Memoria y fracaso
16-Ene 06:18 am|El Nacional
Al aceptar que expropiar sin pagar no es robar, el Presidente de la República se expone a ser cómplice de delitos perfectamente definidos en las leyes venezolanas

El discurso de Chávez ante la Asamblea Nacional duró 9 horas y 27 minutos | Cortesía: Miraflores
Bastó un minuto, una frase, un gesto de rebeldía de una mujer para que todo el machismo militar rojo rojito se viniera abajo y la Memoria y Cuenta de 2011 pasara a ser recordada por la monumental metida de pata presidencial, al fomentar un careo público entre él y la diputada y precandidata María Corina Machado.
No pudo escoger peor momento el Presidente de la República para tratar de despacharse con un par de viejas y desteñidas frases a quien le inquiría sobre uno de los problemas clave de esta campaña electoral y que une a toda la oposición: las violentas expropiaciones llevadas a cabo con presencia de la FAN y de irregulares integrantes de bandas armadas apoyadas, presumiblemente, desde el poder bolivariano.
Lo que le dijo María Corina Machado es tan cierto como el mismo hecho de que la Constitución no acepta la confiscación (la toma de bienes por el Estado sin pago y compensación alguna), sino que establece claramente que las expropiaciones deben fundamentarse sobre bases sólidas de utilidad pública, mediante pasos específicos e instancias judiciales que obliguen al Estado a probar sus argumentos y establecer mecanismos de pago basados en compensaciones razonables.
Cuando a un particular se le arrebata su propiedad, se le expulsa de ella por la fuerza y se le humilla desde el poder mediante los medios de comunicación rojo rojitos, acusándolo de haberse apropiado indebidamente de la tierra que cultiva o del edificio que construyó con sus ahorros, de ser virtualmente un delincuente por alquilar su casa o su apartamento, estamos no sólo frente a un acto injusto sino ante la justificación presidencial de un hecho punible.
Al aceptar que expropiar sin pagar no es robar, el Presidente de la República se expone a ser cómplice de delitos perfectamente definidos en las leyes venezolanas. Desde luego, el mandatario nacional se siente protegido por un sistema judicial hecho como un traje a la medida, pero olvida que el poder nunca es eterno y que los derechos a la propiedad, a la vida y a la justicia nunca dejarán de estar presentes por mucho que pasen los años.
Puede que la historia lo recuerde a usted, Presidente, por algunas cosas que llevó adelante, pero los venezolanos que sufrieron injustificadamente sus humillaciones públicas por el simple hecho de trabajar la tierra, emprender pequeños y medianos negocios en las ciudades, construir viviendas, protestar porque no se les entrega su casa a tiempo o ser prácticamente un leproso en el campo laboral por haber trabajado en la Pdvsa democrática, nunca lo olvidarán.
De lo que sí estamos seguros es de que esas personas perseguidas y azotadas, humilladas y ofendidas en su honor y en su calidad de vida, nunca llegarán ser como usted. Al contrario, sabrán perdonar y sentirán compasión por alguien que usó el poder para tratar de hacer el bien mientras le hacía mucho mal a inocentes. Eso sí, jamás lo olvidarán.