Ni memoria ni cuenta
14-Ene 04:22 am|El Nacional
Un diagnóstico de la nación, una referencia para los ciudadanos del
país que habitan y al cual pertenecen. Una visión del futuro que se
les promete

Hugo Chávez saluda a sus seguidores antes de presentar su Memoria y Cuenta 2011 en la AN | AVN
La presentación de la
Memoria y Cuenta del Presidente de la República está consagrada en la
Constitución como un deber primordial de quien ejerce la jefatura del
Estado. Al denominar "memoria y cuenta" al documento, los legisladores
instruyeron a quienes ejercieran el poder a presentar un cuadro
preciso de la situación del país, de los problemas fundamentales que se
pudieron resolver durante el año, de los que no se pudieron por
razones de fuerza mayor y de las propuestas que se formulaban para
resolverlos.
Esto es lo que en líneas generales se entiende como "memoria".
Un diagnóstico de la nación, una referencia para los ciudadanos del
país que habitan y al cual pertenecen. Una visión del futuro que se
les promete. Obviamente, se trata del documento fundamental con el que
pueda contar el país.
Pero, además, el jefe de Estado tiene la obligación constitucional,
prevista también por el legislador, de presentar paralelamente la
"cuenta". Por consiguiente, es obvia la obligación de rendir cuenta de
los ingresos y egresos de la administración pública en forma clara,
provista de los respaldos documentales necesarios.
Todos los presidentes, desde José Antonio Páez en 1831, fecha del
primer mensaje de un mandatario republicano, hasta Rafael Caldera en
1999, todos rindieron sus memorias y cuenta de manera que, en efecto,
respetaron el espíritu y el sentido de la presentación del "estado de la
nación".
Siempre fueron documentos escritos, leídos por los jefes de Estado, o
en ocasiones por un ministro delegado, como en la época del general
Gómez. El hecho de que los documentos fueran escritos se consideró
siempre necesario, porque nadie podía suponer que una "memoria" y
menos una "cuenta" pudieran ser objetos de improvisación.
La tradición fue rota por Hugo Chávez desde su primer mensaje.
La improvisación suplantó la escritura. A partir de ese momento hablar
de "mensaje presidencial" quiere decir otra cosa. Ni memoria ni cuenta.
Una arenga retórica, una confusión de promesas, una justificación o
evasión o silencio frente a graves problemas, en eso ha devenido lo
que antes fue ejercicio de reflexión.
A Chávez no le gusta leer. Y se comprende por qué. Porque, simplemente,
la escritura lo obligaría y lo responsabilizaría. Y si se trata de la
rendición de cuentas, de ofrecer las cifras de los ingresos y de los
egresos, de las deudas contraídas con países extranjeros como Rusia y
China, pues ni hablar del fondo chino.
Este año también Hugo Chávez inició su arenga con lecciones de
democracia. Anécdotas que contribuyeron a decorar su traje de cordero.
Promesas de que entregará el poder si pierde las elecciones el 7 de
octubre. Amagos de canto, mención inevitable de su enfermedad.
Exhibición de un lingote de oro. Repeticiones.
En esto se fue la primera hora de lo que no fue ni "memoria" ni
"cuenta". La confusión planificada. El escamoteo. La falta de
seriedad. Volveremos sobre el tema.