Viernes, 25 de mayo de 2012 • CARACAS/VENEZUELA
Fincher: La crítica no sirve para nada
23-Ene 10:56 am|Gregorio Belinchón - El País Servicio Exclusivo De El Nacional Madrid
David Fincher arremetió contra la prensa tras la violación del acuerdo de no publicar críticas sobre La chica del dragón tatuado por parte de The New Yorker. Su reacción confirma que es un hombre de armas tomar
David Fincher arremetió contra la prensa tras la violación del acuerdo de no publicar críticas sobre La chica del dragón tatuado
David Fincher arremetió contra la prensa tras la violación del acuerdo de no publicar críticas sobre La chica del dragón tatuado | Archivo
En un mundo lleno de películas "infantiloides" en las que los protagonistas dudan sobre qué vestido de boda ponerse, intercambian sus cuerpos con su amigo solterón o trabajan como agentes secretos que escalan hoteles gigantescos en Dubai, un puñado de creadores aún lucha por hacer cine de Hollywood para adultos, con personajes complejos y traumas familiares, y sin dejar ni un momento que el espectador se aburra.

En ese terreno, David Fincher (Denver, 1962) cree ser Dios, más aún, el Coppola del siglo XXI. Y lo mismo se le da el show business informático (Red social) que un relato corto de Fitzgerald (El curioso caso de Benjamin Button) o una colección de asesinos en serie (Alien 3, Seven y Zodíaco).

Fincher habla del hombre, de sus contradicciones, y era lógico que el productor Scott Rudin le ofreciera la versión estadounidense de La chica del dragón tatuado. Si hablamos de traiciones, periodismo de investigación, venganza, dolor y violaciones, el realizador parece la opción correcta.

La chica del dragón tatuado
es protagonizada por Mikael Blomkvist, ese periodista íntegro que probablemente jamás firmaría un acuerdo de no publicar una crítica de cine antes de una fecha determinada, hecho habitual en el reino de los grandes estudios de Hollywood y que el crítico de la revista The New Yorker David Denby violó al divulgar antes que nadie su opinión sobre la cinta de Fincher para escándalo de Sony, la productora del filme. Y también para la gran rabieta del director, que dijo: "Entiendo el mundo en el que vivimos, de velocidad constante y de dar primero la noticia. De acuerdo, pero no deberíamos reventar ese placer al espectador. A mí no me interesa la crítica, no quiero que nadie analice y destripe las películas.

Sólo quiero que me digan `tienes que verla’ esas cinco o seis personas cuyo criterio y gusto respeto. Los acuerdos están hechos para ayudar en una labor. He hablado con Denby de esto, incluso entiendo el trabajo de Harry Knowles (creador de la página web reveladora de secretos de Hollywood Ain’t It Cool News), pero no ayudan a este negocio ni a sus creadores.

No es cierto que democraticen las múltiples voces que se escuchan en el mundo del cine. La crítica de Denby fue buena, pero ése no es el asunto. Es que si valoras el sentarte en una sala oscura con otras 750 personas a disfrutar de una experiencia emocional, no debes revelarla.

Cuanta más gente cuchichee sobre la historia, más se degrada la experiencia para el resto.

La crítica no sirve para nada.

Cuando se estrena una película puedes estar seguro de que alguien ya sabe cómo recuperar su presupuesto. Y en esos planes no entran los críticos".

¿Quién es Shakespeare?
"Crecí en una época en la que nos moríamos de ganas de que estrenaran El padrino o Alien. Me gustaba aquel sentimiento, aquellas colas para comprar la entrada...

Ya sé que el cine ha cambiado.

Todo hoy se centra en franquicias, en juguetes... Y yo me muevo en otra... No sé escoger una palabra porque formo parte de Hollywood y tampoco creo en eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. He tenido una suerte enorme, trabajo con grandes presupuestos, con quien quiero y me gusta lo que dirijo", asegura Fincher.

El cineasta rechaza conscientes ecos shakespearianos en su obra: "Gracias, pero no lo conozco. Por supuesto que hablar de amigos que traicionan a amigos es un tema clásico, y en Seven había reflexiones sobre el mal como puro mal. Pero creo que añado toques posmodernos, por lo menos sin tanto alarde como en mis inicios, cuando era un bebé de 30 años. Me gustan los clásicos, pero me gusta más hacer disfrutar a esa persona que se sienta en una butaca tras haber visto un tráiler, que se deja llevar por una experiencia emocional creada por gente que pretende ser otra, y que jugará con sus sentimientos".

En La chica del dragón tatuado, rodada en sus escenarios naturales suecos, pero con un reparto hollywoodense comandado por Daniel Craig, Robin Wright, Christopher Plummer y, derrotando a un puñado de actrices que se pegaron por su personaje, Rooney Mara como Lisbeth Salander (Mara encarnó a la chica que deja a Zuckerberg al inicio de Red social), el mal anida en la familia Vanger.

"Me centré en el thriller.

Cuando salió la novela claro que se acentuó su crítica social o su ataque antimisógino. Pero es necesario saber cómo Suecia superó la Segunda Guerra Mundial y ése es el background de los personajes, no la historia. La historia está ahí, los sentimientos están ahí. Va de hombres, de mujeres, de una chica que está más allá del dolor, que no siente, que es la costra de una herida que ya se cerró...".

La charla llega a su fin: tras admitir que no sabe cuál es su siguiente proyecto, si 20.000 leguas de viaje submarino o Cleopatra, con Angelina Jolie, "porque en Hollywood nadie sabe qué estará de moda", el director aún recuerda cómo lo sorprendió La ventana indiscreta a los 11 años de edad, cuando su padre lo llevó a una sala a verla. "Lograr que un niño vaya de asombro en asombro, que descubra lo que pasa en el edificio de enfrente en un viaje emocional para el público... Eso es hacer cine".
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