Basta chequear las cédulas de identidad de buena parte de los apresados por las policías para darse cuenta de que integran, de forma significativa, la nómina de inscritos en la militancia oficialista. Haría bien el Gobierno en depurar sus filas y traer un poco de paz instruyendo a sus seguidores a entregar las armas y bajar así los niveles de violencia.
Hace pocos días fue atacado mortalmente un asistente del diputado y ex alcalde Freddy Bernal, para despojarlo de su pistola Glock. ¿Por qué un simple asistente de un parlamentario porta un arma de alto calibre? ¿Por qué se le expone a este joven a que los malandros lo embosquen y maten para obtener otra pistola más de las tantas que tienen? ¿Cuantos muertos causará esa arma en manos de los matones de barrios? A lo mejor el Presidente y su gente no midieron las consecuencias de ese discurso electoral dirigido a freír a los adecos y a consolidar apresuradamente su capital político entre las clases populares pero, viendo las consecuencias que ello ha causado y el descalabro moral de la población, eso no tiene perdón de Dios.
Hoy mueren más niños víctimas de la violencia familiar por enfrentamientos entre bandas y por balas perdidas que antes de la llegada al poder del socialismo. Ya la consigna no es patria sino muerte.