Viernes, 25 de mayo de 2012 • CARACAS/VENEZUELA
Entre el teatro y las pelotas
31-Dic 08:35 am|Humberto Acosta
Es el más anónimo de los trabajos dentro del equipo, pero tan importante como los batazos de Jesús Guzmán
El hombre de 34 años no se está quieto un momento. No puede. Son pocos los que lo han visto sentado. Relajado, antes, en medio y luego de los partidos. Va y viene. Camina. Corre. Sube y baja. Entra y sale. Por lo general no habla. Únicamente escucha.

Por supuesto que descansa, pero cuando todos se han ido y puede echarse a dormir en el pequeño espacio que lo cobija en el vestuario. Entonces ya han transcurrido cerca de doce horas de constante movimiento.

Puede parecer un eufemismo, pero no es un mandato irrevocable. Es una ocupación, y el hombre de 34 años de edad, la cumple sin chistar y hasta con afecto.

-Jaramillo, las pelotas. La práctica ya va a comenzar.

-Jaramillo, las pelotas. Ya Galarraga salió para el bullpen.

-Jaramillo, pana. Tráeme un vaso de agua.

-Jaramillo, búscame el bate amarillo.

-Jaramillo, necesito un barril con pelotas. Voy hacer swing con Armas.

"Jaramillo" es Miguel Sotillo, el recogebates de los Leones del Caracas. Un oficio que excede la simple función de llevar y traer pelotas y bates de béisbol. Habría que estar dentro de un equipo profesional como el Caracas para apreciar su complejidad. También para valorar, cómo en un mundo de uniformados, posee el rango más bajo dentro de la jerarquía. Circunstancia que por un momento llevó a Sotillo a dudar sobre el interés en conversar con él, y no con Jesús Guzmán o Asdrúbal Cabrera, dos de las más connotadas figuras de los Leones.

"Sí, es mucho más que eso", conviene Sotillo. "Debo estar muy atento porque siempre me necesitan para cualquier cosa. Por ejemplo, debo tener listas las pelotas y los bates para la práctica de bateo. Limpiar los cascos, y algo tan importante como no tocar una pelota que salga de las rayas, por un wildpitch, un pasbol, o hasta por un foul. No forma parte de mi trabajo, pero igualmente ayudo con los corredores. Si hay un corredor en segunda, estoy pendiente si el short o la segunda van a entrar por detrás para sorprenderlo.

Y si es un corredor que va anotar, le indico si debe o no deslizarse en el home de acuerdo a cómo venga el tiro".

¿Novato? Esta es la segunda temporada de Sotillo en los Leones y su estadía en el equipo fue incentivada por José Gregorio Olivares, encargado del vestuario de los Leones.

"Nos conocimos hace mucho tiempo en Valle de la Pascua, donde nacimos", cuenta. "Me pidió que enviara mi curriculum, y cuando el cargo quedó vacante, me llamaron.

Es la primera vez en mi vida que hago este trabajo. No soy monedita de oro, pero en estos dos años me he ganado el afecto de todos. Me siento parte importante del equipo, y me siento orgulloso, porque a 99 por ciento de los peloteros, les caigo bien. Tengo su amistad, y hasta salgo con ellos. Sólo Darwin Cubillán y Wilfredo Romero son mayores que yo, y eso ha establecido un feeling muy bonito, hasta con los importados pese a que no hablo inglés".

El autor intelectual del apodo con el que se conoce a Sotillo en el Caracas es Antonio Armas, el instructor de bateo del conjunto. Jaramillo es el mismo apellido de Emisael Jaramillo, el afamado jinete que varias veces condujo en el hipódromo La Rinconada a Bambera, la yegua propiedad de Armas. Por su contextura y peso, Sotillo pasaría por un jockey. Para más señas, Jaramillo nació en Tucupido, a veinte minutos de Valle de la Pascua en el mismo estado Guárico.

"Al principio no me gustó. No le pongo sobrenombres a nadie. Hasta mandé hacer una franela con M.Sotillo en la espalda", advierte. "Pero ya me acostumbré. Incluso en los otros equipos sólo me conocen como `Jaramillo’. Tuve que ceder, y en realidad, me dicen `Jaramillo’ con cariño y sin faltarme el respeto".

El buen desempeño del rol de Sotillo, parte además de un conocimiento que sólo se adquiere dentro de las cuatro paredes del vestuario, y más allá de las rayas de cal que establecen los límites del terreno.

Y no como observador. Como protagonista. Por ello entre los recogebates sobrevive un dejo de nostalgia por no haber podido ascender tan lejos en ese protagonismo como Marwin González o Jesús Aguilar.

"Jugué con los Criollitos en Valle de la Pascua", recuerda Sotillo, quien nació el 14 de julio de 1977. "Jugué hasta juvenil como primera base, jardinero y pitcher. Pero no era muy bueno. Para nada. Agarraba pelotas pero nadie se fijó en mí. Dejé de jugar y no volví a agarrar un bate hasta el año pasado cuando llegué aquí.

Parecía que en mi vida había tomado uno. Por eso nadie quería creer que había jugado alguna vez".

El teatro

Sin embargo, esa no es la única añoranza que guarda Sotillo. Probablemente, sea el único recogebates de una escuadra profesional que además es actor de teatro y promotor de eventos culturales. Un doble papel que no termina de ser asimilado por sus compañeros, lo que no les impide digerirlo con un guiño de admiración.

"Fue en el liceo en Valle de la Pascua donde me metí al teatro por una sugerencia del profesor Aquiles Lugo", cuenta. "Me llamaba la atención y me fue interesando. Estudié cinco semestres en el Instituto Universitario de Teatro aquí en Caracas, pero debo reconocer que por el bonche no lo terminé. Sin embargo, he trabajado en varias obras. En Cómo nace un malandro del grupo Kamairet. También en Amal y los visitantes de la noche en la sala Rios Reyna del Teresa Carreño.

Hice un pequeño papel en la película Huelepega y en Valle de la Pascua participé en un par de obras".

Aunque lejos de excluirlo, la experiencia actoral le ha permitido a Sotillo integrarse al grupo, asumiéndolo como una compañía de teatro cuya puesta en escena se desarrolla a través de cada uno de los encuentros de la temporada.

"Son mundos completamente diferentes, pero a la vez se parecen mucho porque los dos son un espectáculo con público, periodistas, entrevistas", asegura.

"En el caso del actor, el miedo en el escenario nunca se pierde. Siempre te atacan los nervios en el estómago, pero apenas dices dos palabras de tu parlamento, se te quita. En el béisbol no me da nada de eso. Sólo me emociono cuando ganamos. Por eso el primer Caracas-Magallanes como recogebate no me dio ni cosquilla. Venía de enfrentarme al público en el teatro. No es que no sufra de miedo escénico en el juego, o en esos juegos contra el Magallanes, pero ya lo sé controlar", afirma Sotillo, que entre campeonatos, promueve espectáculos de calle con la Alcaldía de Caracas.

Fanático.

El pitcher Orber Moreno sostiene que siempre anda serio y malhumorado, pero Sotillo trata de desmentir el comentario con una sonrisa.

"Siempre fui fanático del Caracas, y especialmente de Orber", reconoce Sotillo. "Por eso para mí fue extraordinario conseguir este trabajo. Mas bien lo que soy es muy eufórico. Lloro de emoción o de rabia, como pasó la temporada pasada cuando no pasamos a la final. Somos como una familia y nos apoyamos unos a otros, y parte de mi aporte lo ofrezco con esas expresiones de ánimo. Como dije, soy uno de ellos".

Cuando el 19 de diciembre en el Universitario, Moreno ponchó a Jonel Pacheco con el tercer strike cantado, con dos outs y corredores en segunda y primera para el Aragua, camino a un triunfo de 4 a 2, Sotillo fue el primer en felicitarlo al llegar a la cueva.

"A todos los trato igual", afirma. "Para relacionarme con ellos lo mejor posible, y con cualquier persona, estudio sicología del personaje, método que sigue el actor para interpretar su papel".

Conversar con Sotillo envuelve más dificultad que hablar con el manager Rick Sweet, o con Luis Ávila, el presidente del equipo. Ningún otro miembro de la corporación tiene más comprometido su tiempo.

Tal vez allí esté condensado su vía crucis existencial, ¿tablas o campo de pelota? "Así como me gusta ser recogebate, me gusta el teatro. Amo los dos trabajos. Me gustaría seguir con los dos".
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