Irresponsable
11-Ene 06:32 am|El Nacional
En su programa dominical, el Presidente se quitó de encima el problema de la inseguridad con su ardid de siempre: la culpa la tiene la cuarta república

Golpe del 4 de febrero de 1992 | Humberto Matheus
En su programa dominical, el Presidente se quitó de encima el problema de la inseguridad con su ardid de siempre: la culpa la tiene la cuarta república. Ojalá fuera así, para felicidad de los ciudadanos, porque como la cuarta está muerta y enterrada y vivimos en las mieles revolucionarias de la quinta, pues esta situación de violencia ya tendría que haber dejado de existir y sería un fantasma del pasado.
Lo malo es que ese fantasma sigue vivito y coleando, y cobra vidas a diestra y siniestra como si Miraflores fuera un gimnasio donde los malandros y las bandas armadas acudieran para echar músculo, mantenerse en forma y matar por quítame estas pajas.
El 4 de febrero, el día del golpe bolivariano, los militares complotados acudieron a Miraflores con el firme propósito de asesinar al Presidente, es decir, de cometer el mayor de los crímenes que se puede perpetrar en una democracia porque se trata de quitarle la vida al máximo representante del poder civil e institucional, electo por los votos del pueblo.
De forma que si un proyecto revolucionario se inicia apelando al asesinato de un ser humano, que merece respeto y consideración, pues lo lógico es que termine hundido en lo que estamos hoy, en una matanza diaria en los barrios, en las urbanizaciones, en los pueblos de provincia e incluso, en los refugios instalados en Fuerte Tiuna donde reina la violencia, de acuerdo con la prensa.
Lo fundamental en este caso es resaltar que existe un hilo conductor entre quienes llevaron a cabo el golpe del 4 de febrero y planificaron fríamente un crimen contra un Presidente y el hampa política que ha florecido a la sombra de Miraflores, ya sean los grupos armados que operan como cuerpos parapoliciales en el 23 de Enero o que sirven de enlaces internacionales y cooperan activamente con las narcoguerrillas del ELN y las FARC, en Colombia, o que protegen a los sectores más radicales de la ETA, en España.
El carácter criminal de aquella intentona del 4 de febrero no ha dejado de estar presente y ha manchado con insistencia la política internacional de Venezuela. Basta con que un país se exprese contra Estados Unidos o la Unión Europea para que de inmediato sea admitido en el club de quienes pueden matar a otros seres humanos pasando por encima de cualquier consideración civilizada de sexo o religión.
La visita del Presidente iraní y su efusiva declaración de "hermano de la revolución bolivariana" nos dice mucho sobre el carácter real de quienes pretenden transformar a Venezuela en una nueva patria, con otros ideales y conceptos de vida.
A Miraflores no le importa la absurda y antihistórica discriminación de la mujer en Irán, la humillación que se comete a diario contra de millones de personas por ser de sexo femenino. Tampoco le interesa que aquellos seres humanos que exigen libertad para expresar su orientación sexual sean condenados a muerte. Para iraníes y bolivarianos estas personas son criminales de antemano.