José Agustín Catalá
20-Dic 06:03 am|El Nacional
El editor se distinguió por preservar la historia contemporánea de nuestro país en el último medio siglo. Comprendió muy joven que una de las características del venezolano es la desmemoria, el desdén por los papeles y el menosprecio de la historia y de sus protagonistas
A la edad de 97 años, el domingo 18 de diciembre, a las 3:20 de la tarde, murió en esta ciudad de Caracas el editor José Agustín Catalá. Fue un venezolano que se distinguió por preservar la historia contemporánea de Venezuela en el último medio siglo. Editó miles de libros, panfletos, revistas, fundamentalmente de carácter político, testimonios, memorias, análisis, estudios, biografías. Quizás José Agustín abarcó lo que nadie antes se propuso ni logró. Conviene anotar que ese vasto legado fue su obra personal, llevada a cabo con la complacencia y el respaldo de muchos, pero por lo general contra viento y marea.
Catalá comprendió muy joven que una de las características del venezolano es la desmemoria, el desdén por los papeles, el menosprecio, cuando no el olvido, de la historia y de sus protagonistas. Al inicio de la década de los cincuenta fundó la editorial Ávila Gráfica. A partir de entonces se fue afirmando en la producción de libros hasta el punto de ver consolidada la empresa al poco tiempo. El momento coincidió con el establecimiento en Venezuela de la dictadura militar de los coroneles que derrocaron al presidente Rómulo Gallegos. Tiempos de persecución de los intelectuales y de censura. Un tiempo de sordidez y de silencio que fue roto por Catalá. Como un campanazo, en las prensas de Ávila Gráfica, y con falso pie de imprenta de un país extranjero, mediando 1952, fue impresa la obra Venezuela bajo el signo del terror, desde entonces conocida como el Libro Negro.
Esto demostró la adhesión de Catalá a la libertad y a la democracia, y lo consagró como el ser combatiente que no dejó de ser en ningún momento de su vida. José Agustín pagó con larga prisión su temeridad de editor. Cuando la dictadura fue derrocada en enero de 1958, volvió a la gran pasión que dominó su vida. Se consagró como el gran editor de la democracia. No se adhirió a ninguna corriente ideológica, porque estuvo abierto a todos los que tenían que decir o que contar, que criticar o proponer.
A Catalá se le debe de manera personal y exclusiva que los desastres de la dictadura militar no cayeran en el olvido.
El editor publicó papeles sobre la resistencia, sobre el campo de concentración de Guasina, sobre las cárceles y sobre los desterrados. Un libro, Los archivos del terror, marcó un hito. Si prácticamente todo el mundo fue indiferente ante la historia, Catalá fue la excepción. De ahí su contribución al registro de días nefastos.
No se limitó a la época de la dictadura. También sus obras sobre otras etapas de la historia venezolana fueron echadas a andar bajo sus sellos editoriales. Catalá fue un venezolano poco común. De personalidad fuerte, de carácter efusivo, fue amigo personal de los líderes de su tiempo, y todos le respetaron y le apreciaron, incluso, esa pasión por la pluralidad que lo caracterizó. En una palabra, José Agustín Catalá deja una obra que perdurará en el tiempo.