Tenerife, ensueño sobre el mar
22-Ene 02:15 pm|Andreyna Rodríguez D.
La tierra que nace de un volcán encierra paisajes de norte a sur. Fue templo sagrado para los guanches, primeros pobladores, y ahora, los turistas se regocijan de placer sobre esta alfombra variopinta que cubre el océano

Tenerife, ensueño sobre el mar | Andreyna Rodríguez D.
Tenerife es un fragmento rebelde de continente en
medio del océano Atlántico. Nació del fuego del volcán y junto a sus
seis hermanas La Gomera, La Palma, El Hierro, Gran Canarias,
Fuerteventura y Lanzarote forma parte de una extremidad distante de la
España peninsular, conocida como las Islas Canarias.
Es a su vez, el archipiélago más grande del conjunto. En él se
descubren acantilados, valles, playas, dunas, diversos parajes en los
que la lava del viejo Teide dejó su huella no sólo en el color opaco
de la tierra, sino también en las oscuras arenas de sus playas y en
las caprichosas formaciones de sus montañas, algunas más verdes que
otras.
Tenerife se divide en dos partes según la costumbre isleña: norte y
sur. Pero es Santa Cruz el territorio neutral, la ciudad principal
donde la antigüedad y la modernidad se mezclan para brindar sus
encantos culturales, así como el esparcimiento a los tinerfeños y a
los turistas que llegan al puerto diariamente en lujosos
trasatlánticos.
El centro de la modernidad. Santa Cruz es considerada por
algunos un balcón sobre el mar, pues cualquiera puede observar el
infinito océano, y en algunas ocasiones, cuando el cielo está
despejado, divisar la silueta perfecta de La Palma, una de las islas
hermanas.
Desde la avenida Anaga, en el paseo peatonal, se respira la brisa
marina y se observa el puerto repleto de turistas, barcos y de los
lugareños. El camino por sí solo guía hasta la plaza España:
majestuosa y amplia. Las vías aledañas al monumento conducen a la
famosa calle Castilla colmada de comercios. Siempre es ajetreada, sólo
el silencio se apodera de ella de 1:00 a 4:00 de la tarde cuando los
comerciantes toman su siesta diaria. Luego de las 5:00 la algarabía
vuelve a ganar territorio.
El parque García Sanabria y las Ramblas son paseos que no deben
faltar en el itinerario del turista. Es ideal hacer el recorrido en
las tardes, con la brisa fresca y con la compañía de un barraquito
café popular elaborado con leche condensada, leche, canela, limón y
licor y unos churros cubiertos de azúcar, disponible en cualquier
bar o cafetería de la zona.
Para quienes prefieren disfrutar de un día de playa, Las Teresitas y San
Andrés son el lugar ideal. El color de la arena es distinto al resto
de la isla, puesto que fue traída del desierto del Sahara. Están
repletas de visitantes durante todo el año, aunque suele bajar el
número en los meses de invierno.
El Parque Marítimo es otra alternativa para refrescarse, en su
interior posee un conjunto de piscinas de agua salada, una playa
pequeña, restaurantes y diversos lugares recreativos para niños.
Desde las instalaciones acuáticas se observa el monumental Auditorio
de Tenerife, obra del reconocido arquitecto español Santiago Calatrava.
En él se presentan el Festival de Ópera de Tenerife, la Orquesta
Sinfónica, el Festival de Música de Canarias, entre otros eventos.
Tierra de historia. El verdor intenso es lo que resume la belleza del norte de la isla.
La Laguna o la Ciudad de los Adelantados, como se le conoce, es un
rincón que conserva las calles empedradas, monumentos y edificios de
gran valor dentro del casco histórico.
Lo añejo del lugar se contrasta con el ambiente alegre y jovial de
una urbe colmada de estudiantes, pues en sus alrededores se encuentra la
Universidad de La Laguna.
La iglesia de La Concepción es el retrato perfecto del lugar.
A muy pocos metros del recinto religioso, se encuentra el teatro Leal
que le da vida a las calles peatonales durante las noches. Eso sí,
después de una función nada mejor que acompañar el paseo con un cono
de castañas recién hechas en los kioscos ubicados dentro de la
ciudad.
El norte de Tenerife se engalana con la Orotava. Al igual que La
Laguna conserva el centro histórico y algunas de sus tradiciones,
como adornar las calles del casco con alfombras de flores con motivos
religiosos y ornamentales. Hay aquí otro templo dedicado a La
Concepción y la iglesia de San Agustín, dos edificaciones de estilo
barroco que resaltan el colorido de las calles estrechas y de las
plazas cercanas decoradas con flores, una fotografía memorable.
Sin embargo, ir a la Orotava y no visitar la Casa de Los Balcones es
como no haber ido. La Casa Fonseca, como también se le conoce, data
del año 1632, su fachada está revestida con los tradicionales
balcones canarios hechos de madera tallada. Además de mostrar la
distribución antigua de la vivienda, abre sus estancias para ofrecer
a los turistas productos típicos canarios como lo mantelería bordada,
cerámicas y trajes folklóricos.
Más hacia el norte de la isla se encuentra Icod de los Vinos. Recibe
su nombre por la vid, cultivo más importante de la zona, pero las
plataneras no se quedan atrás. Entre sus calles empinadas el pueblo
guarda uno de sus grandes tesoros: el drago milenario. Es la planta
más grande y longeva de su especie, se calcula que tiene entre 800 y
1.000 años.
Este símbolo natural está rodeado de un parque con la vegetación endémica de Tenerife.
La iglesia de San Marcos, famosa por su antigüedad, queda a poco pasos
del drago, y es merecedora de una visita para aquellos que deseen
hacer sus oraciones o conocer el museo sacro.
Lujo, placer y devoción. Camino hacia el sur se pierde
la noción de cuando la aridez de las montañas se mezcla
irremediablemente con el mar agitado de la Costa Adeje. Se respira
tranquilidad y descanso. El sur es la porción de Tenerife que se
dedica al turismo los 365 días del año. Hoteles majestuosos,
pequeños, lujosos, modestos y de todas las formas dibujan su paisaje
pintoresco.
Las orillas de La Enramada, Fañabé, El Duque, Las Américas y Torvisca
son algunas de las playas que durante el día se pueden visitar para
disfrutar del sol y del agua marina un poco más fría que la del
Caribe. En las tardes se puede recorrer las calles atiborradas de
restaurantes, cafeterías y centros comerciales que albergan tiendas de
las más importantes firmas. El centro comercial Plaza del Duque es
uno de los más prestigiosos, aunque también vale la pena visitar otros
más accesibles como el centro comercial Sebastián, San Eugenio o
las tiendas a lo largo de las vías peatonales.
Durante las noches, la Costa Adeje vibra con sus locales nocturnos
para bailar o para disfrutar del karaoke. Además, se puede disfrutar
del performance que el ballet de Carmen Mota presenta todos los años
en el auditorio de la Pirámide de Arona. Es impresionante como el
ritmo popular español se funde con la danza contemporánea, y la
perfecta sincronización de los bailarines junto con el vestuario deja
al espectador boquiabierto y regalando aplausos bien merecidos.
La Candelaria es una ciudad ubicada al sur, mucho antes de llegar a
la Costa Adeje. Aunque es pequeña, su importancia radica en que
resguarda a la patrona de Canarias: la Virgen de la Candelaria. Le
dicen La Morenita como uno de los tantos piropos, y siempre la
tienen coqueta con sus coloridos mantos y sus joyas preciosas. Algunas
veces la visten de azul, otras de verde, de rojo o de blanco de
acuerdo con los tiempos litúrgicos.
La Virgen constantemente está protegida por los guaches, pues en el
malecón donde se encuentra la iglesia están las estatuas de los
primeros hombre que la veneraron y que hoy, como símbolo sagrado, la
protegen.
El corazón de la isla. El Teide no es sólo el punto más
alto de Tenerife, es el dios de los guanches, la raza dueña del
archipiélago hasta su conquista hace más de 500 años.
Desde cualquier lugar de la isla se observa su cráter y las
diferentes tonalidades de su falda. De norte a sur es el rey de
todas las islas Canarias.
A lo largo de las cuatro estaciones el paisaje del volcán es
diferente. Para muchos la estampa preferida es durante la primavera,
debido a que el Tajinaste rojo, la flor propia de la zona, le da un
colorido característico. Pero para otros, en el invierno la imagen de
la montaña cubierta de nieve es un regalo de la naturaleza.
De cualquier manera, lo más recomendable es subir al teleférico y observar una espectacular panorámica de la isla.
Tampoco debe faltar la visita a los Roques de García y el llano de
Ucanca. Son los lugares más visitados y fotografiados de todo el
parque nacional.