Niños y demagogia
13-Dic 06:28 am|El Nacional
Aquí el Presidente cínicamente habla de niños que nacieron en el chavismo y que siguen siendo pobres

Casas en zonas de alto riesgo producto de la pobreza | Henry Delgado
El Presidente acaba de descubrir que en el país donde él manda hace 12 años existen niños que viven en pobreza extrema. Sería interesante que descubriera también cuántos de sus colaboradores (ministros, gobernadores, diputados, gerentes de Pdvsa y las empresas de Guayana, así como generales y jefes de los cuerpos de seguridad del Estado) viven humildemente.
Lo que debe hacer el mandatario nacional no es salir a repartir por allí unas limosnas entre los pobres que sobreviven en Venezuela, sino investigar a la mafia de millonarios bolivarianos que han acumulado fortunas gracias a su militancia en el partido de gobierno, a sus contactos con los grandes contratistas de Brasil, Rusia y China, sin contar con los peronistas que desde Argentina y los sandinistas desde Nicaragua, le roban a los niños pobres y a la gente de los barrios los recursos que los altos precios del petróleo han significado para las arcas venezolanas.
Ahora sale el Presidente a prometer que, con una limosna mensual de 100 dólares, moneda del imperio, va a solucionar lo que su gobierno no ha podido resolver en esta larga década de demagogia y mentiras. Porque no existe duda alguna de que los venezolanos en extrema pobreza ya no pueden ser justificados por los errores de la cuarta república. La pobreza que hay hoy es por causa de un régimen que se prolonga años tras años sin dar respuestas a las necesidades de los sectores más paupérrimos.
Ya la gente del pueblo sabe que su hambre, su falta de atención médica, de salud y de protección policial se debe a que, desde el Gobierno, operan mafias oficialitas que roban abiertamente los reales destinados a solucionar sus problemas inmediatos.
Querer solucionar el problema de la pobreza extrema y de los niños pobres inyectándole más dinero a los canales políticos que maneja con exclusividad el chavismo significa más corrupción, más enriquecimiento ilícito y mejores condiciones para que actúe la legión de ladrones del erario público que pululan sin que nadie les vigile.
Sorprende que el Presidente no sepa qué pasa con sus brillantes ideas para combatir la pobreza en los barrios y generar mejores condiciones de vida de aquellos que constituyen sus electores por excelencia. Eso indica un profundo desprecio, tan propio de los militares, por el control obligatorio de los dineros públicos que hoy son gastados sin cuentas qué rendir. Esta fiesta de corrupción debe terminar ya.
Si el gran socio del chavismo burocrático es China, a la cual le debemos hasta el modo de caminar, entonces deberíamos aprender de ellos su gran capacidad de reducir la pobreza en términos que nadie ha podido antes. Millones de chinos han elevado su nivel de vida gracias al socialismo de mercado.
Aquí el Presidente cínicamente habla de niños que nacieron en el chavismo y que siguen siendo pobres. Pero él y su familia viven bien, muy acomodados y disfrutando de las mieles del poder. Así cualquiera.