Gobierno ausente
07-Dic 06:26 am|El Nacional
Los trece años se convierten en una grave acusación contra la revuelta bolivariana. Gastos multimillonarios

Hugo Chávez a su regreso de Cuba tras recibir quimioterapia | Cortesía: Prensa Miraflores
El comandante Chávez celebra los trece años en el poder.
Como si el Presidente y las docenas de sus ministros hubieran pasado a la clandestinidad, su ausencia se hace evidente en medio de una crisis terrible desatada por las lluvias. Parece como si el régimen y sus bulliciosos personeros se hubieran rendido. Como si terminaran reconociendo el gran fracaso que desde hace tiempo los acompaña.
El mapa de Venezuela da pena, la infraestructura del país construida a lo largo de más de medio siglo fue condenada a la ruina por los ministerios encargados de su preservación. La falta de mantenimiento ha llegado a tales extremos que hace irrecuperable gran parte de ella. Las vías están intransitables, en el país del petróleo y del asfalto, el pavimento está tan dañado que maltrata los vehículos que, adicionalmente, carecen de repuestos. La gran mayoría de los puentes, como se reporta a través de los medios, están a punto de derrumbarse.
Las lluvias caen de manera implacable sobre los cerros, los damnificados se van acumulando a los damnificados de años anteriores, mientras la política de vivienda se quedó como una de las grandes operaciones de la maquinaria demagógica. Los afectados por los aguaceros que se refugian en ministerios y despachos oficiales no se resignan a un destino inmerecido.
Ahora les llegarán otros. Lo mejor que puede hacer el Gobierno es no desarmar la carpa faraónica que instaló en el Fuerte Tiuna para cobijar a los presidentes que vinieron al jolgorio de la Celac.
En Guanare la población está aterrada por un crimen espantoso. La gente protesta por la falta de seguridad. Es lo mismo que sucede en la zona metropolitana día tras día. La delincuencia toma las ciudades, y el Gobierno hace mutis.
Los ministros meten la cabeza en la arena como avestruces. El consejo de ministros aún no reacciona de la indigestión que dejó la fiesta de la Celac, ni es capaz de evaluar las deudas contraídas con los visitantes ni las importaciones masivas que comenzarán a llegar para la campaña.
El Gobierno de la revolución bolivariana se entrega en medio de este desastre a la celebración de los 13 años de la victoria del comandante. La ocasión debería servirles más bien para que se den golpes de pecho. Para que piensen cómo mataron la gallina de los huevos de oro.
El comandante cumplirá pronto catorce años en el poder. Es el equivalente a tres periodos presidenciales de la era democrática. Evidentemente, no tiene nada que celebrar, pero sí mucho que ocultar. Los trece años se convierten en una grave acusación contra la revuelta bolivariana. Gastos multimillonarios. Deudas multimillonarias. Derroche presidencial.
Mientras tanto, la escasez, el desempleo, el alto costo de la vida, la inseguridad, asedian a los pobres y a todo el país. Los trece años se traducen en una gran acusación contra el más grande de los fracasos políticos de los últimos tiempos en América Latina.