El Nacional amenazado: Los errores del poder
24-Dic 06:02 am|El Nacional
Que asalten la antigua, hermosa y honesta sede de El Nacional digna
porque desde allí se combatió históricamente la dictadura de Pérez
Jiménez y también con coraje los desmanes represivos de la cuarta
república sólo nos indica que el odio y la venganza mueve a este
gobierno inquieto y preocupado por su propia ineficiencia y su
corrupción rampante

El Nacional sede El Silencio | Omar Véliz/El Nacional
Ayer, sin que mediara ningún tipo de comunicación previa ni mucho menos la cortesía de un gesto de entendimiento, el Gobierno anunció como si se tratara de comprar un ticket del Metro que había decidido expropiar el edificio del diario El Nacional que está ubicado en El Silencio. Podían al menos, si no tuvieran tanto miedo, dar una rueda de prensa para informar que, pasando por encima de todas y cada una de las leyes que tienen que ver con la propiedad privada, con el respeto a la libertad de expresión y de prensa, así como del derecho al trabajo de los empleados y obreros que allí laboran, han procedido a cometer un atropello que no tiene antecedentes en la historia democrática de Venezuela.
Entran a saco en la propiedad de los demás, como si fueran las hordas de José Tomás Boves o de cualquier asaltante del poder a los que la historia ya ha descubierto y puesto en evidencia por su ladronismo y corrupción. Sólo les acompaña la fuerza bruta, mas no la razón ni la ley, que son la esencia de la civilización y el progreso de los pueblos democráticos.
Que asalten la antigua, hermosa y honesta sede de El Nacional digna porque desde allí se combatió históricamente la dictadura de Pérez Jiménez y también con coraje los desmanes represivos de la cuarta república sólo nos indica que el odio y la venganza mueve a este gobierno inquieto y preocupado por su propia ineficiencia y su corrupción rampante.
Se nota que les quita el sueño que sus defectos, sus errores y sus pandillas internas, militares y civiles, interesadas en enriquecerse y acumular riquezas mal habidas, puedan salir a la luz pública porque los periodistas de El Nacional son reporteros sagaces y no se venden a los corruptos. La dignidad no se cotiza ni puede cotizarse en una sociedad que, como la venezolana, necesita de una vigilancia extrema.
Somos testigos de cómo el propio Presidente de la República se toma el tiempo para llamar por teléfono a los reporteros de El Nacional para expresarles su agradecimiento, pues muchos de los trabajos de investigación se corresponden estrictamente con la realidad. Y el jefe del Estado no lo haría si no fuera porque primero mandó a sus subalternos a comprobar palabra por palabra que aquello que estamos diciendo es absolutamente cierto.
Cuesta entender por qué ahora el viejo y emblemático edificio de El Nacional, donde el actual Presidente de la República fue entrevistado como candidato y luego como mandatario electo, con todo el respeto y la consideración que se merecía, hoy sea objeto de una medida que no tiene explicación alguna, como no sea, claro está, la insólita torpeza de una alta funcionaria buscadora de nuevos problemas donde jamás deberían de existir y que, a fin de cuentas, sólo la perjudicarán a ella y poco después, sin duda, a Miraflores.