la insurrección, muchos de aquellos jóvenes oficiales se han convertido en importantes fichas militares con las que Chávez ha colonizado el estamento militar y, a la vez, la administración pública. Fichas que moldeó durante su estadía en la Academia Militar, tanto como estudiante (1971-1975) y como comandante de tropa (19751987). Durante esos períodos forjó una ascendencia personal directa sobre 12 promociones de oficiales del Ejército, de 1976 a 1987. Sin embargo, 2012 marca una frontera desafiante.
Juego de límites e imposición. "La ascen- dencia directa de Chávez llega hasta la promoción de 1987, que es la de Diosdado Cabello, José Vielma Mora y Jesse Chacón. Este año ellos estarían ascendiendo a general de brigada, primer escalón del generalato. Así, Chávez, en la medida que pasa el tiempo, está llegando al límite del control generacional de su influencia en su paso por el Ejército", señala Rocío San Miguel, directora de Control Ciudadano.
Promociones anteriores son consideradas centauros mayores, de las que también han salido funcionarios fieles al gobierno: Henry Rangel Silva (actual ministro de la Defensa y comandante del Comando Estratégico Operacional); Edgar Hernández Behrens (ex director de Cadivi y actual presidente de la Superintendencia de Bancos); Miguel Rodríguez Torres (director de la Disip); así como la mayoría del Alto Mando de la Fuerza Armada Nacional.
El grupo suma, según estudios de expertos, más de 700 oficiales en los altos cargos de la administración pública entre 1999 y 2010.
El ex ministro de Defensa Raúl Salazar hace una lectura estratégica sobre la manera en que Chávez mueve las piezas en el tablero. "¿Por qué manda a Diosdado Cabello a la Asamblea Nacional? Porque hace ya 5 años que la generación de Chávez pasó a retiro y sólo le quedan algunos centauros como Diosdado, cuyos compañeros han estado ocupando cargos de generales. Desde el poder Chávez debe tener mucho cuidado en cuanto a quién selecciona, porque siempre serán más contemporáneos a Diosdado que a él".
Algunas fuentes consultadas coinciden en que la designación del ex ministro obedece a una imposición de sectores militares que quieren asegurarse la continuidad del gobierno chavista en caso de una ausencia física del mandatario. "Al presidente de la Asamblea Nacional le tocaría ratificar al sustituto del Presidente", indica Salazar.
San Miguel distingue tres categorías de oficiales de acuerdo con sus actividades posteriores al 4-F y el 27-N: los estelares, que son los comandantes golpistas que lograron posiciones clave en muy poco tiempo; los centauros o subalternos, que no fueron imputados sino perdonados por los intentos de golpe y pudieron retomar la carrera militar; y los que, habiendo participado o no en las intentonas, pidieron la baja e hicieron vida civil y se han aprovechado de los réditos de la revolución.
Indica San Miguel que esos que se quedaron dentro del estamento militar ahora ocupan altos cargos en tres áreas: unidades de poder de fuego, unidades administrativas y el Alto Militar Ampliado. El primer sector aglutina 300 puestos clave que corresponden a los comandos de bases aéreas y unidades de combate. Las unidades administrativas suman cerca de 50 cargos; mientras el Alto Mando Militar Ampliado tiene 28 puestos, ocupados por los comandantes de cada fuerza, su Estado Mayor y sus respectivas unidades logísticas.
Mecanismos de control. Adelantándose al fin de ese control directo, Chávez ha establecido varios mecanismos para asegurarse la fidelidad dentro de la Fuerza Armada. Hernán Castillo, profesor de temas militares de la Universidad Simón Bolívar, considera que el proceso se inició en 2002. "El primero fue la purga de militares que hizo después del golpe de ese año y la colocación de oficiales chavistas en posiciones de comando militar". Luego se han sumado políticas como el aumento de sueldo a escalas mayores que al resto de los funcionarios; las reformas a la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, que politizan al estamento militar, y un plan de ideologización entre las filas de los jóvenes.
"El primer cambio de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional ocurrió en 2005, un año que marca el inicio de la ideologización del sector militar", afirma San Miguel. Le han seguido tres reformas más en 2008, 2010 y 2011 que revelan las dificultades que ha tenido el Ejecutivo cuarteles adentro. "Ningún sector del país ha necesitado tantas leyes. Esto se explica porque Chávez está en la búsqueda de un control sobre lo militar donde encuentra resistencias".
Otros mecanismos de control son la creación de dos generalatos adicionales (mayor general y general en jefe), con lo cual alarga la carrera militar de los centauros, y la equiparación de los oficiales técnicos a igual rango que los profesionales. "Eso ha creado roces, insubordinación y relajamiento entre los militares, además de desencanto", indica Castillo.
Cadena de mando abajo, se impone la ideologización. Una evidencia la ofreció esta semana el líder de una graduación de oficiales de tropa, en la Academia Militar. Al iniciar el acto presidido por Chávez, el joven José Gregorio Zaccaro Mendoza hizo una parada militar y dijo: "Somos 3.250 combatientes revolucionarios, socialistas, antiimperialistas, entrenados y capacitados para la defensa de la patria". Y el representante de los graduandos, Emin Rafael Ramos Rodríguez, en su discurso, hizo referencia al Che Guevara y a Eduardo Galeano.
En todas partes. En el terreno civil también se constata una avanzada de infantería hacia un objetivo claro: conquistar espacios de poder. Las instancias no siguen un patrón: ministerios, institutos autónomos, banca pública, embajadas y consulados, organismos de inteligencia, la Asamblea Nacional, gobernaciones, alcaldías. Aunque se observa un acento en la generación de los centauros, el origen de los oficiales no revela una guía clara: se observan líderes del golpe, no participantes en las insurrecciones de 1992, activos y retirados. Lo claro es la conquista de un territorio tradicionalmente ocupado por civiles, hecho que investigadores del tema llaman "la militarización de la política venezolana" o, más diáfanamente, "la consolidación de un gobierno militar".
Luis Alberto Buttó, profesor del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar, hizo la tesis doctoral "Venezuela 1992: aproximación histórica a las bases ideológicas de las insurrecciones militares", en la que recopiló tomando como base la Gaceta Oficial los nombres de los militares en altos cargos de la administración pública entre 1999 y 2010. El resultado es contundente: 720 oficiales.
Buttó advierte en su tesis que la cifra refleja sólo lo más visible: "Los 720 militares sumados al total no reflejan toda la complejidad de la realidad operante en Venezuela durante los 11 años considerados.
En modo alguno es exagerado sugerir que esta cantidad debe cuando menos cuadruplicarse, pues en la mentalidad militar es usual que, al asumir cierta posición de mando, el oficial o suboficial designado tienda a constituir equipos de trabajo con compañeros de promoción o subalternos de su confianza". El acompañamiento agrega suele hacerse a través de la figura legal denominada comisión de servicio.
Sumarían, entonces, aproximadamente 2.800 militares en la administración pública venezolana.
"Los militares han asumido el papel de diseñadores y ejecutores de políticas públicas, desviación evidente de su misión y funciones. Esto es papel de primera línea en el control de las maquinarias estatal y gubernamental venezolanas.
Conceptualmente, eso habla por sí solo de la intrínseca esencia del proceso político que se desarrolla en el país, que está signado por el predominio del pretorianismo", expresa Buttó.
José Antonio Rivas Leone, politólogo, profesor de la Universidad de los Andes y autor del estudio En los bordes de la democracia. La militarización de la política venezolana (2010), señala un elemento más simbólico: la sobreposición de la lógica militar sobre la civil; es decir, una mirada a las formas, que en política dicen tanto como el fondo. "El país vive un proceso sostenido de deterioro de su anclaje democrático, en el que destaca la presencia de la lógica militar. Desde la figura presidencial vemos desconfianza de lo civil y los partidos políticos. El diálogo y el respeto a la pluralidad no es la fortaleza de la formación militar. No quiere decir esto que exista prurito con el estamento militar, al contrario: una de las misiones más trascendentales y delicadas en el desarrollo de un país es el resguardo de la nación, que se ha debilitado en Venezuela", dice Rivas Leone. Destaca que en el servicio exterior venezolano al menos un tercio de los embajadores y cónsules provienen del mundo castrense.
Un ex ministro de la Defensa que pidió no ser identificado hace alusión a la obediencia.
"Es una ventaja para Chávez tener a militares en cargos públicos porque puede dar órdenes aprovechando la estructura vertical que hay en los cuarteles. No pasa lo mismo en caso de ser civiles".
El ascenso social y laboral de este grupo ha sido, según San Miguel, producto de la capacidad darwinista de sobrevivir y escalar posiciones entre quienes participaron en las intentonas. "Los golpistas establecieron un mecanismo de oportunismo que ha encontrado una relación de beneficio en la administración pública. El ascenso de Diosdado se debe a su búsqueda de espacios de confort. Estos grupos han encontrado un `colchón de comodidad’ que le ha proporcionado el chavismo a través de beneficios económicos, participación en contratos de la administración, puestos de trabajo y algunos cargos políticos".
"Cultura febrerista". El ex ministro de la Defensa aporta un ejemplo que revela una situación de tensión. "Los militares que están en la administración pública y aún se encuentran activos tienen que asistir periódicamente a cursos de formación dentro de la institución. Entonces suceden cosas como que un capitán que trabaja en un ministerio llega con tremendo carro y los que están con las tropas, en los cuarteles, notan que se abre una brecha de estilo de vida entre ellos".
Los militares también se han enfrentado con el escollo de la eficiencia. Por el Ministerio de Vivienda pasaron, por ejemplo, Jorge Pérez Prado, Ramón Carrizález y Diosdado Cabello, sin lograr cumplir las metas de construcción; en la Corporación Eléctrica Nacional estuvo Hipólito Izquierdo, en el momento en que comenzó a sentirse el deterioro del servicio público en todo el país.
Es lo que Luis Manuel Esculpi, miembro de Un Nuevo Tiempo y analista del mundo militar, llama la "cultura febrerista". "La certeza de que cualquiera, sin importar su preparación, puede ocupar cualquier cargo ha minado la política. Esto se profundizó porque el chavismo no contaba con cuadros civiles. Entonces surgió el problema de la preparación. ¿Para qué se forma un militar? Para la guerra, para derrotar a un enemigo".
El ex ministro completa: "Han designado militares como ministros de Salud y nosotros no conocemos la terminología médica, no sabemos ni poner una curita".