Noticias del norte
18-Dic 06:02 am|El Nacional
El rumor cuenta que Venezuela y Estados Unidos se preparan para normalizar las relaciones diplomáticas en el año 2012, después de }13 años de desafíos y anuncios de conspiración
El rumor viene de lejos. No se trata, esta vez, de algo "made in Venezuela". Somos el eco de un campanazo lejano. La guerra contra Estados Unidos, guerra retórica y banal, guerra hipócrita y conveniente, parece entrar en un clima de discreción y realismo, de comprensión de los intereses mutuos, de acomodo, porque después de 13 años de desafíos, anuncios de conspiración, de ataques tipo Stars Wars y de submarinos que rondan las aguas, tal vez sea hora de cambiar el nombre de las cosas. De ser menos cómicos, menos truculentos, menos gritones. Menos falsos.
El imperialismo no nos ha invadido en trece años. Quizás nos ha tenido miedo. Pero la sombra del imperialismo nos ha acompañado con fidelidad. Los trece años traducidos en discursos, arengas, oraciones, ¡Aló, presidente!, atesoran la más bizarra colección de versiones sobre la guerra con el imperio. Desde don Cipriano Castro en los días heroicos de la proclama "la planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria", los venezolanos no habíamos vuelto a oír literaturas de este dramatismo.
El rumor de que la letra de estas ociosas letanías pueda llegar a su fin, y ser sustituidas por otras más racionales, más siglo XXI, más de gente que piensa es algo que, obviamente, reclama del encargado de glosar los días, una nota de salutación. De eso se trata aquí y ahora.
El rumor cuenta que Venezuela y Estados Unidos se preparan para normalizar las relaciones diplomáticas en el año 2012. "Normalizar" no quiere decir que ambos países se embarquen en luna de miel porque a ninguno le interesa, pero sí que las buenas relaciones comerciales y petroleras que han prevalecido en estos años de revolución y sobresaltos, reconozcan la realidad. No se trata de una "normalidad" como la vivida por el último embajador, Patrick Duddy, a quien en la Casa Amarilla no le contestaban ni el teléfono. Sería algo menos penoso. En una palabra, algo más decente. O menos infantil, si el arte de la diplomacia permite la expresión.
El comandante Hugo Chávez se dio todos los lujos con el imperio que nadie se había dado, ni siquiera el inevitable don Cipriano. Declaró a los embajadores persona non-grata. Les pidió desocupación en el término de la distancia. En sus discursos el imperio encontró siempre un lugar preferencial hasta el punto de que los analistas se encontrarían como el pez fuera del agua si de pronto desaparecen las palabras rojas. "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", dicen los sabios anónimos.
No hay duda: se vislumbran cambios. El enemigo dejará de serlo. Los eruditos hablan de dos razones para este reencuentro feliz. Que la explotación del petróleo necesita capitales y tecnologías es una, y tiene sin duda fundamento. Otra es que igual o mejores vientos soplan en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y que sería extraño que Venezuela, el discípulo, se quede al margen. Piénselo, usted, lector.