Viernes, 25 de mayo de 2012 • CARACAS/VENEZUELA
Tenerife, ensueño sobre el mar
22-Ene 02:15 pm|Andreyna Rodríguez D.
La tierra que nace de un volcán encierra paisajes de norte a sur. Fue templo sagrado para los guanches, primeros pobladores, y ahora, los turistas se regocijan de placer sobre esta alfombra variopinta que cubre el océano
Tenerife, ensueño sobre el mar
Tenerife, ensueño sobre el mar | Andreyna Rodríguez D.
Tenerife es un fragmento rebelde de continente en medio del océano Atlántico. Nació del fuego del volcán y junto a sus seis hermanas ­La Gomera, La Palma, El Hierro, Gran Canarias, Fuerteventura y Lanzarote­ forma parte de una extremidad distante de la España peninsular, conocida como las Islas Canarias.

Es a su vez, el archipiélago más grande del conjunto. En él se descubren acantilados, valles, playas, dunas, diversos parajes en los que la lava del viejo Teide dejó su huella no sólo en el color opaco de la tierra, sino también en las oscuras arenas de sus playas y en las caprichosas formaciones de sus montañas, algunas más verdes que otras.

Tenerife se divide en dos partes según la costumbre isleña: norte y sur. Pero es Santa Cruz el territorio neutral, la ciudad principal donde la antigüedad y la modernidad se mezclan para brindar sus encantos culturales, así como el esparcimiento a los tinerfeños y a los turistas que llegan al puerto diariamente en lujosos trasatlánticos.

El centro de la modernidad. Santa Cruz es considerada por algunos un balcón sobre el mar, pues cualquiera puede observar el infinito océano, y en algunas ocasiones, cuando el cielo está despejado, divisar la silueta perfecta de La Palma, una de las islas hermanas.

Desde la avenida Anaga, en el paseo peatonal, se respira la brisa marina y se observa el puerto repleto de turistas, barcos y de los lugareños. El camino por sí solo guía hasta la plaza España: majestuosa y amplia. Las vías aledañas al monumento conducen a la famosa calle Castilla colmada de comercios. Siempre es ajetreada, sólo el silencio se apodera de ella de 1:00 a 4:00 de la tarde cuando los comerciantes toman su siesta diaria. Luego de las 5:00 la algarabía vuelve a ganar territorio.

El parque García Sanabria y las Ramblas son paseos que no deben faltar en el itinerario del turista. Es ideal hacer el recorrido en las tardes, con la brisa fresca y con la compañía de un barraquito ­café popular elaborado con leche condensada, leche, canela, limón y licor­ y unos churros cubiertos de azúcar, disponible en cualquier bar o cafetería de la zona.

Para quienes prefieren disfrutar de un día de playa, Las Teresitas y San Andrés son el lugar ideal. El color de la arena es distinto al resto de la isla, puesto que fue traída del desierto del Sahara. Están repletas de visitantes durante todo el año, aunque suele bajar el número en los meses de invierno.

El Parque Marítimo es otra alternativa para refrescarse, en su interior posee un conjunto de piscinas de agua salada, una playa pequeña, restaurantes y diversos lugares recreativos para niños. Desde las instalaciones acuáticas se observa el monumental Auditorio de Tenerife, obra del reconocido arquitecto español Santiago Calatrava. En él se presentan el Festival de Ópera de Tenerife, la Orquesta Sinfónica, el Festival de Música de Canarias, entre otros eventos.

Tierra de historia. El verdor intenso es lo que resume la belleza del norte de la isla.

La Laguna o la Ciudad de los Adelantados, como se le conoce, es un rincón que conserva las calles empedradas, monumentos y edificios de gran valor dentro del casco histórico.

Lo añejo del lugar se contrasta con el ambiente alegre y jovial de una urbe colmada de estudiantes, pues en sus alrededores se encuentra la Universidad de La Laguna.

La iglesia de La Concepción es el retrato perfecto del lugar.

A muy pocos metros del recinto religioso, se encuentra el teatro Leal que le da vida a las calles peatonales durante las noches. Eso sí, después de una función nada mejor que acompañar el paseo con un cono de castañas recién hechas en los kioscos ubicados dentro de la ciudad.

El norte de Tenerife se engalana con la Orotava. Al igual que La Laguna conserva el centro histórico y algunas de sus tradiciones, como adornar las calles del casco con alfombras de flores con motivos religiosos y ornamentales. Hay aquí otro templo dedicado a La Concepción y la iglesia de San Agustín, dos edificaciones de estilo barroco que resaltan el colorido de las calles estrechas y de las plazas cercanas decoradas con flores, una fotografía memorable.

Sin embargo, ir a la Orotava y no visitar la Casa de Los Balcones es como no haber ido. La Casa Fonseca, como también se le conoce, data del año 1632, su fachada está revestida con los tradicionales balcones canarios hechos de madera tallada. Además de mostrar la distribución antigua de la vivienda, abre sus estancias para ofrecer a los turistas productos típicos canarios como lo mantelería bordada, cerámicas y trajes folklóricos.

Más hacia el norte de la isla se encuentra Icod de los Vinos. Recibe su nombre por la vid, cultivo más importante de la zona, pero las plataneras no se quedan atrás. Entre sus calles empinadas el pueblo guarda uno de sus grandes tesoros: el drago milenario. Es la planta más grande y longeva de su especie, se calcula que tiene entre 800 y 1.000 años.

Este símbolo natural está rodeado de un parque con la vegetación endémica de Tenerife.

La iglesia de San Marcos, famosa por su antigüedad, queda a poco pasos del drago, y es merecedora de una visita para aquellos que deseen hacer sus oraciones o conocer el museo sacro.

Lujo, placer y devoción. Camino hacia el sur se pierde la noción de cuando la aridez de las montañas se mezcla irremediablemente con el mar agitado de la Costa Adeje. Se respira tranquilidad y descanso. El sur es la porción de Tenerife que se dedica al turismo los 365 días del año. Hoteles majestuosos, pequeños, lujosos, modestos y de todas las formas dibujan su paisaje pintoresco.

Las orillas de La Enramada, Fañabé, El Duque, Las Américas y Torvisca son algunas de las playas que durante el día se pueden visitar para disfrutar del sol y del agua marina un poco más fría que la del Caribe. En las tardes se puede recorrer las calles atiborradas de restaurantes, cafeterías y centros comerciales que albergan tiendas de las más importantes firmas. El centro comercial Plaza del Duque es uno de los más prestigiosos, aunque también vale la pena visitar otros más accesibles como el centro comercial Sebastián, San Eugenio o las tiendas a lo largo de las vías peatonales.

Durante las noches, la Costa Adeje vibra con sus locales nocturnos para bailar o para disfrutar del karaoke. Además, se puede disfrutar del performance que el ballet de Carmen Mota presenta todos los años en el auditorio de la Pirámide de Arona. Es impresionante como el ritmo popular español se funde con la danza contemporánea, y la perfecta sincronización de los bailarines junto con el vestuario deja al espectador boquiabierto y regalando aplausos bien merecidos.

La Candelaria es una ciudad ubicada al sur, mucho antes de llegar a la Costa Adeje. Aunque es pequeña, su importancia radica en que resguarda a la patrona de Canarias: la Virgen de la Candelaria. Le dicen La Morenita como uno de los tantos piropos, y siempre la tienen coqueta con sus coloridos mantos y sus joyas preciosas. Algunas veces la visten de azul, otras de verde, de rojo o de blanco de acuerdo con los tiempos litúrgicos.

La Virgen constantemente está protegida por los guaches, pues en el malecón donde se encuentra la iglesia están las estatuas de los primeros hombre que la veneraron y que hoy, como símbolo sagrado, la protegen.

El corazón de la isla. El Teide no es sólo el punto más alto de Tenerife, es el dios de los guanches, la raza dueña del archipiélago hasta su conquista hace más de 500 años.

Desde cualquier lugar de la isla se observa su cráter y las diferentes tonalidades de su falda. De norte a sur es el rey de todas las islas Canarias.

A lo largo de las cuatro estaciones el paisaje del volcán es diferente. Para muchos la estampa preferida es durante la primavera, debido a que el Tajinaste rojo, la flor propia de la zona, le da un colorido característico. Pero para otros, en el invierno la imagen de la montaña cubierta de nieve es un regalo de la naturaleza.

De cualquier manera, lo más recomendable es subir al teleférico y observar una espectacular panorámica de la isla.

Tampoco debe faltar la visita a los Roques de García y el llano de Ucanca. Son los lugares más visitados y fotografiados de todo el parque nacional.
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