Cómo evitar en este nuevo año las relaciones dañinas que nada aportan a nuestro ser

Este es mi tercer día del 2012 y, hasta ahora, todo pinta muy lindo. Nada de problemas ni de complicaciones. Chilin, dicen por ahí.
Y cuando ha surgido algún amago de molestia, como cuando fui a la colecturía a comprar el marbete y estaba cerrada, pues a soltar y dejar ir. Resolución de año nuevo... los baños con mantequilla. Que me resbale todo.
En estos días de tanta pausa, además de leer y releer (The Godfather y El amor en los tiempos de cólera), me he puesto al día en los correos de mis amigas lectoras. Revisando una considerable cantidad de ellos me di cuenta que no soy la única que constantemente cae en relaciones sino tóxicas, equivocadas.
Comentaba en mi pasada columna que en este nuevo año quiero evitar relaciones dañinas que en nada aportan a mi ser. Sobre todo, esas que se convierten en una lucha diaria con el chico que se supone aprecie a una o, al menos, lo demuestre.
Entre los diversos correos recibí el de Margot (pidió que la identificara así), una chica de 33 años, ejecutiva de una firma de contabilidad.
Durante cinco años fue novia de este chico que, como ella, era ejecutivo de una firma de auditorías. Ambos estudiaron en la misma universidad e hicieron el internado en la misma compañía. Al cabo de los años se encontraron y comenzaron un romance que terminó como el rosario de la aurora.
Según Margot, desde el inicio de la relación Ignacio se comportaba como un contendiente más que un amante o compañero sentimental. Podía estar horas debatiendo con ella respecto a las decisiones que tomaba en la compañía. Información que compartía con él dada la relación y, por ende, confianza que tenía en él. El chico era muy dado a burlarse de ella y hacerla quedar en ridículo, sobre todo cuando asistían a alguna actividad con sus colegas.
Margot es muy talentosa y consiguió una promoción en su trabajo. La noticia le cayó como un balde de agua fría a Ignacio, quien no se cansó de cuestionar las “razones” para otorgarle el ascenso. Incluso le dijo que él se había graduado con mejor promedio que ella y no entendía cómo podía ganar tanto dinero.
“Cara llegó el momento en que sentía que dormía, literalmente, con el enemigo. No había violencia ni abuso físico ni verbal. Era complaciente y cariñoso, mientras no se hablara de trabajo”, expresó.
Faltando cuatro meses para la boda, Margot rompió el compromiso y asegura que no se arrepiente. Bravo por ella y por todas las que envían de paseo a estos seres inseguros que no pueden manejar el éxito de sus compañeras. Ciao!